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“Watchmen”: la vigilia de los dioses

“Watchmen”: la vigilia de los dioses



El ataque fue por tierra y aire: mientras una flotilla de aviones privados lanzaba bombas incendiarias, el improvisado ejército de ciudadanos blancos ametrallaba a la comunidad negra de Greenwood, Tulsa, Oklahoma. Ocurrió entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1921 cuando 35 manzanas de la comunidad negra más rica de los EE.UU. quedaron en escombros. Ochocientos heridos, seis mil refugiados y un saldo mínimo de 36 muertos, 26 de los cuales eran afroamericanos. Así fue la peor masacre racial en la historia de los Estados Unidos a partir de la agresión nunca comprobada de un lustrabotas negro de 19 años a una ascensorista blanca de 17.

Ese será es el marco histórico que gatilla, en dosis gradualmente administradas, una de las tantas historias acerca de lo difícil que es ser negro en un país sometido a las maquinaciones de El Séptimo de Caballería, organización racista de extrema derecha integrada por admiradores del Ku Kux Klan que estuvo detrás de la Noche Blanca, cuando el cuerpo policial fue masacrado y por eso ahora opera con disfraces y bajo una identidad secreta. Esto último es un añadido del cómic dibujado por Dave Gibbons, entintado por John Higgins bajo el guión de Alan Moore y lanzado en 1986 con tanto éxito que llovieron las propuestas para convertirla en película.

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Moore se opuso hasta donde pudo. Pero después de años de negociaciones y proyectos truncos, Zack Snyder filmó el discreto largometraje Watchmen (2009). Hasta que el año pasado HBO decidió recrearla para la televisión. Damon Lindelof (47) fue el encargado de dirigir la emocionante serie cargada de pistas secretas y tramas simultáneas en una constante argumental hecha de batallas por la libertad y la justicia. Para diferenciarse de la fuente gráfica original —publicada por DC Comics entre 1986-87 como una serie limitada de 12 números, contextualizada durante la Guerra Fría y el hongo nuclear gravitando sobre nuestras cabezas—, la historia se centra en el dilema racial y la supremacía blanca en la misma ciudad de Tulsa, pero durante el año 2019.

Vigilar al vigilante

Con la aparición de algunos personajes de la novela gráfica —los detectives disfrazados Adrian Veidt y Laurie Blake, por ejemplo— y la incorporación de Sister Night y Angela Abar —el personaje central interpretado por Regina King—, lo particular de la serie es que todos los superhéroes encajan en un tropo común: todos han perdido algo: Angela es huérfana, Looking Glass perdió la fe y la paz mental, Laurie Blake su identidad y Adrian Veidt —interpretado por Jeremy Irons— su poder e influencia. Pese a ello es Ozymandias, hombre increíblemente rico y el más inteligente del mundo capaz de salvarlo mientras mata a tres millones de personas.

Lo cual encaja con la idea original de Moore: hacer de la historia un instrumento crítico de las ansiedades contemporáneas, empezando por el concepto de superhéroe anclado en un cómic de consumo juvenil. Él quería era hacer una especie de Moby-Dick de superhéroes, con ese peso e intensidad. También influenciado por William Burroughs –en el uso de símbolos repetidos que terminan como significantes–, la obra encontrará sus cimientos en la Sátira VI del poeta Décimo Junio Juvenal (siglo I-siglo II) cuya pregunta ‘¿quis custodiet ipsos custodes?’ —’¿quién vigila a los vigilantes?’ o, en inglés, ‘who watches the watchmen?’— cuestiona la posibilidad de forzar a la mujer a tener un comportamiento moral adecuado cuando sus custodios hombres son corruptibles.

Bajo un enfoque cinemático de la acción, especialmente en la disposición de viñetas en el capítulo ‘Aterradora simetría’, su background referencial va del ‘Navío Negro’ de Bertolt Brecht a la doctrina filosófica de Dr. Manhattan, cuya inmortalidad es un símbolo del determinismo filosófico basado en la analogía del relojero con la que William Paley defiende la existencia de dios. El Dr. Manhattan hace ese papel, especialmente perceptible cuando le dice al segundo Espectro de Seda: “Todos somos títeres, Laurie, pero yo soy el único capaz de ver los hilos”. Y si el Hombre Halcón es la reencarnación de un príncipe egipcio, toda la historia es un debate entre absolutismo, consecuencialismo y relativismo moral.

Aterradora simetría

La estética del dibujo original no será menos inteligente y rupturista: la carga símbólica reposa en el uso de colores primarios y un lenguaje corporal hecho de trazos sutiles que indican movimientos y posturas para prescindir de los sonidos onomatopéyicos habituales. Nótese ese smiley manchado de sangre que remite al cráter Galle de Marte o el Reloj del Apocalipsis en escalofriante cuenta regresiva hacia la explosión nuclear. El teletransporte será por taquiones, esas partículas hipotéticas que viajan a velocidades superlumínicas y con un tiempo propio, ese que puebla la temporalidad de las mejores novelas sci-fi.

“Es un hito de la imaginación con mayúsculas, que combina ciencia-ficción, sátira política, guiños al pasado de los cómics y atrevidas reformulaciones de los formatos gráficos actuales en una historia de misterio y distopía”, reseñó en su momento la revista Time sobre el cómic de Moore. Todo lo cual parece haber sido perfectamente aprovechado por Damon Lindelof: acaba de obtener 11 estatuillas, incluyendo la mejor serie limitada o telfilme durante la ceremonia central de los Premios Emmy. Negada la posibilidad de filmar una segunda temporada en HBO, resulta indispensable sumergirse en una historia que epigrafía “El tigre”, el inquietante poema de William Blake: “Tigre tigre, de ardiente brillo / en los bosques de la noche: / ¿qué ojo o mano inmortal / pudo concebir tu aterradora simetría?”.

El dato

El programa de HBO se impuso como mejor serie limitada o película para televisión a “Little Fires Everywhere”, “Mrs America”, “Unbelievable” y “Unorthodox”.

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