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Educación | Educación inclusiva para acabar con el estigma desde muy temprano – El Salto

Educación | Educación inclusiva para acabar con el estigma desde muy temprano - El Salto


En 2006, gran parte de la generación de nacidos y nacidas en los años 90 estaba inmersa en la narrativa de Rebelde, una exitosa telenovela mexicana que trata la vida de unos jóvenes en un prestigioso colegio privado que terminan formando un grupo de música llamado RBD. Emma (nombre ficticio), que formó parte del movimiento fan de la serie, empezó a darse cuenta de que idolatraba a una de sus componentes. “Estaba pendiente de todo lo que hacía. En ese momento no sabía lo que me pasaba, hasta que dos años después, en quinto de primaria, llegó una chica nueva a clase”, comenta. Entonces empezó a sentir por su nueva compañera lo mismo que por su ídolo: “Cuando la vi por primera vez sentí que quería estar todo el rato con ella. Pensaba que simplemente era mi mejor amiga, pero quería abrazarla y besarla. Me fui dando cuenta de lo que me pasaba y de lo que sentía”. Emma no solamente idolatraba a Maite Perroni, la actriz de RBD, ni tampoco quería ser solo la mejor amiga de su nueva compañera de clase. Emma “se quería casar” con las dos.

Pero hasta empezar la secundaria, Emma no empezó a aceptar que le gustaban tanto las chicas como los chicos. A día de hoy, no recuerda que durante su etapa escolar se diese alguna charla sobre diversidad afectivo-sexual, ni siquiera que se le mencionase, ni tampoco cree haber tenido referentes a lo largo de su infancia que le ayudasen a poder definirse como una chica bisexual o a interiorizar que la diversidad es una condición completamente válida. Todo esto se le fue acumulando hasta que estalló al entrar en el instituto.

“Empecé la adolescencia con un estándar en todo: había un estándar de familia perfecta y feliz que hacía que yo me avergonzase de la mía; había también un canon de belleza donde yo nunca he encajado ni encajaré, que ahora me da igual pero que en su día se me hizo un mundo… Lo mismo con la diversidad LGBT; siempre me costó sentir que encajaba”. Ella es una de tantas jóvenes en cuya educación no se naturalizó la diversidad. Lejos de eso, era un tema tabú donde además se añadían formas de discriminación justificadas por ser “juegos de niños”. Sin embargo, en los últimos años, varios colegios han empezado a apostar por eliminar estas dinámicas que, desde el sistema educativo, alimentan el estigma que rodea a los colectivos minorizados.

Otro modelo educativo

Las escuelas inclusivas tratan de seguir un modelo educativo que atienda las necesidades individuales del alumnado del centro sin que la diversidad —ya sea afectivo-sexual, familiar, de identidad de género, racial o funcional, entre otras— de cada estudiante sea un obstáculo para alcanzar sus propios objetivos. Toñi Perea, Coordinadora de Convivencia e Igualdad del CEIP San Antón, en Pinoso (Alacant), define estas escuelas como iniciativas “basadas en la detección precoz de necesidades y barreras que puedan dificultar el aprendizaje de nuestro alumnado”.

La formación al profesorado para la educación inclusiva suele recaer en el puesto de Coordinador o coordinadora de Igualdad y Convivencia, que solo existe en diez comunidades autónomas

Para ello se promueven una serie de actividades, dinámicas y charlas de formación al profesorado. Este trabajo suele recaer en el puesto del Coordinador o Coordinadora de Igualdad y Convivencia (CIC), una figura que solo existe en diez comunidades autónomas, entre las que solo País Valencià y las Islas Canarias se especifica entre sus funciones la de trabajar la diversidad sexual, de género y familiar. “Al menos nos aseguramos de que una persona dentro de cada centro de esas comunidades esté con esas gafas violetas y arcoíris para que se cumplan esos requisitos”, expresa Visi González, CIC del CEIP Óscar Esplá, en Alacant. “Hasta ahora se esperaba a trabajar la visibilización e igualdad en secundaria, pero a lo largo de la infancia ya se han educado valores en casa y en la cultura, tanto positivos como negativos”, argumenta González. “Al llegar al instituto ya puedes tener el racismo, la xenofobia y la homofobia interiorizadas, y esto es grave porque se expresan con más libertad”.

En materia de igualdad y diversidad, cada escuela imparte sus propias actividades o talleres. En el CEIP Óscar Esplá, cada 8 de marzo visibilizan a la mujer en diversos ámbitos (la ciencia, la literatura, el arte…) o celebran el Día de las Familias el 15 de junio, donde se unifican los días del padre y de la madre junto con el día contra la LGTBIfobia, para hablar de las familias de todo tipo. Así nadie del alumnado siente que su familia no está representada. “En Carnaval los y las niñas tienen el mismo disfraz, y si hay que pintarse las uñas, por ejemplo, se las pintan todos por igual”, explica su directora, Ainhoa Alite.

