Política

Londres y Bruselas se quedan sin tiempo para evitar el Brexit caótico

Londres y Bruselas se quedan sin tiempo para evitar el Brexit caótico


La UE quería un “acuerdo constitucional”, la relación más estrecha posible con un socio que deja el club, con un vecino al que une una historia común y una relación comercial poderosa. Pero quedan 115 días para que acabe a fin de año el periodo de transición tras el Brexit del 31 de enero pasado. Y la UE y Reino Unido no avanzan en un acuerdo que debe definir la relación futura entre las dos partes, que este martes inician una nueva ronda de negociaciones para evitar un Brexit caótico y desordenado en pleno descalabro económico por la pandemia del coronavirus y pactar qué quieren ser de mayores la UE y Reino Unido.

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La perspectiva de los 27 era la de una “una relación muy intensa, muy amplia, sobre la base de la declaración política”, explica una fuente diplomática, “y el periodo efectivo para conseguirlo es más corto porque empezamos en marzo y tenemos que proceder a los trámites de ratificación”. Sólo quedan 115 días. “No veo ningún cambio en la posición del Reino Unido, estoy preocupado y decepcionado”, confiesa el negociador jefe de la UE para el Brexit, Michel Barnier, pese a que aún mantiene la esperanza. “Habrá una gran diferencia entre un acuerdo y un no acuerdo. Sigo pensando, incluso siendo muy difícil, que un acuerdo es posible”.

“Hay un mensaje claro: no es posible dejar el club y mantener todas las ventajas de su membresía, por eso la igualdad de condiciones (tras el Brexit) es tan importante. Si hay alguien que sueña que se puede salir sin afrontar consecuencias, eso no es realista”, decía este viernes a las agencias internacionales el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel: “Cuando negociamos nunca estamos seguros de que tendremos un acuerdo (…). Estamos comprometidos, implicados en la negociación y al final espero que logremos un acuerdo, porque es mejor para la certeza y la estabilidad, pero no un acuerdo a cualquier precio”.

“La relación económica con Reino Unido es muy especial”, explica una fuente comunitaria: “Ha sido un Estado miembro hasta ahora, es nuestro vecino y es grande: será nuestro primer socio comercial de la UE o justo por detrás de EEUU”.

Por eso, lo que llaman en Bruselas level playing field es muy relevante, pero también es uno de los principales escollos. ¿Qué significa eso? Que haya igualdad de condiciones entre las dos partes en los asuntos en los que vaya a haber una relación estrecha. “Es que tendrás el nivel de acceso que corresponda a la consistencia o compatibilidad de tu actividad en algunos ámbitos de las políticas nacionales con la UE: política de competencia, concentraciones, licitaciones públicas, ayudas de Estado, política social y laboral, medioambiental, fiscal… Los británicos tendrán el nivel de acceso que corresponda en función de hasta que punto podamos estar de ser compatibles”. 

“El potencial de distorsionar el comercio mediante subvenciones es claramente el área donde falta un compromiso significativo”, decía Barnier el pasado miércoles, insistiendo en las resistencias británicas para asumir ese terreno de juego equilibrado y evitar la competencia desleal. “Sin un marco común sobre las ayudas estatales, el Gobierno del Reino Unido sería libre de otorgar subvenciones a voluntad, y no solo para apoyar a las industrias del futuro, sino también al acero y la automoción, por ejemplo”.

Pero este no es el único problema. El segundo problema que está siendo insalvable hasta la fecha es el de la pesca. “El Reino Unido no ha mostrado ninguna voluntad de hacer concesiones sobre la pesca”, dice Barnier, “la UE se ha mostrado abierta a posibles soluciones, pero el Reino Unido ha rechazado nuestras ofertas”. ¿Cuál es el problema? Que Reino Unido quiere abrir poco sus aguas a los pescadores de la UE mientras quiere mantener el acceso completo al mercado comunitario. En este punto, Barnier ha dado a entender que está dispuesto a renegociar las cuotas de pesca, pero está por concretarse.

“Un pescador sin acceso a un mercado es un deportista acuático”, explicaba una fuente diplomática. Si Reino Unido no abre sus aguas, la UE no abrirá sus mercados. Y, entonces, los pescadores británicos serán meros deportistas acuáticos, siguiendo el silogismo de la fuente.

“Es un aspecto muy simbólico de la futura relación”, explica la fuente diplomática: “Tiene un componente emocional, por la crisis del fletán, de un lado del Canal y de otro. Tenemos un interés objetivo en la pesca. Estamos con un grupo de países que impulsamos un acuerdo de pesca, y Reino Unido mantiene que la flota europea no va a tener acceso a las aguas británicas. Hay un do ut des [doy para que des] claro: acceso al mar y acceso al mercado. Es de puro sentido común”.

El tercer problema es la gobernanza. Barnier dice que el Reino Unido ha sido “extremadamente reacio a utilizar cualquier mecanismo horizontal de solución de controversias”. Es decir, cuál es la gobernanza de ese level playing field para arbitrar distorsiones.

“Esta es la negociación más importante de la historia de la UE por envergadura, gravedad, importancia intrínseca para el proyecto común”, resume una fuente diplomática. Bruselas cree que el acuerdo debería estar listo en octubre para que las partes tengan tiempo de ratificarlo, en un proceso que puede durar 11 semanas, para que entre en vigor el 1 de enero.





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