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Hong Kong prepara otro «verano caliente» contra la Ley de Seguridad china

Hong Kong prepara otro «verano caliente» contra la Ley de Seguridad china


Corresponsal en Pekín
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Tras la revuelta del año pasado reclamando democracia, interrumpida durante estos últimos meses por la epidemia del coronavirus, Hong Kong se prepara para otro «verano caliente» de protestas contra el autoritario régimen chino. Cuando parecía que no había problema más importante que la amenaza global de la pandemia, que ha rebrotado en el nordeste del país con casos importados de la vecina Rusia, en la antigua colonia británica ha caído como una bomba la decisión de Pekín de promulgar una Ley de Seguridad Nacional para penar la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras.

Anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico de China, la moción será aprobada la próxima semana para que su Comité Permanente redacte esta nueva Ley lo antes posible. Aunque la legislación de Hong Kong compete a su Parlamento local en virtud del principio «un país, dos sistemas», que otorga a la ciudad autonomía y más libertades que al resto de China, Pekín tiene potestad para promulgar directamente ciertas normas. Así se lo permite el artículo 18 de la Ley Básica, que hace de mini-Constitución de Hong Kong y establece que las regulaciones nacionales se pueden incluir en su Anexo III cuando se refieran a la defensa, asuntos exteriores y «otras cuestiones fuera de los límites» de su Gobierno regional. Amparándose en esta premisa, el régimen pretende imponer dicha Ley de Seguridad Nacional sin que sea debatida ni enmendada en el Consejo Legislativo (Legco) de Hong Kong, donde la oposición demócrata montaría una bronca monumental. Como el Comité Permanente de la Asamblea Nacional se reúne dos veces al mes y puede llevarle dos o tres sesiones redactar esta ley, se calcula que entrará en vigor entre junio y agosto.

En virtud del artículo 23 de la mini-Constitución de Hong Kong, el Gobierno local tenía que haber promulgado esta ley, pero medió millón de personas se echaron a las calles cuando intentó hacerlo en 2003. Ahora, con el enrarecimiento del clima político y la previsible victoria de la oposición demócrata en las elecciones al Parlamento de septiembre, Pekín ha perdido la paciencia y tomado cartas en el asunto. De esta manera, quiere dotarse de una herramienta ilegal para «detener y castigar las injerencias extranjeras que persigan actividades subversivas, secesionistas de infiltración o dañinas» para Hong Kong. Pero, al tratarse de un régimen autoritario, sus intenciones han vuelto a hacer saltar todas las alarmas entre los grupos opositores de la ciudad, que disfrutan de unas libertades que no existen en el resto de China y temen perderlas. Sus miedos se basan en la represión que sufren los disidentes en el continente, que legalmente pueden ser detenidos por la Policía hasta seis meses sin pasar por un tribunal y suelen ser condenados por delitos como «subversión contra el poder del Estado» y «buscar problemas». Sin ir más lejos, por esos cargos fue sentenciado a once años de prisión el difunto Nobel de la Paz Liu Xiaobo.

Además, la ley prevé la implantación en Hong Kong de oficinas de la seguridad pública china, lo que espanta en la ciudad por su fama de intimidar y hacer «desaparecer» a los activistas que osan desafiar al Partido Comunista. Al ser una de las ciudades más libres de Asia, a Hong Kong le aterra perder su autonomía y el principio de «un país, dos sistemas» que, desde su devolución por parte del Reino Unido en 1997, en teoría tenía que estar vigente durante 50 años.

Ahora es «un país, un sistema»

«El presidente Xi Jinping se ha cargado toda la pretensión de «un país, dos sistemas». Están anunciando al mundo que Hong Kong ya no está bajo este principio. Ahora es “un país, un sistema” cuando puedan imponer esta ley. También le están diciendo al mundo que la Declaración Sino-Británica está eliminada y lo que queda es la confrontación de China contra Hong Kong», criticó ante los medios el veterano político Lee Cheuk-yan, presidente del Partido Laborista y uno de los organizadores de las masivas manifestaciones del año pasado. Como uno de los líderes de la Alianza de Hong Kong en Apoyo a los Movimientos Democráticos y Patrióticos de China, viene luchando contra el autoritarismo de Pekín desde la matanza de Tiananmen, donde fue detenido por llevar donaciones recogidas en Hong Kong. Por su destacado papel y su gestión al frente del Museo de Tiananmen en la ciudad, el único que hay en China, Lee es uno de los que teme ser objetivo de la nueva Ley de Seguridad Nacional.

Lo mismo le ocurre al joven y combativo activista Joshua Wong, acusado por la propaganda china de «traidor» por el apoyo que recibe desde Estados Unidos. «Esta Ley de Seguridad Nacional matará los movimientos democráticos de Hong Kong, ya que sus protestas pueden ser clasificadas como intentos de subversión contra la autoridad, justo lo que ahora ocurre en China», escribió en Twitter Wong, quien llamó a nuevas movilizaciones.

Para calmar los ánimos, la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, compareció el viernes por la noche con todo su equipo con el fin de apoyar la Ley. «Nos proporcionará el mejor sistema para garantizar la prosoperidad y la estabilidad de Hong Kong y no afectará al sistema capitalista ni al imperio de la ley. Tampoco dañará los intereses de los inversores extranjeros, que están legalmente protegidos», anunció, según recoge el periódico “South China Morning Post”.

Pero el proyecto de ley despierta tantas inquietudes que la Bolsa de Hong Kong sufrió sus mayores pérdidas en cinco años al caer un 5,6 por ciento y los banqueros temen una fuga de capitales de la ciudad, uno de los centros financieros del mundo. En el frente diplomático, el Reino Unido, Australia y Canadá han firmado una declaración conjunta instando a China a respetar el principio de «un país, dos sistemas» y la Unión Europea ha pedido «debate democrático, consulta a las partes interesadas y respeto a los derechos y libertades de Hong Kong». Por su parte, EE.UU. podría modificar el estatus económico especial que le concede a la ciudad, por donde entra el 70 por ciento de la inversión extranjera en China. Al igual que el año pasado, cuando una ley de extradición a China ya retirada desató las mayores protestas de su historia, Hong Kong se prepara para otro «verano caliente».



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