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Jorge Saavedra, el monstruo de Pichincha

Jorge Saavedra

Jorge Saavedra es un profesor ecuatoriano de 45 años que se escondía bajo la fachada de profesor para poder abusar de sus alumnos. Según la Policía y el Cuerpo Técnico de Investigaciones de Quito, en sus 20 años ejerciendo la docencia su historial de menores de edad podría superar las 100.

La Fiscalía dio a conocer que al momento de la realización de las denuncias y al momento de su captura, Jorge Saavedra se encontraba trabajando en una institución educativa. Mas, no se dio información sobre si alguna de las victimas que se conocen hasta el momento sean parte de dicho plantel.

El modus operandi de Jorge Saavedra era la manipulación

A sus 45 años de edad, este hombre ha estado mudándose de ciudad en ciudad; ha residido en distintas regiones, desde Tangua en Colombia, hasta Quito en Ecuador. La permanencia en cada localidad no era mayor a un año según registros suministrados por la policía días después de su captura el 31 de octubre del presenta año. De esta forma Saavedra evitaba ser denunciado por sus víctimas o familiares; así como también prevenía levantar sospechas y no dejar rastros.

Las declaraciones anónimas de algunos de los adolescentes que fueron víctimas del llamado Monstruo de Pichincha, se puede apreciar que el método que utilizaba Saavedra con sus víctimas era la manipulación. “Se hacía pasar por una buena persona y poco a poco se fue ganando mi confianza hasta que comenzó a tocarme y a obligarme a tener relaciones con él”, relató entre lágrimas uno de los jóvenes.

Las víctimas estaban siendo seleccionadas por Jorge Saavedra de manera rigurosa. Fuentes de la policía explicaron que la totalidad de las víctimas que han hecho declaraciones y denunciado son jóvenes provenientes de familias disfuncionales; creciendo en un entorno hostil. “El medio a que son sometidos los adolescentes la mayoría de las veces tiene un impacto importante en su rendimiento académico y capacidad de socialización”, explica una psicóloga asignada por la fiscalía para cubrir el caso y tratar con las víctimas.

“Lo vi como una figura casi paternal”.

Otro adolescente implicado en el caso explica, “nunca he sido un alumno con buenas notas o que destaque en clases; mis padres se estaban separando y el profesor se fijó en que yo no estaba bien. Se acercó a mí para ofrecer sus servicios de clases particulares y apoyo. Yo lo sentí sincero y por semanas lo vi como una figura casi paternal. En ocasiones noté una actitud rara pero no le di importancia. Hasta que un día mientras recibía clases particulares en casa del profesor, metió su mano en mi pantalón y quedé petrificado, no supe qué hacer”.

El perfil de Jorge Saavedra

El perfil que maneja el pederasta era el de un hombre que se dedicaba a la docencia por amor. Esta fachada estaba acompañada de una supuesta empatía por alumnos con problemas familiares y bajo rendimiento académico. Muchas veces Saavedra al conocer las historias de distintos alumnos se ponía en contacto con los representantes de los mismos, y ofrecía su apoyo como docente y al igual que su servicio de clases particulares. Dichas clases estaban siendo impartidas en la vivienda de Jorge Andrés Saavedra Bedoya.

Las clases particulares eran el primer pilar que utilizaba el Monstruo de Pichincha para acercarse a sus víctimas y poder mantener contacto fuera de la institución educativa y horario escolar sin ser mal visto por los padres u otros docentes del colegio.

Varios de los profesores que trabajaron con Saavedra dieron declaraciones a la prensa y a la policía. Sus colegas nunca pudieron imaginar que las intenciones de este abusador de menores fueran negativas. La directora de la unidad educativa donde se encontraba ejerciendo en la actualidad explicó que siempre se había llevado bien con los alumnos y que era un profesor líder para muchos estudiantes. El interés que manifestaba frente a las personas se percibía como genuino y no estar lleno de malas intenciones y desviaciones sexuales.

Lo ocurrido en la vivienda de Jorge Saavedra

Las clases particulares impartidas por Saavedra dentro de su vivienda eran sólo la fachada para la peor parte de esta historia. Una vez que las víctimas se encontraban dentro de la vivienda; Saavedra iniciaba con la manipulación psicológica previa a los abusos. El docente entraba en las mentes de los jóvenes y los hacía pensar que serían culpables de todo lo que estaba pasando.

Jorge Saavedra esperaba el momento adecuado para ir un paso más arriba y llevarlo al plano físico. En el instante menos esperado obligaba a los estudiantes a cometer actos lascivos; felación, desnudarse y otras muchas atrocidades fueron sometidas la mayoría de las víctimas de Saavedra.

Abusos y pornografía infantil

Otra de las horribles sorpresas de este siniestro caso es que mientras los abusos a menores eran cometidos, Saavedra filmaba todo. Esto le servía no solo para extorsionar a las víctimas con hacer públicas las grabaciones; sino también para distribución de material explícito y pornografía infantil.

En la vivienda de Jorge Andrés Saavedra Bedoya fueron encontradas dos cámaras filmadores; cientos de CDs que contenían pornografía infantil, docenas de discos extraíbles donde guardaba fotografías y videos explícitos de sus víctimas. Es por esto que las acusaciones en fiscalía se han hecho más fuertes; no solo es culpado por el delito de abuso de menores sino por la creación y distribución de pornografía infantil. Según declaraciones de la policía es probables que Jorge Saavedra pertenezca a una organización que realice y distribuya dicho contenido.

