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Messi pide el divorcio y Barcelona no se lo da

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Messi marcó un precedente el martes 25 de agosto cuando comunicó al Barcelona que se iba del equipo. Al instante, su anuncio se propagó como un incendio en todos los medios del mundo. Por segunda vez en la historia las cadenas de televisión estadounidenses interrumpieron su programación para emitir una información deportiva.

“En CNN cortamos todos los programas en las señales Estados Unidos, Internacional, Brasil, Chile, Turquía, Indonesia, Filipinas y Árabe para salir con lo de Messi. Lo mismo pasó con Fox Sports, ESPN, CBS, ABC y NBC. Desde la muerte de Mohamed Alí no se rompían todas las plataformas a la vez con una sola noticia. Pero nunca por un personaje extranjero”, informa Dito Lemos, colombiano que labora en CNN en Atlanta, Georgia.

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Y menos por una estrella del fútbol, que no es el deporte rey allá. Fue la tapa de todos los medios deportivos del planeta. Ese martes, Messi y su renuncia al Barcelona superó al coronavirus en cantidad de búsquedas en Google en el mundo. Y las palabras burofax, Bartomeu o Manchester City también crecieron exponencialmente.

El estadígrafo español Mister Chip recibió en su cuenta de Twitter 20 millones de interacciones en una tarde. Un terremoto mediático inédito. Había motivos: la especie envolvía al, para muchos, mejor futbolista de la historia junto a Di Stéfano, Pelé y Maradona con el club que fue su gran amor.

La novela de la Pulga, el niño esmirriado que irrumpió en Primera junto a Ronaldinho y asombró al mundo por su habilidad en velocidad, sus goles y gambetas imposibles, fue real. La pareja Barça-Messi se llenó de gloria, fama y dinero. Era una foto para siempre, hoy está rota al medio. Aún suena increíble.

Después de veinte años en el Camp Nou, al que llegó a los trece solicitando una prueba; luego de 34 títulos ganados, 6 Balones de Oro, 6 Botas de Oro, 7 Pichichis y 634 goles, Lionel Messi anunció el fin de su idilio con el Barcelona. Con el equipo construyó un matrimonio de esos de “hasta que la muerte nos separe”. Es triste. Si hubo un jugador enamorado de su club, ese es Messi. Hastiado del presidente, busca irse.

Messi informa los motivos

Messi venía advirtiendo desde hacía tiempo que el equipo estaba dejando de ser competitivo, que “así como estamos no nos alcanza para ganar la Champions”. Que el equipo se iba desmantelando y Bartomeu, que cambió cuatro técnicos y cinco directores deportivos, finalmente decidía todo él. Él respondía comprando jugadores sin nivel Barça y a valores exorbitantes. El presidente contrató a una empresa fantasma pagando un millón de euros, para que inundara los medios con mensajes y tuits difamando a los futbolistas y defendiendo su gestión.

Incluso hizo alusiones a Antonella y Shakira, esposas de b y Piqué. Fue el escandaloso y maquiavélico Barçagate. Allí popularizaron el despectivo “vacas sagradas” para referirse a los jugadores, dando a entender que el vestuario tenía todo el poder, hacía y deshacía. Pero era todo lo contrario: en tanto el plantel pidió por Neymar y le bajó el pulgar a Griezmann, el presidente gastó 150 millones en Griezmann y no llevó a Neymar.

El camarín apreciaba a Ernesto Valverde, pero el presidente lo destituyó. Hay decenas de etcéteras. Arrinconado, Bartomeu prometió renunciar o cortarse las venas frente a la Sagrada Familia con tal de que Messi se quede en el Barcelona. Con la condición de que diga públicamente que su problema es el presidente. Con esto le tiró la granada a Leo, ya sin el pestillo.

Si Messi se queda, podrá decir “¿Vieron? Quiere manejar todo él”. Pero Messi, en silencio no abre la boca y desespera al hombre que llevó al equipo que destrozaba rivales a ser destrozado por ellos. Bartomeu no piensa ya en la presidencia del Barça, se va en abril y no puede volver nunca más. Él mira más allá: sabe que los hinchas no comprarán camisetas con su nombre ni su vida en Cataluña será plácida en adelante. Que ir a un restaurante o a un lugar público le será incómodo. Que “inepto” o “inútil” serán los piropos más dulces que escuchará en los años por venir.

