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De “Volver al futuro” a “Dark”: ¿Por qué nos gustan tanto los viajes en el tiempo? Series

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Hay pocas ideas que generan tanta fascinación en las audiencias como la de los viajes en el tiempo. La capacidad de visitar tiempos pasados o futuros lejanos, así como cambiar nuestros errores, ha sido una de los más poderosos recursos narrativos en los últimos cien años. Muestra de ello ha sido el reciente éxito de “”, serie de ciencia ficción alemana que ha estado entre lo más visto de la plataforma . Ante el estreno de su tercera y última temporada, exploramos nuestro recurrente interés a este tipo de historias.

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Este artículo tiene doble función: entender por qué nos gustan los viajes en el tiempo a los seres humanos, pero también conocer la historia del subgénero. Para lo primero conversamos con cuatro autores peruanos: quienes se atreven a responder la difícil pregunta. Sobre lo segundo, podríamos considerar este texto como un catálogo de ficciones, un índice de aquellos Tony, Jonas, Marty, Noriko, Martha y demás personajes a quienes su época no les bastó y debieron buscar otras realidades.

EL ORIGEN

A pesar de ser una idea tan embebida en el colectivo actual, la idea de viajar en el tiempo en ambas direcciones es más o menos un recurso reciente en la historia de la humanidad, que no se ve mucho en la mitología y religiones del mundo. Lo que sí se presentaba era la idea de un personaje quedando atrapado en un tiempo futuro bajo diversas circunstancias. Ejemplo de ello es el relato sobre el rey Kakudmi en la épica hindú “Mahabhárata” (siglo. III), quien luego de visitar al creador Brahma para consultarle con quien casar a su hija, es informado que el tiempo pasa diferente en el plano celestial y que mientras esperaba por su audiencia con la deidad habían pasado cientos de años en la Tierra.

O rey, todos aquellos que habrías elegido en tu corazón para aceptar como yerno han muerto con el paso del tiempo (…) Debes entonces dar esta joya virgen a otro esposo, porque ahora estás solo, y tus amigos, ministros, sirvientes, esposas, compatriotas, ejércitos y tesoros han sido hace mucho barridas por las manos del tiempo”.

Otro ejemplo de este tipo de historias es la historia de Urashima Taro, una leyenda japonesa que data del siglo VIII sobre un pescador que, luego de salvar a una tortuga, es invitado al palacio del dragón dios del mar, donde pasa tres días en medio de fiestas y celebraciones. Impulsado por la necesidad de ver a su madre anciana, Taro regresa a la superficie y se da cuenta que han pasado 300 años desde su partida.

Dibujo de Urashima Taro y la princesa de Horai por Matsuki Heikichi (1899). (Fuente: Dominio Público)
Dibujo de Urashima Taro y la princesa de Horai por Matsuki Heikichi (1899). (Fuente: Dominio Público)

En tiempos modernos, la primera novela en tocar elementos de viajes en el tiempo es posiblemente “Memorias del siglo veinte”, publicada en 1733 por el escritor irlandés Samuel Madden. Escrita como una novela epistolar, trata de una serie de cartas enviadas, bajo un método desconocido, por diversos diplomáticos británicos desde el lejano año de 1900 al ‘presente’.

Posteriores historias utilizaron los sueños como manera para viajar en el tiempo, como es el caso del relato corto “Rip Van Winkle” (1819) de Washington Irving, donde un colono estadounidense sufre un misterioso sueño de 20 años, perdiéndose la lucha por la Independencia de los Estados Unidos (1775-1783). Mientras tanto, la novela “Cuento de Navidad” (“A Christmas Carol”) (1843) de presenta uno de los primeros y más prominentes viajes al pasado y al futuro en el mismo relato, aunque dejando ambiguo si el protagonista realmente fue visitado por seres sobrenaturales o si se trató de una quimera.

Otro prominente ejemplo de viaje al pasado es “Un yanqui en la corte del rey Arturo” (1889) de Mark Twain, donde un estadounidense del siglo XIX es transportado a la Edad Media inexplicablemente tras recibir un golpe en la cabeza, contexto que le da suficiente ambigüedad al relato para tratarse de una simple alucinación. De ahí el epónimo ‘yanqui’ empieza una revolución industrial en la Inglaterra feudal, para luego ser depuesto por las fuerzas reactivas de la iglesia y recibir una maldición por su rival Merlín, quien lo obliga a dormir por 1000 años.

LA MÁQUINA

La increíble popularidad de las novelas de Julio Verne, así como la evolución del concepto del tiempo por la ciencia llevó a que a fines del siglo XIX las historias de los viajes en el tiempo se volcaran a la ciencia ficción. Si bien es indudable que la novela “La máquina del tiempo” (1895) de H.G. Wells fue la comenzó el rápido ascenso de este género al lugar prominente que disfruta en la actualidad, su obra no fue la primera en presentar a un científico que crea un aparato que le permite viajar de una época a otra de su elección.

