Internacionales

Pedro Snchez consuma el plan de su revancha

Pedro Snchez consuma el plan de su revancha


La desproporcionada reaccin al revs del TSJM coloca a Madrid en una diana poltica y econmica

Pedro S

Pedro Snchez e Isabel Daz Ayuso.
ALBERTO DI LOLLI

La cacicada se consum porque as estaba planeado desde hace tiempo en Moncloa. Era el desenlace perseguido por Snchez para diluir su responsabilidad en la segunda ola de la pandemia despus de asumir el catastrfico coste de la primera. Es evidente que la aplicacin por primera vez del estado de alarma a una autonoma en concreto -que ni siquiera es la que en este momento ofrece una tasa ms alta de incidencia vrica por 100.000 habitantes, liderazgo que ostenta Navarra- responde a cl

culos polticos y no sanitarios. Clculos que incluyen los rditos de la confrontacin frentista con la administracin emblemtica de la oposicin; la cortina de humo para tapar el fracaso desnudado la vspera por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid; el propsito de enfrentar entre s a Aguado y Ayuso para debilitar la coalicin madrilea e instigar una mocin de censura; el lanzamiento de la campaa electoral del PSC -al que pertenece Salvador Illa- en una Catalua en decadencia de la que Madrid se distancia cada vez ms; y la provocacin a Vox para estimular una sobreactuacin populista que socave la alternativa de gobierno encarnada por el PP. Demasiadas ventajas para quien solo ve en la pandemia una oportunidad para acumular poder y dividir al adversario.
Por supuesto, la desproporcionada reaccin de Snchez, tan incapacitado para el pacto como ayuno de humildad para encajar un merecido revs judicial, tendr graves consecuencias que Moncloa ha decidido despreciar. En primer lugar las econmicas: la declaracin del estado de alarma en la capital del pas peor gestionado de Europa en trminos pandmicos daar an ms si cabe nuestra maltrecha imagen exterior. Pero sobre todo lastrar notablemente la economa madrilea, motor de la nacional. Y lo peor es la incierta eficacia sanitario de las restricciones ahora decretadas -que por cierto incluyen varios municipios considerados de clase obrera, sin que esta disposicin de Illa haya desatado paranoicas campaas de lucha de clases-, porque tras el esperpento de las ltimas horas y la imposicin final, sern recibidas por una ciudadana exasperada y poco motivada para su cumplimiento que adems podr seguir circulando libremente en el interior de la comunidad. En este sentido,

resultan pertinentes los llamamientos a la responsabilidad del alcalde Almeida y de la presidenta Ayuso

, que por lo dems exigir con datos la reversin de una medida tan invasiva.
Hemos llegado hasta aqu porque la Comunidad de Madrid no ha hecho nada, minti Snchez ayer por boca de Illa, designado por Moncloa para ejercer de ariete poltico con coartada sanitaria. No solo el plan de restricciones quirrgicas de Ayuso estaba dando resultado, sino que crece la sospecha de que precisamente por eso aceler Snchez la intervencin de Madrid, en la esperanza de poder atribuirse la mejora. Y no solo Ayuso ofreci a Snchez una alternativa razonable al estado de alarma, sino que Snchez le espet que llegaba tarde y no haba nada que negociar, si bien hasta las cinco de la tarde no haba aparecido el decreto en el BOE mientras en las carreteras de salida de Madrid se agolpaban los vehculos en los controles policiales.

La sensacin de caos es absoluta

. La impresin es que se ha tratado de matar moscas a caonazos, porque adems la alarma solo exige el cierre perimetral. Si de verdad le moviera la preocupacin sanitaria, Snchez -el del comit de expertos inexistente y el virus derrotado- habra aprovechado para allegar recursos, aumentar rastreadores y pruebas PCR o controlar Barajas. Su nico inters, como siempre, se cie al relato de quin manda y quin es el malo de su pelcula. La arbitrariedad, la soberbia y el despotismo como nico manual de resistencia, tambin bajo pandemia.

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