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Carlos Vives celebra 25 años de su disco La tierra del olvido

Carlos Vives La tierra del olvido


Carlos Vives La tierra del olvido
Foto Archivo

En 1995 se esperaban más clásicos de Carlos Vives. Pocos años antes había tenido éxito interpretando a Escalona y venía de dar el golpe con Clásicos de la provincia. Pero Vives –que se alejaba de su pasado como galán de telenovelas– quería lanzar un nuevo sonido; marcar un nuevo rumbo. La tierra del olvido fue su consagración y trazó una ruta colombiana que marcó a toda una generación.

“El disco anterior, Clásicos de la provincia, al que le habían vaticinado un fracaso, fue un éxito”, recuerda Vives sobre las expectativas que había en torno al álbum que cumple 25 años. “En él encontramos un nuevo camino para proyectar nuestra música tropical. Veníamos con mucha credibilidad en Sonolux. La industria estaba más tranquila conmigo y llegamos con todas las posibilidades a entregar La tierra del olvido. Era sobre el territorio de la colombianidad. Hasta entonces habíamos cantado canciones de viejos compositores. Me enfrentaba a la tarea de escribir canciones. Tuve el apoyo de mi equipo, de Iván Benavides, de Ernesto Ocampo, que me motivaron a escribir, a buscar nuevos sonidos”, dice el cantante a El Tiempo.

– ¿Cómo fue ese trabajo previo, ya con respaldo del éxito anterior?

– Increíble, feliz, podía viajar con el equipo: irnos a Santa Marta a escribir, a nadar, a pensar. Era una vida de gitanos. El Tayrona, Santandercito, una casa en Cundinamarca. Contamos con los mejores estudios, tanto en el país como por fuera. Fue un álbum muy consentido. Ayudó para que la misma crítica entendiera el camino que tomamos. No era coger cosas del rock y pegarlos al vallenato o a las cumbias. Era a partir de los mismos patrones percutivos de nuestras canciones, llevarlos a guitarras eléctricas y baterías. Fue un camino nuevo de nuestra tropicalidad. Hoy es un álbum que referencian mucho. Fonseca y Shakira hablaron de la luz que trajo ese álbum a nuestra industria, de un nuevo sonido de colombianidad. Creo que, junto al disco que Aterciopelados sacó ese año (El Dorado), fue como un renacer de nuestra música. No era la primera vez que la música de Colombia se despertaba y se iba por el mundo. Fuimos la segunda ola y La tierra del olvido es una referencia para los artistas de esta generación.

-¿Era muy fuerte la presión para que hiciera clásicos?

-Mucha gente quería que siguiera grabando clásicos vallenatos. Es normal cuando uno empieza. El álbum empezó a hacer lo suyo y nos fuimos ganando la credibilidad para hacer canciones originales para un nuevo movimiento, un pop tropical, un pop colombiano que nace de estas canciones.

-La ola del tropipop fue muy fuerte, en ella crecieron grandes artistas y, a la vez, los criticaban.

-Me llamó la atención que hubiera gente en contra. Eso nos explica también como colombianos. Hace pensar cuando los vallenatos no se podían hacer porque era música perrata. Siempre atacamos nuestras cosas. Me dolió que varias agrupaciones llamaron la atención de la industria y la misma industria las fue diluyendo. Fue raro. Tropipop es un término que nos pusieron en España. Alguien vio lo que pasaba en Colombia y dijo: estos tipos tropicales se inventaron un pop y lo fusionaron con tropical. Eso es nuestra música, incluso los más urbanos. Porque somos trópico y rompimos las fronteras del pop. Nunca entendí por qué había gente que utilizaba los medios para hablar mal de un movimiento que era real, de la localidad, hermoso. Eran bogotanos que se sentían felices poniéndose el sombrero vueltiao para tocar guitarra eléctrica. A mucha gente le molestó. Es un grupo que yo amo profundamente. Siempre me gustó que fuera una generación de bogotanos o de paisas, personas de las urbes, que decidieron hacer sus bandas de rock inspiradas no solo en lo de Carlos Vives, sino en las corrientes que inspiraron a Carlos Vives. Es lo que hay hoy. Si es más o menos valorado… ya no preocupa tanto.

-En este aniversario número 25 celebramos con el relanzamiento del video original de “La tierra del olvido”.

