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Sánchez llega al fin de la alarma con gran bronca política y sus alianzas dañadas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso


Madrid
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El Congreso concedió ayer un nuevo respiro al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al autorizarle a prorrogar por sexta -y previsiblemente última vez— el estado de alarma con 177 votos a favor, 18 abstenciones y 155 votos en contra. Una ecuación parlamentaria que rompe por primera vez la pérdida constante de apoyos con la que se ha venido desangrando la mayoría que respaldó al Gobierno en la primera prórroga.

Pero estas cifras tienen detrás el peor ambiente político que se recuerda en el Congreso, los puentes con la oposición rotos y las alianzas del Ejecutivo dañadas por la desconfianza. Y éste es el marco político que rodea a la crisis económica y social más grave de los últimos tiempos, con decenas de miles de fallecidos a las espaldas, y una pandemia sanitaria que aún no puede darse por superada.

«Ni las raspas»

En este complicado contexto, Sánchez volvió a la estrategia política de pedir «concordia», «entendimiento» y «diálogo» a los grupos políticos alegando que así lo demanda la ciudadanía y lo necesita el país para superar la dramática situación que tiene por delante. Un llamamiento que el presidente del PP, Pablo Casado, dejó claro desde el primer minuto que no iba para él. Acusó al líder socialista de buscar una «moción de censura al Estado» y de ser el jefe del Ejecutivo «más radical de la democracia». «Usted es el ejemplo del mayor fracaso mundial en la lucha contra la pandemia», continuó, acusando a Sánchez de estar «dispuesto a no dejar ni las raspas del Estado por seguir un día más en el poder».

Esta salida le vino de perlas a Sánchez para profundizar en su campaña de asemejar al PP con Vox. «Casado-Abascal, Abascal-Casado, tanto monta, monta tanto», repitió una y otra vez el líder socialista durante su segunda intervención. Una idea que la portavoz socialista, Adriana Lastra, se encargó de apuntalar también. «Hará grande a la ultraderecha y pequeño a su partido», advirtieron ambos a Casado. El líder del PP reaccionó copiando la estrategia. «Señor Otegui, señor Torra, señor Junqueras, señor Iglesias, lo mismo da», replicó, equiparando a los aliados de Sánchez.

A vueltas con las víctimas

Un debate más, el baile en las cifras de fallecidos volvió a ser parte de la bronca política. «¿Usted que llamaba indecente a sus adversarios, le parece decente ocultar a los muertos y sus familias para esconder su incompetencia?», acusó Casado a Sánchez. El líder del PP quiso saber también si el jefe del Ejecutivo juega con los fallecidos «como los totalitarios que borraban a sus enemigos de las fotos».

El líder socialista le replicó acusándole de «utilizar a las víctimas de la pandemia «de forma partidista» y recaló en que las cifras son suministradas por las comunidades. «Sanidad no hace cálculos propios», aseveró, haciendo hincapié en que se limita a aplicar «rigurosamente» el protocolo de la OMS. Un procedimiento que solo computa las víctimas a las que se les realizó el test y dio positivo. Siguiendo este hilo, defendió el dato de 27.127 muertos, pese a que el INE ha revelado que entre el 1 de enero y el 24 de mayo murieron en nuestro país 43.945 personas más que en igual periodo del año anterior.

Los escándalos de los últimos días terminaron de enturbiar el debate. El cese de Diego Pérez de los Cobos y el vídeo difundido por ABC en el que la ministra de Igualdad, Irene Montero, reconoce la peligrosidad del virus el 9 de marzo, marcaron la sesión tanto o más que el propio estado de alarma.

El 8-M, nuevo foco

Sánchez jugó a convertir las críticas al Gobierno por permitir las marchas del 8-M en ataques a la igualdad de las mujeres y lanzó un «¡Viva el 8-M!» que removió en su escaño al presidente de Vox, Santiago Abascal. «Decir viva el 8 de marzo es tanto como gritar viva la enfermedad y viva la muerte», cargó. «Es el grito de rabia de un boxeador sonado o la jaca de un equipo noqueado», reaccionó Casado. El líder de Vox acusó al jefe del Ejecutivo de convertir «en víctimas a muchísimas mujeres que fueron a defender sus ideas y a las que ustedes ocultaron información». Una idea en la que también recaló después Casado. «Ser feminista no es poner en riesgo a miles de mujeres», espetó.

Al dar por buenas las cifras de Sanidad, Sánchez se permitió celebrar los cero fallecidos y lanzar una nueva oda a su gestión. Calificó la desescalada como «inteligente» y subrayó su «liderazgo» en las instituciones europeas. Una vez más volvió a recalcar que ningún país del mundo estaba preparado para la pandemia —esta vez puso como ejemplo a Estados Unidos—.

Avisos de ERC

De cara a la «nueva normalidad», el jefe del Ejecutivo anunció que el Consejo de Ministros aprobará el próximo martes un nuevo real decreto-ley que entrará en vigor el próximo 21 de junio. Este texto, recogerá «todas las medidas sanitarias que tendremos que continuar observando hasta que tengamos una vacuna o un tratamiento terapéutico eficaz que nos permita recuperar nuestros hábitos anteriores con total seguridad».

El estado de las alianzas del Gobierno fue otro de los ejes del debate. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, advirtió a Sánchez que tiene que elegir entre su grupo o Cs y dijo salir del estado de alarma con más dudas que certezas sobre el plan de la coalición.

Por su parte, el portavoz de Cs, Edmundo Bal, recordó al líder del Ejecutivo que no son socios y que la formación naranja ha apoyado el estado de alarma únicamente por el bien de España y tragándose su «orgullo». El portavoz del PNV, Aitor Esteban, avisó al Gobierno de que podrá contar con sus votos siempre y cuando dialogue previamente. Bienvenidos a la nueva normalidad.



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