Política

Tengamos esta conversación, por Carolina Gómez-Ávila

Tengamos esta conversación, por Carolina Gómez-Ávila


Twitter: @cgomezavila


Dos disculpas. Como consta en los archivos de este diario, desde febrero pasado he escrito sobre el previsible salto de talanquera de Henrique Capriles. Desde junio tuve mucho miedo de ser objeto de la matonería de sus fanáticos, especialmente de los académicos, porque no sabía qué hacer con el respeto intelectual que les tenía. Lo otro es que cierro estas líneas en la mañana del 4 de septiembre, así que aquí no hay actualización sobre la malhadada convocatoria para el 6 de diciembre. En cambio, me parece que puedo plantearles esta otra conversación.

En los primeros días de noviembre de 2011, en el esfuerzo más convincente de la coalición de partidos opositores que en ese entonces se llamaba Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se inscribieron para participar en elecciones primarias Leopoldo López, María Corina Machado, Henrique Capriles Radonski (para ese entonces todavía usaba sus dos apellidos), Pablo Pérez, Pablo Medina y Diego Arria.

Se anunciaron para el 12 de febrero de 2012 pero antes, el 24 de enero, Leopoldo López retiró su candidatura para apoyar a su fraterno Henrique. Se supone que por eso barrió a Pablo Pérez, que hasta entonces tenía opción de triunfo.

En junio de 2012, Vladimir Villegas, Henri Falcón e Ismael García fundaron Avanzada Progresista. Un partido que, desde la cerca y sin ensuciarse, apoyó a Capriles Radonski en la contienda del 7 octubre.

Sobre los comprobantes de los cuadernos de votación nunca sabremos sino especulaciones. Pero algo debe haber pasado porque, acto seguido, la fórmula «Capoldo» recibió algo parecido a un baño de ácido muriático.

Tanto que, incorporado a la MUD de la mano de Henrique Capriles, Henri Falcón fue su nuevo jefe de campaña en las sobrevenidas elecciones de 2013. Esas que perdió por cerca de 200.000 controvertidos votos, los que esa noche convirtió en razones para un gran cacerolazo.

No hubo manifestaciones de calle; ese nunca fue el estilo de Capriles Radonski, ni el de Capriles —a secas. Para muestra, 2014. Entonces fue implacable contra La Salida, el movimiento violento de «calle, calle y más calle» que María Corina Machado insufló en su otrora hermano y sobre el cual Ledezma intentó surfear antes de que los dos hombres —la mujer, nunca— fueran llevados a la cárcel.

A partir de entonces comenzaron las rondas de negociaciones entre el cuestionado Gobierno y la oposición, más por la presión que hizo la comunidad internacional que en ese momento ponía su voto de confianza en Miraflores, que por las ganas de llegar a un acuerdo adentro de la frontera.

*Lea también: Capriles: ¿La Fuerza de él cambió?, por Ángel Monagas

En cada nueva vuelta empeoró la situación. Las puertas de las celdas se abrieron para dar entrada y maltrato no sólo a políticos sino a ciudadanos comunes de todas las edades. Los jóvenes y sus padres se horrorizaron y así comenzó la hégira. Pero fuimos a las parlamentarias de 2015, acicateados y dispuestos al voto-castigo contra un Gobierno que nos parecía indigno y malvado.

Creo que los agarramos fuera de base, que confiaban mucho en el poder de sus piernas para el robo. La verdad es que a última hora no pudieron apropiarse de la mayoría calificada en las urnas. Pero lo que no se hizo en la Plaza Caracas, se hizo en la esquina de Dos Pilitas. Y desde que se atrevieron por primera vez, se les hizo costumbre. Así desapareció la iniciativa de un revocatorio comandada por Capriles.

Eso sí, hay que decir que se sumó en cuerpo y alma a las protestas de 2017 convocadas por la Asamblea Nacional, donde él sólo era un enorme deudor. Era reconfortante hacer notar que la MUD lo había acompañado incondicionalmente y él, parecía que incondicionalmente, tragaba gas del bueno en retribución.

Pero en el propio 2017 obtuvimos respuesta a nuestra última gigantesca ola de protestas; el 30 de julio se concretó la ANC, la bofetada más abierta dada a la constitución. El número de votos oficiales era la afrenta definitiva, la declaración de que, desde ese momento en adelante, no habría respeto alguno por las formas ni por los métodos democráticos.

2018 comenzó con el fracaso de los diálogos en República Dominicana y continuó con aquel súbito y extraño movimiento migratorio de las plumas amancebadas de Capriles, directo hacia Falcón.

Me parecía una compra-venta. Incluso hicieron el trabajo de fingir el cortejo del asesor de Capriles para intentar guiarnos a la farsa presidencial del 20 de mayo. Recuerdo bien que Falcón —y sus ahora amanuenses— le rogaban a Capriles que se sumara; y a falta de él, tentaron sin éxito a Lorenzo Mendoza.

Así que el intelectualmente mediocre Falcón apenas consiguió la colaboración de Francisco Rodríguez, que metió billetes de monopolio en la campaña. Lo hizo en sentido literal y figurado. Es decir, propuso la dolarización sin explicar las compensaciones macroeconómicas a las que está obligado un profesional de la economía.

En ese entonces no mordimos la carnada, pero eso no le importó al Gobierno. Tampoco a estos impúdicos que en septiembre de 2019 se ufanaron de sentarse en una mesa de diálogo sin tener ni una quinta parte de la representatividad que tiene la alianza de partidos democráticos.

Ahora me hago preguntas. Aquellos que salieron de la sombra de Capriles a la de Falcón, ¿se fueron por su propio pie o porque los mandaron?

¿La claque intelectual que se acaba de activar para lavar la honorabilidad de Capriles, va a seguir pretendiendo que lo de él ha sido disidencia y no traición? Arrogarse la representatividad de la oposición democrática para sentarse a conversar con gobiernos extranjeros a espaldas de la Asamblea Nacional, ¿no califica como tal? Pisotear el apoyo recibido por años durante los cuales él también —como Guaidó y como todos los demás— cometió errores y tuvo fracasos tan personalísimos como las diligencias que ahora se atribuye, ¿no es un acto de deslealtad y la deslealtad no es sinónimo de traición?

Por cierto, ¿es verdad que los indultos (celebro el regreso a sus hogares de un puñado de los muchos a los que se les violan sus derechos humanos en las mazmorras) son fruto de las diligencias del Vaticano, de Bachelet y de la Unión Europea y no de Capriles?

Más: ¿La traición de Capriles ha sido un acto de oportunidad «porque-los-turcos-se asomaron-y-qué-otra-cosa-podíamos-hacer» o un plan fraguado por años? ¿No fue una estrategia de Capriles mandar a los mejores defensores de su «oposición-de-internet» a trabajar en favor de Falcón, de su candidatura presidencial perdida de antemano y de la mesa de diálogo que el mundo repudió, para ir royendo a la coalición democrática? Esta negación a preguntar y responder quién diantres es Capriles para representar a las fuerzas democráticas venezolanas sin haber sido autorizado por el único Poder Público legítimo que es la Asamblea Nacional, ¿es un arrebato o en realidad es el final necesario de una confabulación?

Sí, ojalá sea hora de que tengamos esta conversación.

 

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo


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