Este honor parece pertenecer en cambio al escritor español Enrique Gaspar y Rimbau, quien en 1887 publica “El anacronópete”, una novela que relata las aventuras del gran científico don Sindulfo García, quien inventa una máquina (el titular anacronópete) que permite desplazarse en el tiempo y en el espacio.

Grabado de la máquina titular de "El Anacronópete" por el ilustrador Francesc Soler presente en la primera edición del libro. (Imagen: Francesc Soler)
Grabado de la máquina titular de “El Anacronópete” por el ilustrador Francesc Soler presente en la primera edición del libro. (Imagen: Francesc Soler)

A diferencia de la máquina del tiempo de la novela de Wells, que viaja a través de las edades al desplazarse por la entonces teórica cuarta dimensión, la de don Sindulfo García funciona bajo un principio que sería conocido para los aficionados de la película “Superman” (1978).

Como el tiempo para envolverse en la tierra camina en dirección contraria a la rotación del planeta, el Anacronópete para desenvolverlo tiene que andar en sentido inverso al suyo e igual al del esferoide, o sea de Occidente a Oriente”, describe Gaspar y Rimbau en la novela. La máquina, que funciona gracias a la electricidad, navega a “una velocidad ciento setenta y cinco mil doscientas veces mayor” a la que le toma al planeta completar un día, por lo cual puede viajar “cuatrocientos ochenta años en el pasado” en el transcurso de 24 horas.

Con esta maravilla de la ciencia, el científico y sus acompañantes viajan en múltiples aventuras a lo largo de la novela, visitando momentos históricos como la entonces reciente batalla de Tetuán en 1860 en Marruecos, la China del siglo III, Pompeya antes de la erupción del Vesubio y, pasando a la materia bíblica, los tiempos de Noé. Interesados en “El Anacronópete” .

LA ILUSIÓN

“La máquina del tiempo” sembró las semillas para la futura popularización de este género, que sin embargo no pudo avanzar tanto sin el mayor entendimiento sobre ese extraño concepto que es el tiempo, avanzado por los físicos y científicos de principios del siglo XX. Solo diez años después de la publicación de la novela de Wells un entonces poco conocido físico de nombre publica su teoría de la relatividad (1905), en la que se determina que el tiempo es una variable y este queda inexorablemente relacionado al espacio en el ramado tetradimensional espacio-tiempo, cambiando de manera irreversible la manera en que visualizamos el concepto.

“El tiempo es una ilusión persistente”, escribiría Einstein en 1955 en una famosa carta a la familia de su amigo Michele Besso.

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La teoría de la relatividad también abrió implicancias interesantes para la ciencia ficción, como la dilatación del tiempo, concepto que indica que el tiempo pasa diferente para distintos observadores dependiendo la velocidad en que viajan. El ejemplo más conocido es el de los gemelos astronautas: uno se queda en la Tierra y el otro emprende un viaje en una nave que viaja a una velocidad cercana a la de la luz. Según lo postulado por Einstein, al terminar el trayecto, el gemelo que se quedó en la Tierra había envejecido más que su familiar en el espacio. Ejemplos de esta idea en la ficción es la saga “El planeta de los simios” (1968), la miniserie de anime “Gun Buster” (1988) y la la canción de Queen “’39”, compuesta por el guitarrista Brian May, quien estudió astrofísica.

EL APOGEO

Entre los grandes escritores que experimentaron con este concepto están Robert A Heinlein (“Por sus propios medios”, 1941; “Puerta al verano”, 1956; “Tiempo para amar”, 1973), Isaac Asimov (“Un guijarro en el cielo”, 1950; “El fin de la eternidad”, 1955) y Ray Bradbury (“El ruido de un trueno”, 1952; “El convector Toynbee”, 1984) entre muchos, muchos otros.

Mientras tanto en la naciente industria del cine la tradición de los viajes en el tiempo se estableció temprano con una adaptación a “Un yanqui en la corte del rey Arturo” dirigida por Emmett J. Flynn en 1921. Para 1930 tendría su primera historia original con “Just Imagine” de David Butler, sobre un hombre de la década de los 30 que despierta en los 80 tras ser golpeado por un rayo.

Rod Taylor en "La máquina del tiempo" (1960), primera adaptación de Hollywood a la importante novela de H.G. Wells. (Foto: MGM)
Rod Taylor en “La máquina del tiempo” (1960), primera adaptación de Hollywood a la importante novela de H.G. Wells. (Foto: MGM)

Curiosamente, no sería hasta 1949 que “La máquina del tiempo” tendría una adaptación cinematográfica, aunque esta versión producida por la BBC ha sido declarada perdida. La primera versión de Hollywood recién llegaría en 1960, dirigida por George Pal (“The War of the Worlds”) y protagonizada por Rod Taylor e Yvette Mimieux.

