Política

La leña sustituye la falta de gas y tala el futuro de los venezolanos

La leña sustituye la falta de gas y tala el futuro de los venezolanos


Los árboles son las otras víctimas de la crisis de los servicios públicos en Venezuela. “Existen al menos seis fuentes de obtención de leña, y entre ellas están las áreas naturales urbanas y algunas áreas protegidas, lo cual representa una amenaza para la calidad de vida, la conservación y el logro de los Objetivos de Desarrollo Sustentable”, advierte el informe “Uso de la leña en Venezuela: una amenaza que se extiende”, realizado por siete investigadores y coordinado por el biólogo Alejandro Luy, gerente de la Fundación Tierra Viva

Lo que a la naturaleza le costó años desarrollar, un árbol para tener sombra y sosiego, el ser humano lo acaba con tres hachazos y unos “billetes verdes”. La falta de gas y las permanentes fallas eléctricas o racionamiento del servicio han llevado a los venezolanos a utilizar leña para cocinar. Doce tronquitos se venden en cinco dólares en algunas zonas del estado Lara.

El Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos adelantó un estudio entre abril y mayo, en 10 ciudades del país, según el cual “39,3% de los ciudadanos encuestados opta por la compra de hornillas o cocinas eléctricas como método alternativo ante la ausencia del servicio de gas doméstico” y “el método de cocinar con leña fue el segundo más utilizado cuando no se recibe el servicio (33,2%)”. Barinas, Ciudad Bolívar y Porlamar son las ciudades que más reportan esta práctica.

Los árboles se han convertido en las otras víctimas del caos de los servicios públicos en Venezuela. En el informe “Uso de la leña en Venezuela: Una amenaza que se extiende”, elaborado por siete investigadores y liderado por el biólogo Alejandro Luy, gerente general de la Fundación Tierra Viva, se expone que:

-“En varias localidades del país la leña constituye el principal sustituto al gas doméstico y ello también está asociado a los problemas de suministro eléctrico.

-“Existen al menos seis fuentes de obtención de leña, y entre ellas están las áreas naturales urbanas y algunas áreas protegidas, lo cual representa una amenaza para la calidad de vida, la conservación y el logro de los Objetivos de Desarrollo Sustentable”.

El comercio formal e informal con la leña “está creciendo y la preocupación es que el comercio formal a lo mejor está regulado, pero el comercio informal no debe estar alimentándose de cualquier lugar; debe estar alimentándose de áreas con suficiente leña y pueden ser áreas naturales protegidas”, analiza Alejandro Luy en conversación con contrapunto.com.

Se calcula que las ciudades necesitan un árbol por cada tres habitantes, número que Venezuela no honra. Una investigación publicada en 2015 por la revista Nature mostró que las actividades humanas liquidan cada año 15 mil millones de árboles en el planeta. Los árboles, que tanto dan, reciben golpes mortales en el mundo. En las ciudades venezolanas tampoco los perdonan.

En Venezuela no tenemos idea de cuántos árboles se han perdido por esta crisis, precisa Alejandro Álvarez, coordinador de la organización Clima 21-Ambiente y Derechos Humanos. “De lo que sí tenemos idea es de que cada vez más en la periferia de las ciudades se usa toda la madera disponible, para consumo o para venta. Se está usando madera proveniente de áreas protegidas, tenemos información de que se extrae del Parque Nacional Henri Pittier (Aragua)” y de otros parques nacionales, señala Álvarez en entrevista telefónica con contrapunto.com.

La investigación recogió 79 reportes, provenientes de 54 de los 335 municipios del país ubicados en 21 entidades (salvo Distrito Capital, Barinas y Apure). “El uso extendido de la leña en Venezuela está vinculado de manera directa a las dificultades en el acceso –por disponibilidad y/o costo– del gas expendido en bombonas así como a las fallas del servicio eléctrico”, señalaron en el análisis Alejandro Luy; Isabel Novo, de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle; Joaquín Benítez, de la Universidad Católica Andrés Bello; Alejandro Álvarez, de Clima 21 Antonio De Lisio, de ls Universidad Central de Venezuela; Tina Oliveira, de Wataniba (Grupo de Trabajo Socio Ambiental de la Amazonía) y Carlos Peláez, de Provita.

Las fallas en el servicio de gas no son nuevas, pero es indudable que han empeorado con la epidemia y la cuarentena, y también con la caída en la producción petrolera. Para hacer el estudio “enviamos una sencilla encuesta a muchas personas en Venezuela, al final nos contestaron 79 personas, y cuando preguntábamos sobre los problemas de gas, nos decían algunos que el problema de suministro de gas no era exclusivamente de la pandemia, sino que era un problema que tenía uno, dos y hasta tres años; sin embargo, es en este tiempo de pandemia que ha cobrado mayor fuerza”, detalla Luy. En 2020, incluso antes del confinamiento, “ya empezaba la gente a usar la leña”.

