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Economía social y solidaria | Sentir soledad: cuando el sentimiento lo causa la administración – El Salto

Economía social y solidaria | Sentir soledad: cuando el sentimiento lo causa la administración - El Salto


La soledad no deseada sigue percibiéndose como una experiencia a la que resignarse, provocada por una situación negativa como perder a un ser querido, ser migrante, mayor, ser leída como persona con discapacidad… Una especie de “destino inevitable” que aísla, margina, desvincula y deteriora la salud física y emocional. 

Está visión impide analizar la soledad y otros malestares de la vida cotidiana como problemas profundamente determinados por la estructura social, política y económica en la que vivimos, sostenida sobre múltiples desigualdades: Capacitismo, productivismo, clasismo, racismo, sexismo, edadismo o heterosexismo.

Normalización de violencias estructurales que causan soledad: Ejemplos

  • Como empleada del hogar solo tengo 2 horas libres al día, normalmente por la noche, así que es muy difícil mantener amistades, vínculos…
  • No puedo buscar trabajo porque no cuento con un lugar o centro gratuito para que cuiden a mis hijas al menos un par de horas.
  • Como madre de una persona con parálisis cerebral, recibo muy pocas ayudas que puedan asumir el coste de los tratamientos, apoyos técnicos o que me permitan tener tiempo libre.
  • Como desempleado de larga duración, sé que voy a tener que asumir cualquier condición laboral si quiero ganar algo de dinero.
  • Todos los días realizo un trayecto de casi dos horas para ir a mi trabajo, por lo que salgo muy temprano de casa y vuelvo por la noche a mi barrio.
  • Sabemos que muchos menores del centro no han podido continuar con las clases durante la COVID19 porque no cuentan con medios tecnológicos en su casa.
  • Como persona con lectura de discapacidad no puedo realizar una vida como la del resto, porque el entorno no es accesible.
  • Este barrio está lleno de servicios de hostelería porque solo está pensado para el turismo y no cuenta con comercios de primera necesidad a precios asequibles.

La persistencia de estas violencias estructurales y la naturalización de los malestares que genera, regula aspectos básicos como las oportunidades, los derechos y los recursos para cada persona y grupo social concreto, a través de un sistema que premia la capacidad o éxito individual. Sin embargo, al existir factores sociales, políticos y económicos detrás de las soledades, el objetivo no puede ser cambiar solo a las personas, sino a la estructura.

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La dimensión institucional de la soledad

De esta forma, analizar la soledad y el aislamiento social desde un enfoque psicológico o relacional, sin tener en cuenta la dimensión institucional es un profundo error. Es sabido que el Estado de Bienestar ha sido organizado para que la mayor parte de los apoyos instrumentales y emocionales recaigan en los servicios públicos o privados. No obstante, estos servicios y profesionales determinan cuáles son los perfiles, canales y protocolos para acceder a los recursos y no siempre son accesibles, transparentes o dignos para las personas y su entorno. Aquí algunos ejemplos:

  • Llevo 4 meses sin cobrar el ERTE. Ninguna persona de los teléfonos a los que llamo me sabe responder porque los protocolos diseñados ni sirven ni se revisan. 
  • Las valoraciones de dependencia no tienen en cuenta múltiples situaciones cotidianas del entorno de la persona analizada.
  • Pese a las medidas legislativas, los entornos siguen sin ser accesibles a la diversidad funcional, por lo que por mucho que yo quiera, no puedo tener una vida considerada normal.
  • Para evitar conflictos, en mi instituto nunca se habla de sexualidad y diversidad, por lo que tengo que callar mi orientación para no recibir insultos.
  • Las redes vecinales nos vemos desbordados porque los servicios sociales no se han reforzado para atender necesidades de alimentación, guardería, vivienda…pese a las numerosas peticiones.
  • Pese a todas las quejas vecinales, las casas de apuestas siguen creciendo en los barrios más pobres.

En la actualidad, la experiencia de democracia es más patente a la hora de recibir exclusiones y desigualdades, que buenos tratos y derechos universales. Esto provoca que cada vez más personas (usuarias y trabajadoras de servicios públicos) se sientan solas a la hora de acceder o cumplir con sus derechos y obligaciones. Es necesario, por tanto, un cambio en la manera de entender y hacer lo “Público”, de hacer “Buen Gobierno”:

Enfoque comunitario: enfoque de economía social y solidaria

Desde los preceptos de la economía social y solidaria (ESS), la perspectiva de trabajo para abordar la soledad no deseada es profundamente comunitaria, a través del impulso de redes de apoyo informales, dándoles la importancia que merecen, sin excluir el resto de recursos, tanto formales como asistenciales.

Potenciar el sentimiento de comunidad, trabajando desde la cooperación y el apoyo mutuo frente a la competitividad, tal y como hace la economía solidaria, es una de las principales estrategias para abordar la soledad no deseada e impulsar el bienestar social.

El impulso de la autogestión y el fomento de la autonomía en la construcción de redes de apoyo mutuo provocan una menor dependencia de unos recursos que, con el tiempo y por diferentes causas, pueden desaparecer o fallar.



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