Política

En tiempos de pandemia el “resuelve 2.0” del venezolano en las redes sociales


18.09.20 – “Llegaron las marquesas de chocolate y coco. Llégate que también tengo chucherías, refrescos Glup y maíz de cotufa para tu tarde de películas. Si estás en Caricuao te lo llevo”. Así escribe todos los días en su estado de whatsapp Luisa Castro, residente de la citada parroquia caraqueña. La coyuntura de la pandemia obligó a esta secretaria, madre y próxima abuela a reinventar la minitienda de dulces que por más de cinco años mantuvo a hurtadillas en el escritorio de su oficina en una institución pública.

Como ella, miles de venezolanos se han apropiado de las herramientas que ofrecen las redes sociales y la mensajería instantánea para trasladar al terreno 2.0 el pregón de sus negocios de venta directa. Las plataformas preferidas son Instagram y Whatsapp, donde para comprar y vender no hace falta más nada sino tener conexión a internet. Pase sin compromiso.

Así como pasó con la educación a distancia, con el teletrabajo y con el cine vía streaming, la oferta de bienes y servicios a pequeña escala tuvo su punto de quiebre con la irrupción del covid-19 y la llamada nueva normalidad. Mucho de lo que hoy se conoce con el endulcorado apelativo de “emprendimiento”, no es más que el traslado de pequeños negocios como el de Luisa al campo fértil de las redes sociales, donde para comprar y vender no es necesario cumplir con todos los requisitos legales, mercantiles y logísticos de un inversionista en sentido clásico, sino solo contar con una cuenta de correo electrónico y con un teléfono celular inteligente. Una vez allí, las posibilidades son infinitas.

Postres, ropa, accesorios, comida cruda o lista para servir, líquidos para la limpieza, productos personales de higiene y belleza, suministros de todo tipo, así como auxilio para reparaciones del hogar, servicios de peluquería y estética, de taxi, de cambios de moneda, entre otros, se ofrecen en locales virtuales hechos a partir de cuentas de instagram o por mensajería directa a través de estados y grupos de whatsapp, convirtiendo a estas plataformas en plazas de mercado donde se puede conseguir de todo. Lo que antes era equipar un local o hacerse de un espacio en la acera para exhibir y ofrecer mercancía, hoy se hace con fotografías retocadas y un arte prefabricado en Canva – la popular aplicación gratuita para diseño gráfico.

Lo demás es esperar que los clientes abran la puerta.

Para los de la cuadra

“En mi calle todo el mundo sabe que tengo el negocio porque vendo de todo. Promociono por whatsapp y por allí me sale bastante venta, sobre todo de Caricuao porque les llevo el producto hasta la casa. Vendo postres que hago yo misma con mi hija: marquesas, tortas, tetas y galletas de distintos sabores. También vendo chucherías tipo pepito y doritos, refrescos, algunos productos de limpieza y otras cositas que compro en Coche”, contó Castro.

Explicó que por años su resuelve ha sido la venta de estos mismos postres a sus compañeros de trabajo en la institución cultural en donde labora desde hace un lustro. Con la cuarentena, naturalmente este negocio debió parar y por tanto, también se frenó la entrada de recursos que se traducían en la mayor parte de su sustento familiar. Como comerciante nata que es, se negó a cruzarse de brazos y comenzó a ofrecer la mercancía aún en existencia a sus vecinos a través de mensajes de whatsapp y al ver la respuesta se decidió a continuar trabajando a través de este mecanismo.

“Mi hija y yo colocamos lo que tenemos cada día en el estado de whatsapp y en los grupos de vecinos del sector. También se lo envió por mensaje privado a mis clientes habituales de la zona y a gente que pienso que puede estar interesada, y todos los días vendo. Como estamos en cuarentena y la gente sale poco es un buen servicio llevarles el producto hasta la casa. Además, la gente por el encierro chuchea más. Creo que allí está la clave”, detalló sobre su mecanismo diario.

Relató que antes de ser secretaria, junto a su familia se aventuró varias veces en el buhonerismo en La Hoyada y cerca de su residencia. Le fue bien en cuanto a ventas pero nunca se acostumbró a la agotadora dinámica de la calle. Ahora, pregonando por whatsapp ve diferencias y similitudes, pero sobre todo sabe que igual hace parte de un inmenso cúmulo de gente que anda en la misma. Las estadísticas para confirmar con números esta afirmación no existen o al menos son inciertas, pero cualquiera con teléfono inteligente sabe que no se trata de una exageración. Por todas partes hay gente vendiendo cosas desde su casa.

Castro no se ha animado a trabajar a través de redes sociales porque su capacidad de producción es pequeña, afirma. Piensa que abrir una cuenta en Instagram ofreciendo sus tortas le va a significar el compromiso de tener que satisfacer una demanda ante la cual por ahora no tiene posibilidades. No obstante, no lo descarta porque de hecho es hacia donde apunta su hija y socia, quien ve en las plataformas virtuales el siguiente paso lógico para el crecimiento de sus inversiones, sobre todo porque aunque la cuarentena se acabe, sabe que ya no hay retorno en cuanto a un mundo y una comunidad cada vez más conectada por internet pero al mismo tiempo cada vez más metida en su casa y con menos interacción cara a cara.

Instagram es el point

En efecto, vender por Instagram es otro nivel. Se trata de un terreno prometedor en donde Venezuela cuenta en 2020 con más de 4,2 millones de usuarios activos, según cifras compiladas por We are social, tomadas a su vez de la estadísticas propias de Facebook, que es la marca tras la red de la camarita.

