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«La democracia confinada», de María Eizaguirre

«La democracia confinada», de María Eizaguirre



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El presidente resultó ser inmune a la hemeroteca. Día sí y día también se recordaron las palabras de Pedro Sánchez sobre los independentistas, la reforma del CGPJ, la lucha contra ETA o su relación con Podemos, diciendo una cosa y la contraria en función de sus intereses. La mentira se convirtió en compañera de viaje con los peligros que eso entraña para la salud de nuestra democracia. La sociedad española se acostumbró a que un escándalo tapase al siguiente. Desde La Moncloa se puso en marcha la construcción de un relato que permitiera mantener el Gobierno cuando se terminase de contar los fallecidos. Al otro lado de la puerta aguardaba el «apocalipsis». En esa «batalla por el relato» los expertos en comunicación distinguieron claramente los siguientes elementos:

1.- El papel que jugaron los expertos, de los que se tiraba cuando era necesario para justificar decisiones adoptadas. Se llegó incluso a hablar durante días de un comité de desescalada que meses después se reconoció que no existía.

2.- La alusión a la amenaza global: algo que no solo ocurría en España.

3.- La responsabilidad de la Unión Europea: si no nos ayudaban sería su «culpa»…

4.- El «arrinconamiento» del Rey. Durante toda la pandemia, la publicación de los presuntos opacos negocios de Don Juan Carlos puso contra las cuerdas a la Casa Real. Se activó el debate sobre la propia continuidad de la Monarquía cuando España vivía uno de los capítulos más graves de su democracia.

5.- El «aislamiento» de la oposición y de quien pensara simplemente diferente: si no aceptaban el «trágala» se les acusaba de ir contra la democracia, ser desleales y alentar un golpe de Estado. A los partidos constitucionalistas se les exigió apoyo pero no se les facilitó información. En paralelo, se dio alas a los nacionalistas e independentistas.

6.- Señalamiento de las comunidades autónomas: en pleno rebrote se delegó toda la responsabilidad en los gobiernos regionales. Abriendo la puerta incluso a que fueran los propios presidentes autonómicos quienes solicitaran el estado de alarma en el Congreso. Los representantes autonómicos deberían asumir el desgaste político, como si España fuera en realidad un Estado Federal. Un capítulo aparte merece Madrid. Se alentaron manifestaciones contra el gobierno de la Comunidad, al que se acusó de «segregar a los pobres y favorecer a los ricos». Hay que recordar que las restricciones de movimiento puestas en marcha en la capital eran medidas similares a las puestas en marcha antes por otras 11 comunidades como Aragón, Extremadura o Baleares (gobernadas por el PSOE)…

7.- Elaboración de inexactos argumentarios: con una defensa cerrada de la sanidad pública frente a la privada y señalando al PP como único responsable de unos recortes que nos habían llevado a esta situación.

8.- «Colonización» de medios: cientos de horas con información oficial, especialmente, en los medios públicos. La «colonización» se llevó a cabo desde los discursos televisados del presidente del Gobierno, hasta la propia aparición de ministros a todas horas en diferentes medios nacionales e internacionales justificando la gestión llevada a cabo. Sirva como ejemplo la intervención de González Laya en la BBC diciendo que la gestión de la crisis pasaba por el uso de mascarillas, los test a asintomáticos y el uso de la tecnología (prácticas que distaban bastante de la gestión real). Iglesias encontró tiempo para hacerse «youtuber» e Irene Montero concedió entrevistas en medios como Diez Minutos o Vanity Fair.

9.- Elaboración de tres lemas: mensajes simples basados en las emociones: «Este virus lo paramos unidos», «Salimos más fuertes», «España puede».

10.- Preguntas filtradas de la prensa hasta que fue inevitable ceder a la presión de los periodistas: durante todo el estado de alarma Pedro Sánchez no concedió una sola entrevista. Las televisiones, eje del relato, recibieron estos días «subvenciones».

11.- Conquista de los informativos: comparecencias de Pedro Sánchez en horario de informativos en los que su larga duración impidió que pudiera informarse de nada que no fuera de lo que quería el Gobierno que se hablase.

12.- Monitorización de redes sociales: se aseguró que no era para limitar la crítica sino para detectar discursos «peligrosos».

13.- «Aplaudillismo»: los aplausos como cortina de humo para esconder las víctimas y el desastre económico. Aplausos «fabricados» en La Moncloa y el Congreso.

14.- Visualización de la gestión del Gobierno. Se tradujo primero en la ausencia de luto: sin corbata oscura, sin ropa negra que recordara a los muertos. Muertos a los que apenas se hacía referencia tampoco en los discursos. Frente a eso se resaltaban las 450.000 vidas que se habían salvado.

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