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El chiringuito de los famosos en Ibiza recibe a Fernando Torres

El chiringuito de los famosos en Ibiza recibe a Fernando Torres


Ibiza
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Llegar a Ibiza es un lujo pero hay que saber dónde pasar la jornada. Hay un lugar mágico el Cala Bassa Beach Club rodeado de las mejores aguas cristalinas de la isla. Pero como todo en la isla tiene zona reservada, una especie de zona VIP que ahora han bautizado como Taittinger Lounge. Allí me han invitado hoy Mati y Sonny, los managers de la zona. A ellos les llaman los famosos y las grandes fortunas para que les preparen un sitio privilegiado y les sirvan una sangría con champagne especialidad de la casa y ostras o lo que se precie porque son magos de la psicología y maestros de las relaciones públicas. Este jueves la mejor zona la ocupaba Fernando Torres, el «Niño» un crack del balón con uno de los mejor palmarés futbolísticos del mundo. Acepta charlar conmigo unos minutos después de hacerse un montón de fotos con los niños de la playa que se le acercan. El Niño ya no es rubio, «ahora soy castaño oscuro, mi color natural. Lo otro era otra época», me confiesa sonriente. Para mi gusto ahora está más guapo. A pesar de estar retirado sigue en plena forma y disfruta de la jornada acompañado de su mujer, la gallega Olalla Domínguez, un romance de juventud que se ha convertido en una familia indestructible con tres hijos maravillosos. No me extraña porque ella conquista por su sencillez. Se bañan con todo el mundo y huyen de las excentricidades a lo Cristiano y Georgina.

Nada que ver. Llevaban unos años sin venir porque vivían en Japón, donde Torres jugaba en el Sagan Tosu. Le comento que es portada de la revista «People» como uno de los jugadores mejor pagados del mundo y que según la publicación posee una fortuna de 82 millones de dólares. «Vaya no lo he visto pero no me han consultad», me dice. No le da importancia, me comenta que ahora quiere tomarse un tiempo sabático para estar con los suyos en Madrid y decidir cual será su futuro. «No volveré a jugar pero quiero seguir ligado al mundo del fútbol», confiesa.

No es el único jugador que viene por Calabassa, también Iniesta, Pujol o Jordi Alba son abonados a este pequeño paraíso de placer. Uno se puede gastar desde 100 euros que cuesta una hamaca hasta cuentas de 15.000 euros que suelen ser las de los árabes y rusos que despilfarran aunque este año por el Covid se refugian en los barcos y las villas.

Aquí ha habido bodas, los Pinos están bendecidos por un rabino y hasta organizaron una pedida de mano con orquesta y fuegos artificiales que no llegó a la cena porque la futura pareja discutió antes y rompieron la relación. Aquí se echa de menos a la duquesa de Alba, está era su playa favorita, tanto es así que me cuentan que contrató a Daniel, un camarero de Granada que trabajaba en el chiringuito y se lo llevó como mayordomo al Palacio de Dueñas y a su lado estuvo hasta el último día de su vida. Este verano por las medidas sanitarias solo pueden acoger a unas 100 personas pero muy seleccionadas que saben disfrutar del lujo sobre la arena, sin etiquetas.

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