De la BBC también saldría “”, la serie sobre viajes en el tiempo más longeva hasta la fecha. Con más de 800 episodios desde 1963, el programa británico cuenta la historia de un alienígena conocido solo como el Doctor, quien viaja a través del tiempo y el espacio en la TARDIS (Time and Relative Dimension In Space o Tiempo Y Dimensiones Relativas en el Espacio en español), aparato con la apariencia de una caseta de la policía del Reino Unido de los años 60.

De izquierda a derecha Matt Smith, Peter Cappaldi y Jodie Whittaker; protagonistas de "Doctor Who", la serie de ciencia ficción (y viajes en el tiempo) más antigua todavía en transmisión. Fotos: BBC.
De izquierda a derecha Matt Smith, Peter Cappaldi y Jodie Whittaker; protagonistas de “Doctor Who”, la serie de ciencia ficción (y viajes en el tiempo) más antigua todavía en transmisión. Fotos: BBC.

El programa estadounidense “La dimensión desconocida” (“Twilight Zone”) también sería semillero para historias relacionadas con los viajes en el tiempo, con episodios como “Caminando largas distancias” (1959), sobre un ejecutivo que se encuentra inexplicablemente en su pueblo natal donde su niñez y “La odisea del vuelo 33”, sobre un avión que termina atrapado en la prehistoria.

Para 1968 saldría publicada quizás una de las sagas de ciencia ficción más conocidas con el estreno de “El planeta de los simios” (1968), cinta dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Charlton Heston sobre un astronauta que por un accidente espacial termina viajando a un futuro donde son los simios los que dominan a la Tierra.

Mostrando su impacto en el género, el propio H.G. Wells se convertiría en el protagonista de una historia de ciencia ficción con la película “Time After Time” (1979). En la cinta Wells, interpretado por Malcolm McDowell, persigue al asesino Jack el Destripador (David Warner) por la ciudad de Nueva York de los 70 luego que su máquina del tiempo fuera robada por el famoso criminal.

La década de los 80 fue particularmente buena para las películas sobre viajes en el tiempo, con la salida de “Time Bandits” (1981) de Terry Gilliam, “The Terminator” (1984) de James Cameron, “Volver al futuro” (1985) – y su secuela en 1989- y “Bill & Ted’s Excellent Adventure” (1989) de Stephen Herek, todas franquicias prominentes hasta la actualidad. Los 90 continuó esa tradición con la última parte de “Volver al futuro” (1990), “Terminator 2” (1991), la inigualable comedia protagonizada por Bill Murray “Groundhog Day”(1993) y “12 Monkeys” (1995), también de Gilliam.

Pocas películas han tenido tanto impacto en el género como la trilogía de "Volver al futuro", dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Michael J. Fox y Christopher Lloyd. (Foto: Universal)
Pocas películas han tenido tanto impacto en el género como la trilogía de “Volver al futuro”, dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Michael J. Fox y Christopher Lloyd. (Foto: Universal)

En el nuevo milenio esta tradición se ha mantenido, con películas como “Primer” (2004), “El efecto mariposa” (2004), “Looper” (2012), “Edge of Tomorrow” (2014) e “Interstellar” (2014) jugando con este concepto. Incluso el género del momento, las películas de superhéroes, no puede evitar utilizar estos recursos, con tanto “Batman v Superman” (2016) y “” (2019), utilizando este concepto en sus argumentos.

Mientras tanto, las series no han quedado atrás con el reboot de “Doctor Who” en 2005, así como popularidad de “Terminator: The Sarah Connor Chronicles” (2008-2009), “Fringe” (2008-2012) así como series como “Outlander” (2014-actualidad) y “Time After Time” (2017). Gracias a servicios de streaming, historias de viajes en el tiempo hechas en otras nacionalidades han ganado prominencia. Tenemos también a “El ministerio del tiempo” (2015-) de España, “Tunnel” (2017) de Corea del Sur y la serie japonesa “Erased” (2017), entre muchas otras. Con lo que quiero decir es que hay mucho material para que un aficionado de los viajes en el tiempo se entretenga.

No podemos ignorar, por supuesto, la serie que motiva este artículo: “Dark”, que sigue al adolescente Jonas Kahnwald, atrapado en inexplicables viajes en el tiempo donde el pasado, el presente y el futuro se conectan cada 33 años en un ciclo aparentemente infinito. Esta historia, que no se hace problemas en ser obtusa, se revuelca en paradojas al punto de que no se sabe cuándo empiezan las historias o cuándo terminan. Tal vez por eso gusta tanto.

DATO

La temporada final de “Dark” llega a todo el mundo el 27 de junio.

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