El estudio reveló que hay seis fuentes para conseguir leña:

-El patio de la casa: “En áreas rurales los habitantes de las casas tienen como primera opción cortar árboles de su patio para obtener la leña requerida para cocinar. Esto supone poca demanda, así como una fuente muy finita de suministro”.

-Madera muerta / desechos: “Los árboles y ramas caídas, son frecuentemente colectadas para el uso como leña.  Uno de los datos indica que hay familias en el estado Sucre que están usando la madera de muebles viejos como fuente de leña. En otra encuesta señalaron que las paletas industriales de desecho también son utilizadas con esos fines. Las ramas de árboles caídos en fincas, así como los árboles de cítricos muertos en plantaciones de la parroquia Canoabo (Municipio Bejuma), son otros ejemplos del uso de madera de “desecho” para la leña”.

-Terrenos baldíos cercanos: “Otra práctica común es la búsqueda de madera de desechos o el derribo de árboles y arbustos de terrenos públicos o privados baldíos. Esto supone que no se percibe como un daño al ambiente ya que se extraen árboles y arbustos “abandonados”, o sin ninguna importancia”.

-Árboles de plazas, calles y urbanizaciones: “Algunos consultados indican que en zonas urbanas, las áreas verdes comunes han empezado a ser utilizadas como fuente de leña para la cocina. En oportunidades se trata de afectaciones intencionales a los árboles que produce la caída o muerte del mismo, a fin de luego poder obtener la madera para la leña.  De esta forma, los bienes públicos están siendo destruidos como consecuencia de los problemas de suministro de gas y la falta de vigilancia de las autoridades y la comunidad organizada. Con esta práctica ya se empieza a incidir negativamente en las condiciones ambientales y el paisajismo de áreas urbanas”.

-Compra en establecimientos formales e informales: “La venta de leña, se está convirtiendo en una fuente de ingreso dentro de la economía informal pero también para un sector del comercio que ofrece el producto perfectamente empacado y en supermercados y tiendas similares”. 

Las áreas naturales: “Un problema más grave para la conservación de los ecosistemas es señalado por consultados, especialmente en Falcón, Valencia, Mérida, Nueva Esparta, Lara y Aragua, donde hay indicios de la extracción de madera en áreas boscosas, protegidas o no. En Chichiriviche de Falcón, la leña de mangle es extraída en caños dentro o cercano al Parque Nacional Morrocoy y al Refugio de Fauna Silvestre de Cuare. Habitantes del municipio Mario Briceño Iragorry (Maracay) mencionan que de áreas ubicadas dentro del Parque Nacional Henri Pittier los pobladores extraen madera. En el estado Lara, en áreas cercanas al parque nacional Terepaima y Dinira, están deforestando para buscar leña”.

Las consecuencias de esta tala masiva son nefastas. “La primera consecuencia es la pérdida de vegetación”, con lo que se crean “suelos desnudos, y cuando vengan las lluvias eso puede causar barriales importantes que generan impacto en la población”, alerta Luy. La deforestación afecta también la producción de agua.

“En los suelos desnudos, donde van a crecer gramíneas, cuando venga la época de incendios los incendios serán más fuertes”, augura. En las ciudades “tumbar los árboles crea más centros de calor, porque no tienes árboles que te protejan de las altas temperaturas y un árbol no se sustituye de un día para otro”.

El ambientalista Alejandro Álvarez hace énfasis en el riesgo de derrumbes por la deforestación, y en el comportamiento del agua de lluvia en los suelos desnudos. Las raíces de los árboles se comportan como una esponja; por eso en zonas arboladas las lluvias corren lentamente, mientras la ausencia de árboles puede generar inundaciones. También remarca que las ciudades son más calientes que sus periferias porque han sustituido vegetación que absorbe una parte de la radiación.

Los investigadores que realizaron el estudio insisten, como salidas al problema, en “la necesidad de garantizar el acceso a gas doméstico de bombona y que desde el gobierno se desestimule el uso de leña para la preparación de alimentos”. Estas son “dos acciones prioritarias para evitar que la afectación de zonas arboladas de áreas urbanas y rurales, y especialmente de zonas protegidas, se siga extendiendo y se convierta en mediano plazo en otro de los factores que contribuye a la deforestación en el país”.

No basta con diagnosticar el problema, plantea Alejandro Álvarez: “No se les puede decir a la personas que se mueran de hambre. Hay que dar alternativas”. De lo contrario los verdes reservorios de vida seguirán cayendo, soldados abatidos en una guerra en la que todos perdieron.



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