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El autocine regresó a Caracas, pero con contratiempos

autocine cinex


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Con nostalgia Yamileth Medina, de 43 años de edad, asistió a la función inaugural del proyecto autocine de Cinex, con Evenpro como aliado, en la Zona Rental de la Universidad Metropolitana, donde se proyectó El llamado salvaje con menos de la mitad del aforo, estimado en 128 puestos.

«Yo solía ir a autocines en Valencia con una tía y mis primos cuando tenía 13 años y quiero que mi hijo de 11 viva esta experiencia. Está emocionado, me pregunta cuándo vamos a entrar y cómo veremos la película», expresó Medina.

«Creo que el autocine es una buena medida para sobrellevar la pandemia y para unir a la familia porque, por ejemplo, cuando mi hijo estaba pequeño no podía ir con mi esposo al cine porque no tenía quien me lo cuidara. Al autocine se puede asistir en familia sin importar la edad del niño», agregó.

El estreno de Cinexauto tuvo sus contratiempos. La función del Hotel Tamanaco, que de acuerdo con la franquicia estaba agotada, se suspendió a última hora sin explicaciones. En el lugar los vigilantes respondían que el equipo de Cinex se había trasladado a la Unimet. Y la proyección en la universidad ubicada en Terrazas del Ávila comenzó con casi una hora de retraso.

Para la semana inaugural de su autocine Cinex ofreció un descuento de 50% para sus clientes que incluye un combo dúo especial (dos bebidas y dos cotufas grandes) y una sorpresa de la caramelería. Es decir, por cada vehículo se deben cancelar 17 dólares en el caso de la Unimet y 22 dólares en el Hotel Tamanaco, donde la franquicia ofrece una experiencia VIP.

«Me parece que el precio está accesible porque es el vehículo con cinco personas más el combo. Lo que no me parece es que si somos solo mi hijo y yo debamos pagar lo mismo», opinó Medina.

«Eso es algo que pasa con cualquier servicio hoy día en Venezuela. Ciertamente tiene que haber un límite, pero tampoco pueden estar desfasados», indicó, por su parte, Juan Carlos Rodríguez, de 40 años de edad, quien acudió a la proyección con su mamá y su hija.

Los primeros precios (35 dólares en la Unimet y 45 en el Tamanaco, ambos por cuatro personas en cada carro) generaron quejas entre usuarios, periodistas, figuras del entretenimiento y hasta el anuncio de una investigación por parte del fiscal Tarek William Saab.

El ingreso al autocine fue a las 7:18 pm y la película, pautada para las 6:55 pm, comenzó una hora después. El protocolo de Cinex se encargó de garantizar que los carros pequeños se ubicaran delante y las camionetas atrás, una de las reglas en el espacio, y de velar por que se dejara un puesto de distancia (un metro y medio, aproximadamente) entre cada vehículo como medida preventiva contra el coronavirus.

Con máscaras transparentes y tapabocas, el personal de Cinex pasaba por cada carro para ofrecer productos de la caramelería. El combo de cotufas y refresco para una persona cuesta 8 dólares; el combo dúo, 12 dólares, y la ración de tequeños, 6 dólares. Se puede cancelar con efectivo o con tarjeta de débito (cada trabajador lleva consigo un punto de venta).

Una de las reglas en el autocine es evitar bajarse del vehículo salvo para ir a los baños portátiles, donde personal de Cinex ofrece gel antibacterial a la salida.

Durante la hora y 40 minutos que duró El llamado salvaje no hubo mayores contratiempos. Los usuarios, para escuchar el audio del filme, tenían que sintonizar la estación radial 91.5 en el vehículo o en el celular. Antes de empezar la función un empleado de Cinex se paseó entre los asistentes para preguntar si conocían la frecuencia.

A medida que transcurría la película, una producción protagonizada por Harrison Ford que combina la acción en vivo y la animación por computadora para contar la historia basada en una novela de Jack London sobre un perro que busca su lugar en el mundo, hubo quienes prefirieron estacionar sus camionetas al revés para verla sentados en la parte trasera del carro, otros que optaron por irse y algunos que se decantaron por hablar en vez de atender la narración o mirar la Luna llena escondida entre la neblina caraqueña.

Es una experiencia distinta en medio del tedio que genera la cuarentena, dice Carolina Fernández, de 45 años de edad. «Con este tema de la pandemia hay que ajustarse. Todos estamos paralizados, no quería tampoco quedarme en mi casa viendo lo mismo en la televisión».

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