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Diario de la peste de Gonçalo M. Tavares- Día 53 y 54 | Coronavirus Libros

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Compartimos la nueva entrega de Diario de la peste, columna del escritor portugués Gonçalo Tavares sobre la vida en tiempos de la pandemia del coronavirus COVID-19 publicada originalmente en su idioma original en el Expresso de Portugal. Aquí puedes encontrar las anteriores entregas.

Traducido por Paula Abramo.

Como si la valentía fuera un sentido de orientación

14 de mayo de 2020

Una peregrinación sin peregrinos. El día de ayer, todavía.

Porque no se peregrina sólo con los pies, dicen.

El Santuario de Fátima pidió a los que se quedaron en casa que encendieran una vela junto a las ventanas.

De día, una vela no se ve. Por la noche, sí.

En California, una universidad canceló todas las clases del semestre a partir de septiembre.

Y en Montenegro encarcelaron a un obispo por organizar una procesión.

Desde el campo, me dicen que una cigüeña vive en una palmera muerta del cementerio.

Ya tiene crías y están grandes.

Murió uno de los principales líderes indígenas de la Amazonia.

Los rituales suspendidos, postergados.

A la distancia, todos los rituales parecen iguales.

La importancia de la ciencia; en la revolución y en la enfermedad.

Lavoisier guillotinado en la Revolución francesa, acusado de fraude y de vender tabaco adulterado.

Alguien habrá dicho: no se debe matar a un hombre tan sabio.

El juez: La República no nececesita hombres de ciencia.

La criminalidad en Italia ha caído un 90% durante el confinamiento.

En un periódico de Brasil, el rostro enorme de una enfermera. Con marcas rojas y blancas.

En Madrid y en la Amazonia, las personas tocan su propio cuerpo como un tambor.

Producen un sonido que suena a lamento.

La mano contra el cuerpo produce una risa y un llanto muy distintos de los que produce la boca.

Alguien me cuenta que en Angra se oye ladrar a los perros como antes del alud de lodo de 2010.

Frontera Bélgica-Holanda.

Una tienda de ropa llamada Zeemans, una mitad a cada lado.

La parte de la tienda de Holanda, abierta.

La parte de la tienda de Bélgica, cerrada.

La parte de la tienda de Bélgica, cerrada, tiene ropa de hombre.

Paul B. Preciado, octubre de 2016. Tras rentar una casa en Atenas.

La casa, vacía. El cuerpo, en tránsito. Cero muebles.

Dormía en el suelo, despertaba con dolor en las caderas, en los codos.

La primera experiencia estética, dice Preciado: un cuerpo, un espacio.

Dos consideraciones rápidas:

“Una mesa y una silla forman una pareja complementaria que no admite preguntas.

Un armario es un primer certificado de propiedad privada.”

Imaginar a Paul B. Preciado en la tienda de ropa llamada Zeemans.

Dos lados separados por una frontera violenta.

Los hombres no pueden comprar pantalones porque los pantalones están en Bélgica.

Junto a un árbol, en medio de un parque. Una caja.

Una hoja escrita a mano colgada del tronco:

Llévate lo que necesites. Deja lo que quieras.

Pero alrededor del árbol hay poco movimiento.

Alguien que no cree en los seres humanos dice:

“Si todos se llevaran lo que necesitan y dejaran lo que quieren, esto sería un basurero en poco tiempo “.

Un cartel cínico, propone ese alguien:

Deja aquí todo lo que necesites, llévate lo que yo deseché.

Tove Ditlevsen, poeta, dinamarca.

Sobre el matrimonio y el divorcio.

“Él pediría

en caso de divorcio

la mitad

de todo

dijo él

medio sofá

media televisión

media casa de campo

medio kilo de mantequilla”.

En Francia, una pareja de novios con máscara posa para la foto.

Y en México, medidas para el recomienzo.

A los municipios con menos casos los llaman “municipios de la esperanza”.

Mi oráculo. Jardín de Morya.

“Aquél que es valiente, elige el buen camino”.

Como si la valentía fuera un sentido de orientación.

Llevarse la valentía, prescindir de la brújula.

Mantener la alegría por encima de cierto límite

15 de mayo de 2020

Mantener la alegría por encima de cierto límite.

Por debajo de cierta cantidad, la máquina se detiene.

Se cansa y hasta se pega un tiro en la cabeza.

Austin, Texas: alrededor de 250 personas protestaron contra la obligación de quedarse en casa.

Banderas de los Estados Unidos.

El rostro cubierto, pero no por un cubrebocas.

En la boca, un pañuelo con la bandera del país. Mano y arma.

En el pulgar y en el índice reside la nerviosa libertad del sujeto.

Bastan dos dedos en tenso funcionamiento para que la libertad de uno ponga a temblar al otro.

Cartola canta:

“Preste atenção, querida:

embora eu saiba que estás resolvida,

em cada esquina cai um pouco a tua vida,

em pouco tempo não serás mais o que és.”

Cartola deprime a los seres humanos y a los animales; a las plantas y a las paredes.

Me imagino a alguien que se protege la boca y la nariz con la Constitución de los Estados Unidos.

Un restaurante sueco en medio del campo con una sola mesa para un único ser vivo que tiene hambre.

Construir un desierto para poner al centro una mesa segura.

No tiene empleados.

Como un teleférico: la comida llega en una canasta a través de una cuerda.

Un desierto para cada ciudadano, piden los más exigentes.

Distancia, distancia.

Cartola deprime, pero los animales aquí en casa resisten.

Un intento de quitarle el casco a Roma de la cabeza. Algunas horas de libertad alrededor del cráneo; pero fue necesario volver atrás.

Como se hace con una ciudad entera o un país.

Un animal no puede únicamente mirar una herida.

Nada en la vida del animal es estética, todo es urgencia y socorro.

Todo es ética en el animal, por lo tanto. Nada en él atiende a la belleza o la fealdad.

Cartola:

“De cada amor tu herdarás só o cinismo,

quando notares estás à beira do abismo:

abismo que cavaste com os teus pés”

Estudio identificó 198 mutaciones del virus.

Como si cambiar fuera la forma de pasar de un día a otro.

Con frecuencia, los perseguidos no dormían dos veces en la misma casa.

Cambiar de dirección y de cama para que el enemigo no bombardee nuestro sueño y nuestro insomnio.

Un virus nómada dentro de sí mismo.

Ser nómada en casa, sin que nadie vea. 198 mutaciones en un día.

“Si tienes más de 35 años y aún no has aprendido a tocar el piano…”

Un anuncio.

No escuché el final.

Proyecto: 198 nombres para el virus. Empezar:

1.- Aquel que está a la expectativa

2.- el escondido.

3.- aquel que no deja salir

4.- aquel que no te deja entrar

5.- el que no deja que los que están vivos se acerquen al muerto.

Seguir haciendo la lista, creer que encontrar el último nombre del enemigo no es matarlo, pero casi.

Usar, en el diario, a Hölderlin y Rilke como oráculos insólitos.

Que llegan después del fin. Que ya saben.

Una mujer se ahorcó en un balcón, en Milán.

Rilke, hoy.

“Oh, tú, Dios Vecino, si en la larga noche

te molesto alguna vez con recios golpes,

es porque apenas te siento respirar

y porque sé que estás tú solo en la sala.”

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