Entretenimiento

Chernbil afronta su segundo desastre

Chernbil afronta su segundo desastre


El pasado verano, en plena fiebre por la serie Chernobyl del canal HBO, espectadores de todo el mundo se preguntaron en redes sociales si habra una segunda temporada. En Kiev no le vieron la gracia. Los ucranianos, que junto con los bielorrusos fueron los ms golpeados por el accidente nuclear ocurrido tal da como hoy en 1986 (ms de 9.000 muertos al cabo de los aos, decenas de miles de enfermos y desplazados) no pudieron sino arquear las cejas ante esa frivolidad de los telespectadores.

La herida atmica se supona cerrada para siempre con el acero de la nueva cubierta colocada sobre la central en 2016. Pero durante todo este mes de abril la zona ha sufrido los peores incendios que se recordaban, degradando un entorno que empezaba a recuperarse y encendiendo de nuevo las alarmas en la capital ante una posible nube txica. A Kiev ha llegado el humo. Y tambin han aumentado los niveles de radiacin, de momento sin pasar del umbral que conlleva riesgo para la salud. En una ciudad confinada por el coronavirus, la segunda temporada de Chernbil se ha presentado sin avisar.

Se han quemado ms de 11.500 hectreas. Se estima que los fuegos, que han estado ardiendo desde el 4 de abril, han costado decenas de millones. Unos 2.500 bomberos y personal de emergencias han sido enviados a la zona, donde siguen activos varios fuegos que amenazan la central. El 22% de la zona de exclusin ha ardido, segn activistas sobre el terreno. Greenpeace confirma que son los incendios ms grandes jams registrados en la zona de exclusin de Chernbil, “debidos al clima anormalmente caluroso, seco y muy ventoso”. Las autoridades investigan la quema de rastrojos y tambin a un grupo de visitantes imprudentes.

“Es necesario un control del fuego ms eficaz, porque en esa zona hay incendios cada verano. Cuando contaminamos territorios no podemos simplemente marcharnos: hay que tratarlo igual que cualquier otra zona contaminada y monitorizarlo”, explica desde Washington Kate Brown, autora de Manual de supervivencia (editado en Espaa por Capitn Swing), un libro en el que denuncia cmo la URSS trat de ocultar la verdad del desastre con la colaboracin occidental.

Olvidado por el ser humano hasta que una serie lo volvi a poner en el mapa tres dcadas despus del accidente, el entorno de Chernbil empezaba a derrotar a los clichs. El escenario de la peor catstrofe nuclear del mundo se ha convertido con el paso de los aos en un rea de conservacin nica que alberga muchos animales y plantas difciles de encontrar.

Todo dentro de la zona de exclusin, un rea con un dimetro irregular de unos 30 o 40 kilmetros, que en 1986 qued sentenciada a estar vaca durante siglos. “Y quedan muchos puntos radiactivos, incluso fuera de la zona de exclusin”, apunta desde Nueva York Adam Higginbotham, autor de Midnight in Chernobyl: The Untold Story of the World’s Greatest Nuclear Disaster.

Un edn radiactivo

Osos, bisontes, lobos, alces, linces, caballos salvajes, y unas 200 especies de aves -entre otros animales- aprovecharon la desaparicin del ser humano para conformar un ecosistema sorprendente, que alberga una gran biodiversidad. Higginbotham lo considera un “edn radiactivo”. “Ah est el Amazonas de Europa”, apunta Brown, que documenta en su libro cmo en aquella primavera negra de 1986 una inmensa nube radiactiva compuesta por cesio, estroncio, yodo y plutonio viaj primero al sur, hacia el interior de Ucrania, y despus hacia el norte, “impregnando todo el sur de Bielorrusia, que era otra repblica agraria”.

Tras la pronta evacuacin de los habitantes de la zona de Chernbil, se orden a escuadrones de reclutas soviticos disparar a cualquier animal que merodease. Entrado el nuevo siglo, el ser humano ha vuelto al lugar del delito con un enfoque mejor. El proyecto TREE (de las siglas en ingls Transferencia, Exposicin y Efectos) instal durante varios aos cmaras ocultas por toda la zona de exclusin, que probaron la existencia de fauna abundante en todos los niveles de radiacin. As se demostr por primera vez la presencia de osos pardos y bisontes europeos en la zona ucraniana.

“Los osos llegaron del noreste dcadas despus del accidente, fueron detectados hace unos seis aos y los bisontes entraron de manera similar”, explica el bilogo Germn Orizaola, que en los ltimos aos ha trabajado en esa zona. Orizaola ha seguido la evolucin de los animales ms afectados por los incendios de estos das: los caballos salvajes de przewalski, una especie en peligro de extincin originaria de Mongolia. Se soltaron por la zona en 1998.

