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El Rey que ensombreció el final de un reinado de éxito

Don Juan Carlos, en su despacho de La Zarzuela en 2012


Madrid
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Seis años después del anuncio de su abdicación, el Rey Don Juan Carlos vive uno de los momentos más difíciles y tristes de su vida. Su largo reinado será recordado en los libros como uno de los mejores, según historiadores tan rigurosos como Juan Pablo Fusi, que lo ha calificado como «un gran momento en la historia de España». Sin embargo, los errores personales de los últimos años amenazan con ensombrecer su figura, eclipsar todo lo logrado y amargarle sus últimos años de vida. Confinado en La Zarzuela por el Covid, lo que de verdad apena a Don Juan Carlos es no ser recordado por sus contemporáneos como él siempre quiso.

Hasta que empezaron a aflorar los errores, su biografía había sido la que le hubiera gustado escribir a cualquier Jefe de Estado, y hubo un tiempo en el que así se lo reconocían dentro y fuera de España. El viejo Rey se ganó a pulso su enorme prestigio personal, pero inexplicablemente años después él se ocupó de desgastarlo, sin que nadie consiguiera salvar a Don Juan Carlos de sí mismo. Rodeado desde niño por adultos y consejeros que le marcaban el paso, Don Juan Carlos había aprendido a buscar válvulas de escape y a romper los cercos que le imponían. Había desarrollado una rebeldía natural que nadie conseguía controlar. Con su encanto personal, su personalidad arrolladora y la fascinación que producía, el Rey conseguía lo que se proponía.

Los errores de su generación

Al final de su reinado, cuando después de muchas dificultades parecía que había entrado en una cómoda rutina, el Rey cayó en los mismos errores personales que tantos políticos y empresarios de su generación: cuentas en el extranjero y, además, un enamoramiento letal. Pero en el caso de un Rey que lo había sido todo -también una autoridad moral- y que siempre fue impecable en el terreno institucional, estos errores resultaban mucho más difíciles de perdonar. Y eso que, según una persona próxima a Don Juan Carlos, «él tenía dos atenuantes». La primera, una larga tradición familiar de cuentas en el extranjero, que les permitieron sobrevivir en los duros exilios, y la segunda, un matrimonio que si bien fue elegido libremente también pudo ser condicionado por las viejas normas de la Monarquía, que exigían a los Herederos de la Corona casarse con Princesas.

Quienes mejor le conocen creen que su personalidad arrolladora e imprevisible también fue clave para conseguir logros que parecían imposibles en España. En un siglo en el que varios reinos se habían convertido en repúblicas, él consiguió lo contrario: restaurar la Monarquía tras un paréntesis de 44 años. Después de casi cuatro décadas de dictadura, logró traer la democracia por un procedimiento pacífico, casi inédito, que se llamó la Transición y se convirtió en un modelo a seguir en el resto del planeta.

La ansiada reconciliación

Cuarenta años después de la Guerra Civil, los españoles habían enterrado sus viejas rencillas y apostaban por la reconciliación. Propició la única Constitución española fruto del consenso y sometida a referéndum, y su reinado se convirtió en una excepción en la historia reciente de España, que hasta entonces había sido la de media España contra la otra media.

También fue un ejemplo de estabilidad y alternancia política, con solo seis presidentes del Gobierno en casi 39 años, y esa estabilidad propició una prosperidad como nunca se había visto antes, que llegó a situar a España entre las ocho primeras economías del mundo.

Salvar la democracia

Don Juan Carlos también fue el hombre que en la noche del 23 de febrero de 1981 salvó la democracia de un golpe militar, el que impulsó el regreso de España a Europa tras siglos de aislamiento y el primer Monarca español que pisó América. En los últimos años pudo ver cómo la democracia se imponía y acababa derrotando a la banda terrorista ETA.

Fue hace más de quince años, cuando las cosas empezaron a torcerse. Aquel hombre que había tenido un comportamiento impecable en el terreno institucional comenzó a cometer errores casi inexplicables en su vida personal, a la vez que conocía a una ambiciosa mujer 26 años más joven que él, con grandes aspiraciones en el mundo de los negocios, llamada Corina Larsen. Don Juan Carlos la había conocido en 2004 en la finca La Garganta, en Ciudad Real, donde se la presentó su anfitrión, el anterior duque de Westminster, ya fallecido. A pesar de las advertencias, Don Juan Carlos mantuvo su amistad, que estuvo oculta para la opinión pública durante casi siete años, hasta que en 2011 ocurrió el accidente de Botsuana y el nombre de esta mujer irrumpió con fuerza en los medios de comunicación.

Incluso el día del accidente Corina dio la medida de su calidad humana, cuando intentó que el avión privado que traía al dolorido Rey de regreso a España para ser operado de una triple fractura en la cadera hiciera una escala primero en Ginebra para dejarla a ella y a su hijo, lo que retrasaría más de tres horas la llegada del vuelo a Madrid.Los acompañantes de Don Juan Carlos se negaron y el avión voló directamente a la capital española. Corina abandonó Madrid al día siguiente y no volvió a regresar a España, aunque ambos siguieron coincidiendo en el extranjero hasta noviembre de 2014, cuando dejaron de verse.

El resentimiento

Sin embargo, Corina fue acumulando un resentimiento contra las personas que habían tratado de alejarla de Don Juan Carlos, entre ellas el director del CNI en aquel momento, Félix Sanz Roldán. Fue entonces cuando apareció el excomisario José Manuel Villarejo, que había hecho una gran fortuna con sus chantajes y extorsiones y se ganó la confianza de la mujer. En 2015 consiguió unas grabaciones en las que ella afirmaba que Don Juan Carlos la había utilizado como testaferro, algo que hasta entonces siempre había negado.

Esas grabaciones se hicieron públicas en 2018 y complicaron judicialmente la vida de Corina, ya que el fiscal de Ginebra investigó sus cuentas y detectó un ingreso de 65 millones de euros, que Corina Larsen atribuyó después a «una donación» de Don Juan Carlos por haberle «cuidado», dijo, un argumento muy endeble. El dinero procedía, al parecer, de la cuenta de la Fundación Lucum, supuestamente vinculada a Don Juan Carlos y el dinero tenía su origen en Arabia Saudí.

La reacción del Rey

En 2019 los abogados de la mujer intentaron implicar a Don Felipe en la operación financiera y le comunicaron por carta, sin ninguna prueba documental, que él había sido designado como beneficiario de dicha fundación en el caso de que falleciese Don Juan Carlos. El Rey envió copia de la carta a las autoridades competentes y acudió a un notario para dejar constancia de que si eso había ocurrido, había sido sin su consentimiento ni conocimiento, y para dejar constancia de su renuncia, en su nombre y en el de su hija, la Princesa de Asturias, a cualquier futura herencia de dudosa procedencia o que no fuera transparente.

A partir de ese momento, los abogados de Corina empezaron a alentar informaciones que implicaran al Rey en dos fundaciones opacas. Lo que no se esperaban era la reacción de Don Felipe, que el pasado 15 de marzo hizo público un exhaustivo comunicado con el que desactivó los intentos de implicarle. Sin embargo, aquella respuesta suponía el doloroso paso de la ruptura con su padre, a quien también retiró la asignación de 194.000 euros brutos que percibía del presupuesto de la Casa del Rey. Al día siguiente, llegó el confinamiento por la pandemia y después las decenas de miles de muertos, la crisis económica y la crispación política. Había estallado la tormenta perfecta.



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