El objetivo es que el alumnado no sienta vergüenza de expresar quiénes son porque su profesorado lo ha naturalizado previamente, y para ello, explica González, trabajar con los y las profesoras es fundamental. “La gente que sale de la carrera de magisterio no ha recibido ninguna formación en diversidad, dado que suele ser una asignatura optativa o un máster”, introduce. Por eso, cuando entra un nuevo docente a la escuela se le da cierta formación al respecto, pero no solo eso: también promueven actividades que combatan los roles de género, cuidan que en la biblioteca haya cuentos diversos o rechazan las actividades que dividan a niños por una parte y niñas por la otra —de esta forma, si hay algún alumno o alumna trans, no se ve obligado a elegir en qué grupo se pone—. “Quien se encarga de esto tiene una gran labor, primero debe estar continuamente formándose en feminismo y coeducación”, explica Perea.

“Hasta ahora se esperaba a trabajar la visibilización e igualdad en secundaria, pero a lo largo de la infancia ya se han educado valores en casa y en la cultura: al llegar al instituto ya puedes tener el racismo, la xenofobia y la homofobia interiorizadas, y esto es grave porque se expresan con más libertad”

La importancia de crear una plantilla de docentes formados en diversidad se refleja, por ejemplo, en el caso del CEIP Julio María López Orozco, en Elche (Alicante), donde una alumna se declaró abiertamente como niña trans. Su director, Santiago Soriano, cuenta que desde el principio el centro aplica el protocolo de acompañamiento para garantizar el derecho a la identidad y expresión de género. Además, el País Valencià ha sido un ejemplo con el Protocolo de Acompañamiento a Menores Trans en las Aulas, de diciembre del 2016, que se puso en marcha antes de la aprobación de la propia Ley Trans, y que establece que en el momento en el que un menor se autodetermine como trans se deben cumplir sus necesidades con el apoyo y asesoramiento de entidades especializadas que, además, han de aportar formación al centro para que sepan integrar a ese alumno o alumna en igualdad de condiciones.

Aprender en la escuela, enseñar en casa

Aunque en general la educación inclusiva trabajada desde la escuela es recibida de manera positiva por parte de las familias, las trabajadoras del centro no niegan que han recibido quejas de algunos progenitores que han llegado a tildar su metodología de “adoctinamiento”. “No estamos aquí para contentar a las familias, estamos aquí para cumplir la ley y la estamos cumpliendo”, argumenta González. Hace referencia a las decenas de leyes y convenios, tanto de alcance internacional (Convenio de Estambul), como nacional (Constitución Española, Ley Orgánica 3/2007, Ley Orgánica 8/2013) o autonómico (Ley de Igualdad de las Personas LGTBI de la Generalitat Valenciana), que exponen que nadie debe sufrir ningún tipo de discriminación y que, además, el sistema educativo debe desarrollar valores que fomenten la igualdad de género, la no-violencia y el respeto y la visibilización a la diversidad.

Más allá del aspecto legal, hay varios pilares que justifican los beneficios de la educación inclusiva. Andrea Pelegrín, psicóloga del Centro Psicopedagógico Gabaldón (Alicante), afirma que este tipo de educación es crucial para proteger a los niños y niñas de caer en prácticas que puedan fomentar la discriminación y trabajar en una sociedad tolerante. “Los niños no nacen con prejuicios, más bien se forjan a través de la educación que la sociedad y la familia les brinda”, explica. “Hablarles de diversidad mejora la forma en la que los niños se relacionan no solo con sus iguales, sino con el resto de personas: les permite ser más flexibles, mejora su adaptación y favorece su crecimiento personal y social”. La educación en diversidad, añade la psicóloga, reduce el acoso o el miedo al rechazo.

“No haber oído nunca hablar de diversidad sexual ni de validación de cuerpos me hizo sentir que no era válida. Creí y asumí que no encajaba en ningún sitio y esto tuvo una serie de repercusiones sobre mi salud mental”, rememora Emma

“Si tú te sientes normal (sea lo que sea que signifique ser normal) no tendrás problema alguno en que otra persona sea diversa, y si te sientes diverso vas a sentirte respetado e integrado, tanto por parte de la otras personas como por ti mismo”, apoya González. Emma coincide con el análisis: “No haber oído nunca hablar de diversidad sexual ni de validación de cuerpos me hizo sentir que no era válida. Creí y asumí que no encajaba en ningún sitio y esto tuvo una serie de repercusiones sobre mi salud mental”, rememora la joven, que reconoce que a lo largo de su adolescencia sufrió de trastornos de la conducta alimentaria y comparte que el hecho de sentir que no encajaba en ningún sitio le llevó a querer quitarse la vida.

