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Las parroquias, de nuevo refugio espiritual y económico

Las parroquias, de nuevo refugio espiritual y económico


BARCELONA
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Las más de doscientas parroquias que hay en la archidiócesis de Barcelona llevan desde el inicio de la pandemia reforzando y reinventado su actividad solidaria para acompañar a los más afectados por la crisis sanitaria y económica causada por el coronavirus. Además de canalizar su actividad litúrgica echando mano de las redes sociales, se ha redoblado el esfuerzo para ofrecer ayuda de urgencia a quienes se han quedado sin trabajo en medio de la pandemia sin olvidarse de las personas que ni siquiera pueden desplazarse hasta los templos para recoger alimentos como hacían antes del confinamiento. En estos momentos, la práctica totalidad de las parroquias de la Ciudad Condal se han transformado en mayor o menor medida en hormigueantes núcleos de acción donde religiosos, voluntarios y feligreses «de toda la vida» se funden con quienes acuden a ayudar o recibir ayuda por primera vez.

Dos voluntarios llenan un carro con productos
Dos voluntarios llenan un carro con productos – I. B.

En las dependencias de la iglesia de San Eugenio I de la calle Borrell de Barcelona el teléfono no calla ni un momento. Su párroco, mosén Nino, atiende peticiones sin parar. «La pandemia ha vuelto a poner la parroquia como un elemento en la vida de las personas que sufren. Aunque el templo esté cerrado, la Iglesia está muy abierta, siempre en salida», explica a ABC el sacerdote. Nino considera que es pronto para sacar conclusiones de esta etapa, pero vaticina que la crisis sanitaria y social puede transformar la manera de vivir la espiritualidad entre muchas personas: «La gente está reflexionando sobre su vida y sobre el sentido que tiene, sin duda». Él representa ese tipo de sacerdote que, a pesar de predicar en una gran ciudad, actúa como un pastor de pueblo. Cuando llegó, se presentó puerta a puerta, tienda por tienda, colegio a colegio.

Como un pastor de pueblo

«No aguantaría un sacerdocio basado solo en los sacramentos, necesitamos la comunidad», apunta. Su sistema funcionó y ahora tiene a su alrededor un equipo con decenas de voluntarios que desde 2011 sostienen el comedor social Emmaús, un espacio que atiende a más de 120 familias del barrio. Al frente de este está Lourdes Servent, quien destaca que a pesar de estar en una zona de la ciudad «aparentemente acomodada» hay muchas personas, sobre todo ancianas, que tienen serios problemas para llegar a fin de mes. «Aquí vienen aquellas que pedían en el mercado los restos de carne diciendo que eran para unos gatos… que no tenían», relata. Emmaús trabajan más como un espacio social que como un comedor para personas necesitadas. «Aquí cada uno tiene su sitio en la mesa, nos sabemos los nombres de todos, celebramos las fiestas y hacemos un acompañamiento integral, tenemos incluso psicólogo, podólogo y dentista», apunta Servent.

La entidad tira adelante con la ayuda de varios empresarios locales, los donativos de los fieles y el apoyo del Banco de Alimentos y la Fundación La Caixa. También tienen voluntarios de tercero de la ESO de varios centros públicos y concertados del barrio, que estos días se han desplegado para hacer recados y compañía a quienes pasan el confinamiento solos en casa. «Queremos ser una entidad abierta al barrio», resalta mosén Nino. Paralelamente, unas calles más abajo, en la parroquia de Sant Isidor, han puesto en marcha un DISA (centro de distribución solidaria de alimentos, hay cuatro en toda la ciudad) que funciona como un pequeño supermercado al que acuden de forma regular 550 familias. Se preparan para ayudar a 800 a partir de la próxima semana. Allí, el bombardeo de llamadas también es constante. Su responsable, Núria Gispert, no para de recibir solicitudes de personas que necesitan ayuda, y que lo han perdido todo de la noche a la mañana. «Ahora abrimos cada día, lo que está ocurriendo es increíble, los trabajadores sociales están desbordados y no paran de derivarnos casos cada día», advierte Gispert.

Desde el Arzobispado de Barcelona resaltan a ABC el esfuerzo que se hará para «reformular» la acción social para dar una atención especial a la faceta humanitaria de una crisis sanitaria que, previsiblemente, dejará tras de sí una dolorosa herida económica. Esta cruzada para evitar que la recesión impacte sobre los más vulnerables la lidera Cáritas, entidad que el año pasado manejó un presupuesto de más de 34 millones de euros solo en Barcelona. No obstante, destaca también el esfuerzo hecho, a pie de calle, en las 215 parroquias de la diócesis. Todas ellas, como ya pasó tras la crisis de 2008, se preparan para alzarse de nuevo como refugio económico y espiritual de los feligreses. El teléfono no deja de sonar.



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