Política

La cuarentena congeló los divorcios en Venezuela

La cuarentena congeló los divorcios en Venezuela


Los juicios de divorcio que comenzaron antes de la pandemia “están paralizados y continuarán paralizados”, explica el abogado y profesor universitario Luis Carlos Calatrava. La permanencia en casa no voluntaria, en espacios reducidos, aumenta los conflictos de pareja, advierte el psiquiatra Robert Lespinasse

Si la relación iba mal, el tener que verse las 24 horas del día, semana tras semana y sin un respiro posiblemente hizo que se abrieran todas las costuras del matrimonio.

“La convivencia per se no es lo que aumenta el roce entre las personas y las parejas; son las condiciones en las que se impone esta medida, porque existe un temor constante a un enemigo invisible que nos penetra y pone en peligro nuestra vida y la de los seres queridos, nos cambia la vida repentinamente. No sabemos cuanto va a durar, cada día está más cerca, dejamos de producir, la tensión emocional se incrementa y permanece incrementada”, ilustra el doctor Robert Lespinasse, expresidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría.

Y, encima, si la pareja quiere divorciarse y romper definitivamente no podrá hacerlo, porque estos procedimientos están paralizados debido a la cuarentena en el Poder Judicial.

De tantos divorcios que han pasado por sus manos el abogado Luis Carlos Calatrava, profesor de la Universidad Santa María, recuerda uno “bien complicadito” que se prolongó por dos años y medio y que debía concluir en 2020, hasta que apareció un señor llamado coronavirus. Aunque estaba listo en enero de este año y solo faltaban algunos papeles que entraron en la inercia del sistema de justicia, este expediente se sumó a la congeladora en la que entró la vida venezolana debido a la cuarentena. La persona “no va a tener acceso a su sentencia” ni va a poder finiquitar este capítulo en su vida.

Calatrava procesaba uno o dos divorcios al mes. Desde que comenzó la pandemia, ninguno. “Está todo parado”, señala. Es decir, que la pareja que quiera divorciarse porque su amor hizo aguas no tiene opciones.

Pero además los juicios que comenzaron antes de la pandemia “están paralizados y continuarán paralizados”. Se pregunta cuándo se reiniciarán, si quedarán para el año que viene o para el fin de la pandemia. “Estamos en una incertidumbre que no sabemos”.

Calatrava refiere que en Puerto La Cruz (Anzoátegui) y Maracay (Aragua) el TSJ comenzó un plan piloto para iniciar causas en línea, por lo que los tribunales reciben las solicitudes y fijan las citas para evitar aglomeraciones. Pero solo está circunscrito a ambas ciudades. Es probable que esta experiencia se extienda a Caracas a partir del 15 de septiembre, refiere el abogado, por lo que podrían iniciarse causas en Caracas.

Léase bien: iniciarse. Las causas pendientes no tienen espacio, entre otras razones, porque “no hay forma de sistematizar en internet los expedientes, porque son expedientes voluminosos, con muchas páginas”.

Verse las caras

Ojalá las heridas se cierren y los matrimonios puedan superar la crisis sin llegar al divorcio. Pero lo primero es reconocer que, en la actualidad, varios factores confluyen para el aumento de roces, diferencias y conflictos en cuarentena entre las parejas, precisa Lespinasse. “En primer lugar, la permanencia en la casa no voluntaria; en muchos casos los espacios son reducidos y puede haber hacinamiento, lo que estrecha mas el espacio. Al aumentar el contacto también aumentan las coincidencias y las diferencias”.

Si hay niños “la inquietud de ellos, los juegos, gritos en espacios reducidos se perciben con mayor intensidad, y esto crispa los nervios y produce reacciones por no tolerarlo”, señala.

A esto se agregan “la disminución de los ingresos o la ausencia de los mismos, la hiperinflación, los malos servicios públicos, falta de agua, luz, gas, gasolina, internet, falta de distracción. Todo esto aumenta la ansiedad y produce dificultad para conciliar el sueño lo que aumenta la intolerancia a los estímulos, al ruido y a los que lo rodean”.

Perder el espacio propio aumenta la irritabilidad, expone. “Esto puede conflictuar a las personas y en la medida en que se intensifiquen y profundicen pudieran tener mayores consecuencias como la violencia verbal, física”.

Como psiquiatra, considera imprescindible que “si alguno de ellos se da cuenta de esto, evitar caer en ese terreno, bajar el tono de respuesta y evitar los conflictos”. Y si persisten, “buscar orientación y ayuda para que no lleguen a ser irresolubles las diferencias”.

Si esas diferencias son irresolubles, queda el recurso del divorcio. Mas no ahora.

Taconea la calle

En condiciones normales (antes de la pandemia), si el divorcio va a tribunales de niñas, niños y adolescentes por haber hijos menores de 18 años, puede demorarse debido a la precariedad de las condiciones de trabajo, la falta de funcionarios, los salarios de hambre. En resumen, por la realidad venezolana. Las audiencias de juicio deben ser filmadas en video, detalla Calatrava.

Si no hay hijos el caso va a los tribunales civiles ordinarios, y el tribunal -si ambos esposos piden el divorcio- puede ordenar la disolución del vínculo. “Desde el punto de vista del papeleo venezolano no hay divorcio hasta que no haya sentencia firme”, refiere. Todo esto entró en el congelador con la COVID-19.

Abogado con muchos años de ejercicio, Calatrava llama la atención sobre la indefensión de la ciudadanía en materia legal, agravada por la covid-19: “Parece que el Estado no piensa en los demás, no hay posibilidad de entender lo que le sucede al ciudadano de a pie”, al que “taconea la calle, como decía un profesor mío en uno de los posgrados”. Los divorcios son solo un botón de la muestra.



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