De normalidades y normativas

Durante muchos años de gobierno conservador, defiende el presidente de Diversitat, Toño Abad, se ocultaba la violencia que se ejercía sobre este colectivo. “Las fichas de plan de prevención de acoso en las aulas, donde se marcaba qué casos de violencia se daban y de qué tipo, no contemplaban una casilla de comportamientos homófobos o transfobos, y como no se catalogaba de violencia no había herramientas para atajarlo”, recuerda. Ser LGBTI, defiende, suponía crecer solos, sin acompañamiento y sin referentes porque la sociedad nunca les había reflejado. Ni los medios de comunicación, ni la cultura, ni la educación; y cuando hacían referencia a la diversidad era mayoritariamente, expresa, para parodiarla o atacarla. “Hemos sido tratados como enfermos por la medicina, como pecadores por la Iglesia y como delincuentes por la ley”, comenta Abad.

“El problema es que no deberíamos ser las entidades privadas las que enseñemos a respetar a los niños, esto debería ser cosa de la administración educativa”, argumenta Abad, presidente de Diversitat

Aunque las administraciones autonómicas y locales deben velar para que las aulas sean espacios seguros y libres de toda discriminación y deben garantizar que el personal escolar reciba formación para prevenir y actuar contra cualquier tipo de ataque a la diversidad —tal y como expone la valenciana Ley de Igualdad de las Personas LGTBI— Visi González se mantiene crítica. Son sobre todo entidades privadas o el propio centro, expone, quienes lo hacen: “Pagamos a una sexóloga para que se traten estos temas especialmente al último ciclo, ya que el Ayuntamiento lo cubre en secundaria y no en primaria porque al parecer no somos sexuales hasta el instituto. Nosotras pensamos que en secundaria llegamos tarde a todo”.

“El problema es que no deberíamos ser las entidades privadas las que enseñemos a respetar a los niños, esto debería ser cosa de la administración educativa”, apoya Abad. Diversitat, junto con el colectivo Lambda, lograron que se aprobara el Plan PREVI (de prevención de la violencia y promoción de la convivencia escolar en la Comunitat Valenciana) para que se estudiansen las causas de la violencia contra el colectivo LGBT, de forma que se pudieran promover medidas en la comunidad educativa para erradicarla. “A partir de 2015 se comienza a cambiar el paradigma educativo hacia una escuela inclusiva donde se contemplan estos casos y se forma al profesorado, lo cual es vital para ampliar ese efecto de escuela basada en valores democráticos y constitucionales”. Porque formar en diversidad, ironiza Abad, no consiste en “entrar en las aulas con un lanzallamas y prender fuego a las escuelas y a la familia tradicional”, sino que es un trabajo de acompañamiento. “En un futuro estos niños serán ciudadanos adultos expuestos a la discriminación por su propia condición”, recuerda.

Lidiar con pandemias

La crisis sanitaria ha afectado a cualquier aspecto de la “antigua normalidad”, y la educación no ha salido ilesa. Perea comenta que en algunos centros se ha priorizado el trabajo curricular sin tener en cuenta la coeducación y sin plantearse que la igualdad y la diversidad deben trabajarse de forma transversal, no como algo que se imparte en un bloque.

Perea comenta que en algunos centros se ha priorizado el trabajo curricular sin tener en cuenta la coeducación y sin plantearse que la igualdad y la diversidad deben trabajarse de forma transversal, no como algo que se imparte en un bloque

Si bien Ainhoa Alite se muestra optimista respecto al futuro de las escuelas inclusivas al considerar que un alumnado educado en este sentido redundarán en una sociedad mejor, González alerta sobre el crecimiento de la extrema derecha en España: “Todo lo conseguido se puede ir si la ultraderecha decide cambiar las instrucciones de la escuela pública y dejamos de tener derecho de tratar los principios de inclusión en el aula”. Abad, por su parte, observa que se avecinan generaciones jóvenes “con discursos muy potentes” que tienen en su ideario e identidad causas como el ecologismo, el feminismo y la diversidad.

Emma también ve con esperanza la llegada de las nuevas generaciones, pero reconoce que trabajar el amor propio le está resultando difícil. Al cuidado de su propia salud mental se suma el esfuerzo por cuidar de su hermano Leo (nombre ficticio) que tiene doce años y va a pasar al instituto. Leo es un niño trans y, aunque algunas compañeras de clase le apoyan, dentro de su familia solo lo hace su hermana Emma. Le gustaría, dice, que los demás también empezasen a dirigirse a él en masculino. Y a pesar de que sí se le ha hablado alguna vez de diversidad en la escuela, cree que no lo suficiente.

Pero mientras Emma no tenía referentes que le ayudasen a entender por qué admiraba tanto a aquella cantante de RBD o a su nueva compañera de clase, Leo los encuentra en todas partes: en los comics, en la televisión, en los libros o en las redes sociales, con suerte en su futura aula. Desde enero, Leo no tiene reparos en decir que es un chico; el objetivo de su heramana es que siga sin tenerlos cuando pase al instituto. Al joven Leo, concluye él, no le gusta “ocultar las cosas”.



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