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No es patriotismo sino propaganda

No es patriotismo sino propaganda


El mayor obstculo no est fuera sino dentro del Gobierno: es a Iglesias y no a Casado al que los empresarios miran con justificada prevencin

FERNANDO CALVO

El objetivo del acto de ayer en la Casa de Amrica era evidente: rodearse de importantes empresarios para vender imagen de responsabilidad econmica al inicio de una traumtica rentre. Y usar esa escenificacin para presionar a Pablo Casado, con quien se reunir Snchez maana, de forma que su negativa a negociar unos Presupuestos con Podemos en el Gobierno se interprete como rechazo egosta a la mano tendida por el presidente. Pero el formato de la comparecencia result tan ceido a los superficiales dictados del marketing poltico que parece muy difcil tomarse en serio la voluntad reformista y la oferta de unidad enunciadas a bombo y platillo por Snchez.

Fue un largo discurso lleno de apelaciones bienintencionadas. Pero Snchez tiene muchas huellas que borrar para que su patriotismo suene creble. Su obsesin por la imagen y la contrastada fragilidad de su palabra -rara vez avalada por sus hechos- suenan al ensimo ejercicio de propaganda en los odos de cualquier espaol angustiado por la nueva ola vrica, por la flagrante imprevisin educativa y por el temible impacto de la recesin. Snchez no parece entender que se dirige a una nacin traumatizada que ha enterrado a 50.000 compatriotas y sale de un verano demoledor para su primera industria nacional.

Como contamos hoy, se han precipitado los cierres de hoteles en las zonas ms castigadas por la ausencia de extranjeros. En toda Mallorca, por ejemplo, ya solo quedan unos 200 establecimientos abiertos en este septiembre. El sector prev ya unas prdidas de 98.000 millones esta temporada. Y exige extender s o s los ERTE hasta Semana Santa para evitar una catstrofe laboral en primavera. Ms de la mitad de la cada de PIB prevista para Espaa este ao -en torno al 15%- se deber al pinchazo del turismo, que ha cado un 63% de la actividad turstica en el tercer trimestre y se espera que se desplome un 58,1% en el ltimo. En el medio plazo, siguen empantanadas reformas pendientes como la de las pensiones: en el da de la reactivacin del Pacto de Toledo, los actuarios advierten de que los jubilados reciben del Estado un 51% ms de lo que aportaron. Un horizonte insostenible. Esta es la radiografa real del pas al que Snchez, recin aterrizado de sus vacaciones, dirigi ayer su orquestado rapto de entusiasmo.

Como le recomend Jos Luis Martnez-Almeida, que se estrenaba en funciones de portavoz, Snchez debe hablar menos y escuchar ms. Es l quien debera prestar odos a las necesidades de los creadores de riqueza y empleo en lugar de esgrimirlos como un atrezo intimidatorio contra el lder de la oposicin. El mayor obstculo para afrontar esta crisis con realismo no est fuera sino dentro del Gobierno: es a Iglesias y no a Casado al que los empresarios miran con justificada prevencin. Es el radicalismo de los socios de investidura de Snchez el que aleja sus proclamas ecumnicas de cualquier credibilidad. Su problema no es el PP sino las alianzas a las que debe su poder, sin parangn con ningn gobierno de Europa. Y eso lo sabe el Ibex tanto como Bruselas.

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