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Elogio a un hombre sencillo, por Fernando Mires

Elogio a un hombre sencillo, por Fernando Mires


Mail: @FernandoMiresOl


A los 55 años de edad, cuando algunos ya piensan en el retiro, llegó el triple. Campeón nacional, Campeón de Copa, Campeón de Europa. Igualó la que parecía inigualable marca del recordado Jupp Heinckes, pero con una muy superior diferencia de goles. ¿Quién lo iba a pensar cuando en noviembre del 2019 la directiva de Bayern München pidió la renuncia de Niko Kovac, en esos días en los que el equipo bávaro atravesaba una crisis expresada en un – para Bayern – modesto cuarto lugar?

Rummenigge anunció que Bayern había iniciado la búsqueda de un nuevo DT. Nombres famosos como Mourinho, Kopp, Guardiola, eran barajados. En el intertanto, el ayudante de Nico Kova, Hansi Flick se haría cargo provisoriamente del equipo. Los primeros resultados fueron impactantes. Entre ellos, un 4-0 al tradicional rival, Borussia Dortmund.

Este tipo nos trae buena suerte, deben haber pensado los gerentes del club, así podemos tomarnos un tiempo para elegir con tranquilidad al super DT que necesitamos. Nunca se les ocurrió que lo tenían ahí, en la propia casa. Quizás recién comenzaron a saberlo cuando el equipo no solo ganaba y ganaba, sino, además, ganaba bien y con diferencias de no menos de tres goles sobre sus más empinados adversarios.

Al finalizar 2019 los directivos decidieron entonces dar una breve oportunidad a Flick, condicionada por cierto, a los resultados.

Decisión afortunada. Bayern arrolló a todos los adversarios que aparecían en su camino. Al fin, los directivos tuvieron que rendirse a las evidencias: Campeón nacional y campeón de copa. La posibilidad de que bajo la dirección de Flick, Bayern podía hacer un buen papel en la Copa Europa, comenzaba a ser dibujada. Los resultados los conocemos. El 23.02. 2020, Bayern se coronó campeón de Europa derrotando a Saint Germain de Paris por 1 -0, solo una semana después del “barçacidio“, ese 8 -2 que pasará a la historia como uno de los resultados más impactantes de la historia del fútbol europeo.

Hoy los comentaristas, al referirse a Flick hablan de “la leyenda Flick”, “del genio Flick” “del milagro Flick”. Hansi Flick parece no inmutarse. Con gesto tranquilo, voz pausada y claridad expresiva, contesta con serenidad cada pregunta, aún las más capciosas. En medio de la popularidad que lo rodea sigue siendo el de siempre. Un hombre sencillo, quitado de bullas, alguien que está ahí solo para cumplir su trabajo.

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De su currículum sabemos que el título de DT lo obtuvo con la mejor calificación, que sus primeros pasos como entrenador en Hoffenheim no fueron muy exitosos -le faltaba la necesaria experiencia – y que Joachim Löw, conocedor de sus calificaciones, lo solicitó como uno de sus ayudantes el año 2006. En 2019 recibiría una oferta de Bayer München para actuar como uno de los dos asesores técnicos de Kovac (el otro era el hermano de Kovac) en el mismo equipo donde había destacado como jugador, antes de sufrir una lesión que terminaría su carrera de futbolista.

Asombra que Flick no hiciera grandes modificaciones al cuadro dirigido por Kovac. ¿Cómo se explica entonces que de un juego impreciso Bayern hubiera pasado a ser ese equipo que deslumbra por su armonía, su entusiasmo, su capacidad defensiva y ofensiva? El escritor de estas líneas tiene una hipótesis. Esa hipótesis proviene de las funciones que habían sido encomendadas a Flick en el pasado.

La tarea de Flick, tanto en la selección como en Bayern, consistía en informar al técnico titular del estado físico y anímico de cada jugador. Esa tarea las trasladaría Flick a su trabajo técnico.

En lugar de actuar con la majestad que suele caracterizar a los mega-entrenadores, cuando asoman a dar las últimas instrucciones después que los subalternos han hecho el trabajo preparatorio, Flick conversa con cada jugador.

Conoce -digámoslo con Lacan – la función y campo de la palabra. No se trata por cierto de un compadreo, Flick solo conversa con sus jugadores sobre fútbol, manteniendo una relación profesional. Como debe ser en cada profesión. Los jugadores se sienten así tomados en serio en lo que son: profesionales del balón. A través de ese intercambio Flick logra darse cuenta del estado emocional y futbolístico de cada uno. De ahí que, cuando arma un cuadro no elige siempre a los que son mejores sino a los que están mejor. La diferencia entre ser y estar es en este caso muy importante.

