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Casado exhibe «moderación» en Galicia para sintonizar con la campaña de Feijóo

Pablo Casado visitó una explotación láctea en Cospeito (Lugo)


Cospeito / Mondoñedo
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Pablo Casado regresó ayer a Galicia, en concreto a la provincia de Lugo, para participar en la campaña de las elecciones autonómicas del 12 de julio, y de nuevo volvió a mostrar su perfil más moderado. El presidente nacional del PP está acentuando el discurso más centrista, muy lejos del ruido de la política nacional al que se refería Alberto Núñez Feijóo en la entrevista de ayer en ABC, y que poco o nada tiene que ver con la situación en Galicia. Casado ha dejado aparcada la alta tensión que se ha vivido en el Congreso en los dos últimos meses, para no desentonar con la campaña del candidato popular, basada precisamente en esa moderación capaz de captar a casi el 50 por ciento de los votantes, según las encuestas.

Feijóo dedicó ayer toda la jornada a preparar el debate electoral de la noche, así que el mensaje de campaña del PP le correspondió por completo a Casado, acompañado del secretario general de los populares en Galicia, Miguel Tellado, quien no se separó de él ni un minuto. Los populares gallegos han dejado claro que no quieren broncas en su campaña. De hecho, hasta el momento su estrategia está siendo de un perfil más bien bajo, sin demasiada resonancia, con la convicción de que si no se agitan mucho, no se cometen grandes errores y la participación se mantiene en unos límites razonables, la victoria está hecha.

Fuentes del PP de Galicia subrayaron que los populares en esta comunidad «son los más moderados de toda España». «No somos dogmáticos, somos pragmáticos, y en esa línea nos queremos mover en campaña porque es nuestro modo de entender la política», señalaron. Un mensaje que Casado ha asumido.

Si Feijóo se acerca al 50 por ciento de los votos (según el CIS, antes de la campaña estaba en el 46 por ciento), es porque ha sido capaz de atraer a electores de un amplio espectro político, y no solo de la derecha o el centro-derecha. También socialdemócratas desencantados con el PSOE han mirado a Feijóo, en cuyos carteles electorales él es su propia marca y las siglas del PP o no aparecen o están lo bastante escondidas para que no se vean a simple vista. Para conseguir aglutinar a todo ese electorado variado, el mensaje de moderación, alejado por completo de la radicalidad de los discursos de Madrid, es básico, según explican los populares. Feijóo, además, no tiene un problema de fragmentación del centro-derecha, por lo que no es necesario que compita con Vox, prácticamente inexistente en Galicia, para evitar una fuga de votos.

Modo electoral

Casado sabe, además, que cuando ha optado por el mensaje moderado le ha ido mejor en las urnas. Le ocurrió en las elecciones municipales y autonómicas, después del desastre de las generales de abril de 2019, en las que el PP se derrumbó hasta los 66 diputados. En Galicia, el líder del PP ha puesto el acento en la centralidad del partido, para mostrar unidad con Feijóo, pero también porque el mensaje que se transmita el 12 de julio por la noche será especialmente importante para él. Génova pretende presentar estas elecciones como el primer gran examen después de la crisis del coronavirus, en el que confía que Sánchez sufra un duro revés. Al mismo tiempo, Casado quiere exhibir la previsible victoria de Feijóo como un triunfo nacional del partido.

Ayer, en Cospeito, donde visitó una explotación láctea, explicó la apuesta de PP por el mundo rural y algunas de sus propuestas, y solo después se refirió a la «crispación y el enfado» que muestra Sánchez cada vez que visita Galicia. Casado lamentó que Sánchez no hable de ninguno de los problemas de Galicia: «No habla de Alcoa, Ence, As Pontes, Citroën o las conserveras. Entonces, ¿para qué viene a Galicia?». Se contestó a sí mismo: «Viene para insultarme a mí y a Feijóo». Sin alejarse del mensaje en clave gallega, pidió a Sánchez que «coja el toro por los cuernos» y dé una solución de futuro a los trabajadores de Alcoa. Fuentes de Génova señalaron que los ataques furibundos de Sánchez a Casado no le vienen mal porque es un reconocimiento de que «le teme como alternativa».



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