“Son fascinantes, estaban extinguidos en la naturaleza y fueron recuperados desde zoos”, aade este investigador del Instituto de Investigacin en Biodiversidad de la Universidad de Oviedo-CSIC. Al instalarse los ejemplares pasaron de 30 a 20, pero luego remontaron hasta llegar hoy a unos 150. En 2018, los cientficos detectaron doce manadas, “de las cuales tres o cuatro han perdido con el fuego todo el territorio que habitaban“, explica Orizaola, que espera poder volver a la zona de exclusin para hacer balance de daos.

Adis al bosque maldito

Los satlites entregan estos das unas imgenes desoladoras de bosques quemados. “El fuerte viento ha conseguido mover el fuego a ambos lados de la vieja central nuclear”, cuenta a este peridico desde los alrededores de Chernbil Olena Gnes, gua turstico y ahora activista volcada en lograr ayuda para extinguir los fuegos. Han sido controlados, pero siguen de manera latente.

“Gracias a Dios, Pripyat de momento se ha salvado, pero zonas enteras de bosque han desaparecido, entre ellas el famoso Bosque Rojo”, bautizado con ese nombre en 1986. En la primavera de aquel ao, 200.000 personas fueron desplegadas en la zona para aplacar los efectos del accidente: inicialmente eran soldados, policas y bomberos. Tambin fueron reclutados civiles para limpiar hasta conformar un grupo de ms de medio milln de personas. Fueron llamados “liquidadores”. Parte de su trabajo fue talar esos rboles malditos que haban absorbido toda la radiacin.

Pocos animales sobrevivieron a las dosis radioactivas ms altas. Pero el principal miedo en aquel momento era que los inevitables incendios -que ya han ocurrido varias veces- dispersasen en forma de partculas en suspensin el material radiactivo de esos rboles situados al oeste de la central. As que la mayor parte fueron enterrados junto con escombros contaminados en zanjas de tres metros de profundidad.

Esas trincheras se cubrieron con una gruesa alfombra de arena, trada por enormes camiones Kamaz. Como recuerda Higginbotham, “los radionucleidos no pueden descomponerse ni destruirse, slo reubicarse o enterrarse”. Los incendios forestales en reas contaminadas son hoy un gran problema para Ucrania, Bielorrusia y Rusia, “donde cinco millones de personas an viven en reas contaminadas”, apunta Greenpeace.

Mutaciones en animales

Aunque la naturaleza se ha abierto camino, la radiacin s ha causado algunos cambios en los animales. Orizaola ha investigado con los anfibios de Chernbil: “En la zona vemos algn indicio de respuestas adaptativas frente a la radiacin, como cambios en la coloracin de las ranas, unos animales con los que hemos trabajado en todos los niveles de radiacin”. Fuera de la zona de exclusin son verde brillante, pero junto a Chernbil “encontramos muchas ms oscuras, incluso negras y grises. Creo que es un proceso de seleccin en el que la coloracin las protege”. La experiencia se corresponde con lo hallado en su momento en el reactor accidentado: aparecieron hongos, pero eran todos negros.

Las ranas no son el nico caso. “En estudios en golondrinas se ha detectado albinismo y peor reproduccin”, explica el cientfico, quien, no obstante, advierte de que hay que manejar con cuidado cada hallazgo “porque, por ejemplo, la golondrina depende mucho del ser humano, por lo que all se encuentra en un entorno no tan favorable”. Lo mismo pasa a la hora de juzgar la desolacin del Bosque Rojo, que tiene altos niveles de radiactividad pero tambin otros inconvenientes como estar cerca de la carretera, de la central y de otros puntos donde se concentra el escaso trnsito humano. Por otro lado, es improbable dar con casos como un lobo con un tumor, aunque los haya, “porque, sencillamente, los animales con ese tipo de problemas o malformaciones mueren, sin ms”.

La investigacin del avance de la fauna en la zona muestra que para algunas especies, sobre todo los grandes mamferos, la presin de las actividades humanas resultara ser ms negativa a medio plazo para la fauna que un accidente nuclear. Por eso “los estudios sobre los animales son tan tiles a la hora de entender los efectos de la radiacin“.

“Esperemos que no haya ms desastres nucleares como Chernbil, pero, si los hubiese, habra que pensar si el modelo de zonas de exclusin fue bueno, porque gener mucho dao psicolgico a los desplazados”. Los caballos salvajes, “vertebrados como nosotros, son un ejemplo de regreso a una zona contaminada habitando en unas zonas con niveles de radiacin asumibles”. Los fuegos de estos das amenazan con borrar el campo de pruebas en el que la naturaleza dobl el pulso al uranio.

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más





Source link

Deja un comentario

También pueden gustarle