El fútbol es, como pocas, una actividad existencial. De nada valen pergaminos si el jugador no está a punto. Pero a la vez, Flick intenta que esas dos dimensiones, las de ser y la de estar, coincidan de modo aproximado.

Viendo el partido Bayern- PSG, surge otra evidencia: cada jugador actúa en el puesto que más le acomoda. Flick, a diferencia de otros entrenadores, no hace muchos experimentos. Probablemente sabe que desde la infancia, ya sea por características físicas o psíquicas, cada jugador – aún los llamados polifuncionales – prefiere mantener su lugar natural en el campo de juego. Hay también los que con el tiempo experimentan cambios físicos, se vuelven más robustos, más lentos, y piden, aun sin decirlo, otro lugar distinto al que ocupaban originariamente.

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El caso de Alaba es ejemplar. En Bayern, Alaba era defensa lateral y en la selección austriaca, mediocampista central. Para lo primero ya no es demasiado rápido. Para lo segundo le falta esa personalidad que requiere todo mediocampista para imponer ritmo en el juego. Pues bien, Flick lo ubicó en la defensa central donde por su recio físico ayuda en la contención y por su buena técnica da salida al juego; un excelente complemento de Boateng.

Boateng andaba mal cuando llegó Flick. No se complementaba bien con Sule, de características similares. Pues bien, ubicado por Flick al lado de Alaba, Boateng llego a ser el de antes: Un defensa central fuerte y cumplidor. Con los laterales ocurrió algo parecido. A Kimmi, sabiendo que tiene un disparo mortal, le encanta adelantarse y mezclarse con los delanteros. Flick le concedió esa libertad y Kimmi ha causado estragos en las defensas contrarias, pero para eso Flick hubo de solicitar al versátil Thiago que cubra las espaldas de Kimmi. Hacia el lado izquierdo llevó a Davies, quien desde Canadá había arribado al Bayern como delantero. Davies y Coman son los dos cuchillos izquierdos de Bayern. Aunque frente a SGP el primero pudo adelantarse menos que en otros partidos. Cualquier descuido podía ser aprovechado por los letales Neymar y Mbappé.

Pero ha sido en el mediocampo donde Flick ha apuntalado mejor al cuadro. Por de pronto, sacó de la delantera a Müller y lo convirtió en mediocampista. Ni defensivo, ni creativo, ni de enlace. Simplemente un jugador de largas piernas que ataca desde atrás a zancadas. Para las tareas de creación redescubrió a Goretzka. Llegado a Bayern como delantero y después usado por Kovac como enlace, Flick observó que Goretzka no solo juega sino, además, piensa en el juego. Como medio campista creativo, o jugador- aduana, Goretzka fue la revelación del torneo. Hubo sí que sacrificar a Coutinho dejándolo para los minutos finales, cuando hay que tranquilizar el juego.

Adelante también Flick hizo algunas movidas. El gran goleador Levandovsky sin Müller al lado actuaba muy solo. De tal modo puso a Gnabry como segundo delantero-centro. Entre ambos no se han cansado de hacer paredes cortas y lindos goles. Pero para que eso fuera posible, era necesario un “abrelatas”. Ese ha sido Coman. Ahí se notó la persuasión de Flick. Coman siempre ha jugado bien, pero, se notaba, sin seguridad. Hoy, gracias a la confianza que le ha devuelto Flick, es un puntero de tipo clásico. Su dribbling es diabólico.

¿Y Neuer? Neuer, bajo la dirección de Flick volvió a ocupar su antiguo y modesto lugar: el de mejor arquero del mundo.

En síntesis, Flick ha llegado a ser en un corto periodo no solo el DT titular, también es el líder. Alguien que, sin enredarse en estrategias engorrosas, usando el poder de la palabra nacida de la experiencia, imparte órdenes precisas en el momento preciso. Ni mago ni genio. Simplemente un hombre sencillo que, al serlo, convierte en trámites fáciles lo que para otros son complicados rompecabezas.

¿Cuántos como Flick cumplen su trabajo día a día sin haber mostrado nunca su clase? Flick, muy tarde, tuvo la oportunidad que otros no tienen. Pero cuando la oportunidad llegó, actuó como siempre lo había hecho. Con la seguridad de que solo hay dos modos de hacer las cosas: bien o mal. Y Flick las hizo bien. O, dicho en sentido más profesional: las hizo lo mejor posible.

 

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