Es el hombre bajo cuya gestión se fugó Neymar y se marcharía Messi, un doblete importante. Y ambos con contrato vigente. Quien fue dinamitando de a poco el poderío futbolístico del ballet azulgrana al tiempo que dilapidaba casi mil millones de euros en fichajes ruinosos o técnicos sin la estatura del club. Martí Carreto, el mandatario que en 1953 tenía contratado a Di Stéfano y permitió que se marchara al Real Madrid, es un recuerdo proscripto para el barcelonismo, pero gracias a Bartomeu ha avanzado unos casilleros. En todo caso, el emérito rey Juan Carlos desde su refugio en Arabia Saudita le ha enviado un wasap a Bartomeu: “Tengo una pieza vacía, si gustas”.

Los rumores

Figuras de la oposición sospechan que en verdad a Neymar lo dejaron ir para hacer caja y con esos 222 millones salir de shopping a buscar jugadores con precios inflados y comisiones altísimas. “Me huele que a Messi lo quieren vender”, declaró el expresidente Joan Laporta antes de que explotara la bomba del burofax. ¿La razón? Los dislates económicos han vaciado la tesorería y la directiva podría enfrentarse a una acción de responsabilidad civil.

Es decir: deberían responder con su patrimonio personal si dejan pérdidas a su salida. Hay urgencia por cuadrar cuentas a como dé lugar. La desdichada administración Bartomeu alcanzará los 11 años, los primeros cuatro como vice de Sandro Rosell, quien renunció intempestivamente al ser acusado de actos de corrupción. Por ello estuvo casi dos años preso y luego liberado a falta de pruebas.

Un jugador necesita un equipo

“El aporte que Messi puede darle a un equipo es total. Pero como todo jugador, Messi necesita un equipo, y Barcelona hace rato no lo tiene”, opina César Luis Menotti. Es lo que Leo no ve alrededor. Él sabe que, en cada derrota, la foto de tapa es él con la cabeza gacha, no la de Bartomeu. Lo viene reclamando año tras año: un plantel con potencial para competir en Europa. Siente que ha perdido los últimos tres años de carrera, que han sido de nivel superlativo. Y ve avecinarse otra temporada nefasta.

El presidente le aseguró que ahora sí, con Koeman viene la revolución. Y anunció la salida de los pesos pesados. Pero ocurrió que los únicos que saldrán son sus amigos Luis Suárez y Arturo Vidal. Otra muestra de que no manda y de que lo desafían. Se reunió con el técnico y el holandés le dijo: “Se acabaron los privilegios”. El privilegio es tener a Messi. Y sí, parece que se acabó. En lugar de contemporizar, Koeman se vistió de Wyatt Earp, un sheriff contratado para limpiar el camarín. “Si Messi está feliz, todos estaremos felices”, dijo Guardiola una vez; Koeman no vio ese programa.

“Hace seis meses que Messi rompió cualquier posibilidad de acercamiento o de renovación y se lo anunció al Barcelona. Está cansado de mentiras”, dice José María Minguella, el empresario que llevó a Maradona al Barça. “Pero hay 90% de posibilidades de que Leo se quede, ningún club se va a arriesgar a sacarlo sin pagar los 700 millones que marca la cláusula de rescisión”.

El Barcelona era grande, sí, pero Messi lo agigantó. Le dio al club mucho más que goles, le confirió universalidad, una visibilidad mundial que no tenía. Logró que millones de chicos en el mundo lleven la camiseta azulgrana, que miles de turistas chinos, japoneses y de todas partes acudieran en cada partido al Camp Nou y al museo. Otorgó ingresos enormes por contratos de patrocinio. Lo convirtió en un club planetario.

Nos han despojado para siempre de nuestro juguete favorito, nos han extirpado a Messi, la única enfermedad de la que no nos queríamos curar”, escribió el cantante y poeta madrileño Marwan. Y Quim Torrá, presidente de la Generalitat, le dedicó unas palabras muy emotivas: “Cataluña será siempre tu casa. Muchas gracias por todo este tiempo de felicidad y de un fútbol extraordinario. Hemos tenido la suerte de compartir unos años de nuestras vidas con el mejor jugador del mundo. Y un noble deportista. No te olvidaremos nunca, Leo Messi, Cruz de San Jordi”.

“Hay que hacer lo que sea para que no se vaya, Messi es un ícono de la ciudad y del club”, imploró Ada Colau, alcaldesa de Barcelona. ¿Lo harán? ¿Se irá?

 

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