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Las tres patas de la jubilación, tocadas

Las tres patas de la jubilación, tocadas



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Las tres patas del taburete que sostienen el retiro de las personas están tocadas. Es otro cisne negro, no de 12 kilos, como es habitual en estas aves, sino de un peso todavía por determinar. Dado que en su momento oiremos, como en el caso del Covid, que nadie lo podía prever, evitemos la excusa reconociendo el problema para enfrentarlo cuanto antes. Esas tres patas del son: la Seguridad Social, los planes de pensiones y los ahorros personales.

Respecto de la primera, el coronavirus ha complicado una situación arrastrada desde hace décadas. Las medidas económicas de choque tomadas por el Gobierno implican menores ingresos para la Seguridad Social, que se prevé que asuma a finales de este año un déficit anual de 20.000 millones. El gasto total de pensiones en España fue de 9.754,137 millones en abril y va camino de los 10.000 millones al mes. En su día, para compensar el déficit de la Seguridad Social se creó el Fondo de Reserva. Llegó a estar entre los 100 mayores fondos soberanos del mundo, y registró, en 2011, justo antes de que se iniciara la gran crisis de deuda de la Eurozona, un patrimonio máximo de 67.000 millones.

Aunque hoy está prácticamente seco, no afectará directamente al pago de las pensiones, que seguirán financiadas por las cotizaciones de los afiliados a la Seguridad Social y las aportaciones de los Presupuestos, aunque son dos fuentes de ingresos hoy también en situación delicada. Esta crisis, como es consustancial a todas y ya deberíamos haber aprendido, se va a extender más de lo que dicen las previsiones, y se verá alimentada por una deuda pública sobre el PIB creciente. No obstante, las pensiones tienen que pagarse.

La segunda pata, los planes de pensiones, no viven su mejor momento. Inverco calcula que unos 8 millones de personas contaban con un plan de pensiones en España a cierre de marzo. La tasa de pensiones privada es del 12% del PIB, y para alcanzar la media de los activos de pensiones del resto de Europa debería ser cuatro veces más alta. En un entorno de gran volatilidad, los planes de pensiones españoles ofrecieron rentabilidades muy negativas en el primer trimestre, con una media del -5,4%. Sin embargo, en el más largo plazo los planes continúan registrando una rentabilidad media positiva del 2,09% anual en los últimos diez años y 15 años.

Este tipo de ahorro está pensado para un horizonte de medio y largo plazo, y eso obliga a no dejarse vencer por el efecto manada, ahora bien, sería mejor que los gobiernos, antes de cinco años, dieran claras señales a las bolsas sobre cómo resolver la crisis y así evitar caídas que puedan perjudicar a quien va a recoger ese ahorro.

Las recesiones y los salarios estancados han dificultado también el ahorro mediante planes de pensiones, cuya fiscalidad es poco comprensible. En primer lugar, porque se ahorran impuestos al hacer aportaciones, es decir, cuando se trabaja y se obtienen ingresos, pero se pagan esos impuestos al jubilarse, justo al dejar de percibir ingresos. En segundo lugar, porque al rescatar el plan de pensiones, el capital que se obtenga tributará en IRPF como del rendimiento del trabajo, independientemente de la contingencia que genere el derecho al rescate. Por ejemplo, si es por fallecimiento del titular, los herederos tributarán en IRPF como rendimientos del trabajo y en ningún caso en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. El dinero aportado ya ha tributado, pero vuelve a tributar como rendimiento del trabajo.

La tercera pata, el ahorro privado, tampoco está muy sólida. En España, la tasa de ahorro en el confinamiento ha crecido un 35% y podría seguir siendo muy alta en la desescalada, casi un 25%. Hacia finales de año, podría estar cerca del 20%. Eso significa unos 400.000 millones, o el 3% del PIB, una muestra de falta de confianza. Es un ahorro preventivo y no suele utilizarse como capital a largo plazo. El consumo privado caerá en torno al 35% en el confinamiento. Además, según las previsiones, el 40% de la población activa podría sufrir desempleo parcial, esto supone una pérdida del entre un 20 y un 40% de sus ingresos disponibles; el ingreso total de los hogares podría disminuir del 8 al 16%.

La hipoteca es una inversión, pero no facilita el ahorro, no es líquido: cuando se atraviesa un mal momento económico y se necesita dinero, no está disponible, pero la hipoteca se debe seguir pagando y como se comprobó en la crisis anterior, el precio del activo que la garantiza puede caer. Parece que mientras no haya vacuna eficaz contra el Covid y siga el riesgo de confinamiento los hogares aumentarán el ahorro. En definitiva, el taburete no está preparado para mucho peso.

Carlos Balado es periodista y director general de Eurocofin

Carlos BaladoCarlos Balado



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