Jorge Saavedra, una mente maquiavélica

Los abusos a estos niños, niñas y adolescentes van desde abuso físico, sexual y psicológico; incluyendo material pornográfico. “Muchos de los actos lascivos y abusos cometidos por este hombre consistían en amenazar a las víctimas que en su mayoría son pre adolescentes; y obligarlos a tomarse fotos a cambio de buenas notas, de no hablar con sus padres. Incluso hay muchos que amenazó con su expulsión”, declaro una psicóloga asignada por fiscalía.

Según la experta los niños, niñas y adolescentes están en plena formación de su personalidad. “Persuadir a alguien de esa edad es sencillo la mayoría del tiempo, convencerlos de que ellos tienen parte de la culpa de lo que está sucediendo es parte de juego de un pervertido como Saavedra. Las victimas al ser amenazadas con contar todo lo que ha sido perpetuado a manos de su victimario, entiende que la sociedad los verá como culpables. Primero el sexo no es algo normal o conocido a esas edades; a esto se le suma que son niños provenientes de hogares disfuncionales, esto aumenta el desconocimiento de educación sexual. Para las victimas pensar que todo su entorno sabrá lo que hicieron hace que sucumban a los caprichos de su victimario. Temiendo ser reprendidos por el colegio, padres, familia, amigos, vecinos”.

“Hago un llamado a que los padres no se confíen de nadie a la hora de dejar al cuidado de sus hijos”.

Un factor primordial en casos de abusos a menores es que la mayoría del tiempo las personas que se encuentran en su entorno no les creen. Al ocurrir esto las víctimas se sienten solos y de manos atadas ante lo que les está sucediendo.
Julieta Ortiz familiar de una de los jóvenes abusados dijo, “Hago un llamado a que los padres no se confíen de nadie a la hora de dejar al cuidado de sus hijos. Los abusadores de menores existen y todos debemos proteger a los niños de este terrible mal”.
Las victimas del Monstruo de Pichincha podrían superar las 100.

Las víctimas en cifras

Hasta los momentos se tiene conocimiento que las victimas podrían superar las 100. Tras 20 años de ejercer en la docencia Jorge Saavedra no solo abusaba de sus alumnos; sino que también hay registro de victimas que eran hijos de vecinos de su comunidad al que este le dictaba clases particulares. Sus víctimas van desde Tangua en Colombia, hasta Cuenca en Ecuador. Se presume que en cada localidad donde hizo vida Jorge Saavedra pudiera haber un joven abusado por este pederasta. Hasta ahora la Fiscalía de Pichincha ha mantenido contacto con más de 68 víctimas; entre niños, niñas y adolescentes.

El abuso de menores de edad en Latinoamérica

El abuso sexual y la explotación laboral de menores de edad en Latinoamérica es un mal que se ha mantenido por años. El único cambio que ha existido, por desgracia, es el conocimiento y la visibilización de este mal gracias a organizaciones como la UNICEF.

Solamente en el año 2019 se presentaron 6.010 denuncias de violencia sexual contra individuos menores de edad. Las edades más afectadas y vulnerables este horrible mal son niños entre los 10 y 14 años de edad; esta población representa una cantidad de 4.514 del total de las víctimas. La cifra de niñas abusadas es considerablemente mayor que la de niños; de estos 4.514, 3.830 eran niñas, mientras que solo 684 eran niños. Es así como la población femenina representa un 85% de la población de menores víctimas de violencia sexual.

Según cifras dadas por el diario El Tiempo, en Colombia el 80% de los casos de abuso sexual contra menores de edad queda en impunidad. En muchos casos la misma justicia despenaliza y normaliza los abusos cometidos, muchas veces por familiares de los menores de edad.

Otro de los problemas que enfrentan las victimas es la ineficiencia de los procesos judiciales en la mayoría de los países del continente. Así como también, se hacen presente dentro de la justicia los sobornos a manos de los victimarios que tienen el poder económico para hacerlo. Y es así como los menores abusados pasan a ser víctimas también de los sistemas de justicia en sus respectivos países.

“Este es un problema grave porque se da de manera sistemática y estructural”.

“Este es un problema grave porque se da de manera sistemática y estructural. Una niña abusada es probablemente una niña con un embarazo no deseado y eso tiene consecuencias que profundizan la desigualdad. Deriva, por ejemplo, en aislamiento de las niñas, la perpetuidad del círculo de violencia, el abandono de la escuela y el ingreso a trabajos muy precarios. Eso sin contar las consecuencias psicológicas y físicas en las niñas, la posibilidad de mortalidad materna, niños prematuros o que nacen en condiciones de salud difíciles, entre otras”, explica Susana Chávez, secretaria ejecutiva del CLACAI al diario El Tiempo.

Es importante destacar que la mayoría del tiempo los menores eran abusados por personas que se encuentran presentes casi de manera permanente dentro de su entorno cercano. Los victimarios pueden ir desde los padres de la víctima, tíos, padrastros, profesores, incluso sacerdotes de las parroquias. Es un patrón que se repite de la misma forma en todos los lugares del mundo según estadísticas de distintas organizaciones.

La OMS ha arrojado cifras alarmantes en las exponen que 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de edad sufrieron violencia sexual; que va desde relaciones sexuales forzadas, hasta otros tipos de violencia sexual en donde se incluye el contacto físico.
Estudios de las Naciones Unidas acerca de la violencia contra los niños.

Para acabar con el alto indice de abusos y violencia sexual contra menores de edad, la respuesta de la ley debe ser en pro de la víctima en los distintos países donde la mayoría de los casos de violencia infantil quedan impunes.

Articulo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF. 

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