Aunque Facebook es la red social con mayor penetración en Venezuela con más de 11 millones de usuarios nacionales, lo que hace a Instagram un espacio más usado con fines de negocio es la segmentación de público que ofrece – joven y de poder adquisitivo más solvente-; su formato más proclive a usarse como vitrina para mercancía; el hecho de que es una red social exclusiva para teléfonos celulares, lo cual ofrece una experiencia de uso mucho más personalizada; y finalmente sus perspectivas de crecimiento como red social, que no la ofrece ninguna de las otras redes.

En líneas generales, el perfil de los negocios por Instagram es muy superior al de las ventas por Whatsapp, principalmente porque al instalar una tienda en la red social quienes venden deben tener capacidad logística y de respuesta para una cantidad de público mucho mayor; empero, se supone que cuentan con una mayor estructura humana y financiera que las avala.

Como su local es virtual, los gastos en infraestructura se reducen considerablemente, y en cuanto al papeleo y soporte legal, puede llegar a ser inexistente. Son populares las cuentas de ventas de productos importados tipo bodegón, de artículos electrónicos como celulares y accesorios, y de comida gourmet tanto en lo que respecta a postres de lujo como a platillos internacionales, todo con el servicio de delivery como parte del menú y formas electrónicas de pago para cristalizar la transacción.

Reymar Reyes, caraqueña, periodista, se unió este año a la fiebre del emprendimiento por Instagram y forma parte del equipo de dos iniciativas: la repostería “La tortica de Aleida” (@latorticadealeida02c.a), que es el histórico negocio de su mamá dedicado a la preparación de postres y pasapalos desde hace más de nueve años y la sex shop La boutique XXX (@laboutique_vzla) en la que junto a un grupo de socios vende lencería y artículos para adultos importados de Panamá.

El primero es un negocio de larga data que en pandemia decidió incursionar en las redes sociales, el segundo es una tienda que vio frustrada la apertura de su sede física debido al coronavirus así que nació nativa de Instagram y la página de Mercado Libre, hace solo dos meses, y por los buenos resultados proyecta mantenerse en esa modalidad con o sin virus.

En ambas tiendas, Reyes ha visto cómo la promoción en la red, a pesar de contar hoy con sendas comunidades todavía pequeñas, ha sido factor decisivo.

“Estamos en plena era digital y es una herramienta muy valiosa. En el caso de las tortas, cada vez que mi mamá entregaba un pedido los mismos clientes le preguntaban si no tenía una red social para seguirla y ver sus diseños de una manera más práctica, así que decidimos abrir la página y nos ha ido muy bien. Salen muchos más clientes y es una manera directa para interactuar con ellos. La abrimos en el mes de abril y nos ha ido buenísimo”.

Sobre la sex shop, el grupo de socios concluyó que para el rubro al que se dedican la modalidad electrónica incluso se presta mejor, y dentro de la misma, la venta por Instagram supera con creces la que logran a través de Mercado Libre, que paradójicamente es una plataforma exclusiva para el comercio. “A la gente le parece más cómodo verlos por internet. Todavía hay mucho tabú con este tipo de mercancía y la gente ha dicho que le parece mejor por allí porque en la tienda física les da pena ir y preguntar”.

“Estos negocios por internet son muy rentables y mucho más en esta época de pandemia. Con esta situación mundial ahorita un negocio físico te lo come la inflación y la red social te permite llegar a mucha más gente”, opinó.

Reyes sí detalló que en ambos casos saca partido a su carrera como comunicadora porque para vender por Instagram de forma efectiva sí hace falta tener un conocimiento medio de las herramientas que la plataforma ofrece para llegar a más gente, tener mejor visibilidad y enganchar a más público. La red tiene sus claves y sus lógicas, y allí entra un conocimiento especializado que quien mejor domina, más éxito alcanza.

Tendencia mundial

Una característica que los venezolanos hemos tomado como nuestra es la de “saber resolver”, es decir, saber remontar situaciones de carencia con ideas de negocio innovadoras, y este aumento de los negocios por internet parece responder ese mismo patrón; no obstante, el uso de las herramientas electrónicas para potenciar negocios, sobre todo en este año particular, forma parte de una tendencia mundial.

Las cifras más recientes del estudio We are social afirman que julio 2020 marcó el primer momento de la historia de la humanidad en el cual la población conectada a internet y usando redes sociales es mayoría, con 51%. El estudio de este año, aún en curso, prevé que al final de 2020 habremos estado en promedio 40% de nuestro tiempo despiertos usando internet, lo cual sumado da un total de 100 días al año.

Estas cifras también hablan de lo que llaman e-commerce, es decir, el comercio electrónico, que desde 2019 viene presentando un crecimiento significativo. Dice We are social que tres cuartos del total de usuarios de internet a nivel global entre los 16 y los 64 años compran algo por internet cada mes, y que los países que tienen tasas más altas en este sector son Indonesia, Tailandia y Polonia. También que las tres áreas con mayor crecimiento en el mundo son, en ese orden, belleza y moda, artículos electrónicos y comida, paradójicamente tres tipos de producto que la lógica indicaría que sería mejor probar en persona.

Venezuela cabalga en esta misma dirección, con idiosincrasia y características propias y con dinámicas que, como siempre nos pasan, van a contracorriente de lo que dictan las tendencias y los usos comunes en el resto del mundo. Con estas nuevas plataformas como espacios para la venta, al consumidor también le toca reinventarse. Es una nueva postal de esa nueva normalidad a la que aún nos estamos acostumbrando.





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