-Vengo de esa época, de tecnologías diferentes a las de hoy. Estuve 8 años por fuera de la industria, durante ese cambio. Mis materiales estaban en 35 mm, Betacam y ¾. En los últimos años me di a la tarea de digitalizar cosas para que no se pierdan: los primeros años de La Tele, discos, videos. Y Mestiza, de Felipe Montoya, se encargó de rescatar un poco lo que era de 35 mm: limpiar, remasterizar, arreglar el sonido y traerlo como nuevo. Este ha sido un homenaje para celebrar los 25 años, presentarles el video como si estuviera recién hecho. Es posible que haya cambiado algún plano.

-Ese video, uno lo veía entonces y sentía orgullo, aún ahora se siente, porque se sabía que muchos conocerían sus paisajes a través de él…

-Recuerdo con mucha emoción esa filmación. Fue increíble. Llegamos a la tierra, con todo lo que queríamos: un helicóptero, un superdirector de fotografía para realizar una idea que tenía. Quería mostrar que la tierra del olvido es un lugar donde hay nevados hasta playas, desde el mar del Tayrona. La manera como se iba con una cámara que iba en la parte exterior del helicóptero. Fuimos a Nevados, a poblaciones kogui, arhuacas, nos fuimos por el recorrido del río Don Diego, desde casi su nacimiento, hasta su desembocadura en el mar Caribe.

Cuando presenté el video y lo llevamos fuera, me preguntaban si yo trabajaba para National Geographic, porque mostraba los nevados, los campamentos, ese cóndor sobrevolando la sierra, la playa del Tayrona allí donde aparezco con los brazos abiertos, en esas piedras, esos lugares sagrados. Fue increíble esa filmación. Entonces, de repente, rescatar del olvido esas películas, arreglarlas y traérselas a las nuevas generaciones con mejor calidad, me tiene muy contento, porque creo que uno tiene que cuidar más sus cosas.

-Dice que este disco marcó el camino, ¿cuál fue ese?

-El camino iba hacia la diversidad de lo que somos. Era un disco más diverso que los clásicos. Sabía que era mi camino. Un disco como el de Cumbiana (2020) hoy, con sonidos diferentes y nuevos instrumentos, nace de algo como La tierra del olvido. Hablo de Cumbiana como un territorio de diversidad. La gente lo oye y dice: “No oigo mucha cumbia”. Pero Cumbiana es el territorio de la cumbia, que tiene muchas fusiones: vallenato, porro, cumbia, chandé, chalupa, son palenque. Estas herramientas estaban en La tierra del olvido. Hoy lo tengo más claro: El territorio que llamo Cumbiana es el que llamé alguna vez La tierra del olvido.

-Siguieron Tengo fe, El amor de mi tierra, Déjame entrar y más álbumes. Su carrera posterior también tuvo altibajos: esos años por fuera del industria que menciona, de los que volvió más fuerte. ¿Cómo los ve ahora?

-Me pasó una cosa loca. Después de El rock de mi pueblo se acabaron mis contratos. No entendía ni qué pasaba con mi equipo ni con la industria. Eso me alejó como ocho años de la grabación. En los primeros seis años se dieron los cambios tecnológicos, la llegada de redes sociales, la aparición de un montón de cosas que no existían. Costó entender eso. Seguía buscando trabajar en lo que siempre me ha gustado y sacando proyectos que teníamos: escribir canciones, producir a otros artistas, como hicimos con Adriana Lucía y Martina. Esos años me enseñaron a no perder la alegría frente a las dificultades.Pensaba: ¿será que fui demasiado loco con El rock de mi pueblo? ¿Será que no me entendieron? Pero, al final, había que levantarse a trabajar, los hijos tenían que verlo a uno como ejemplo. En la música, en el arte, como en todas las profesiones, estamos expuestos a momentos que suben y bajan y a no perder la alegría ni el espíritu. Uno está en esto por algo, porque es sensible, porque nació para esto. Y así lo tengas que hacer en un restaurante con cien comensales o en el Madison Square Garden o en el estadio con 50.000, uno tiene que tener la misma felicidad. Si hay vocación, uno lo hace.

-Y 25 años después sigue ofreciendo novedades. De Cumbiana hay videos verticales, nuevos sonidos, ¿qué más viene?

-Con los sonidos nuevos, la juventud nos respalda. Este es un álbum que tiene un encuentro con nuevos instrumentos. Pero hay un camino hacia adelante. Cumbiana son tres volúmenes, estamos terminando el segundo. No me pasa que diga: “Ya cumplí, tengo varios hits, no más”. Soy muy necio con mis canciones viejas, siempre me hacen ruido cosas. Este era un camino que no estaba hecho, es uno que hemos construido. Internarse en Colombia es como adentrarse en una selva sin saber qué vamos a descubrir. Y no nos alcanza el tiempo para descubrir nuestro país, todo lo que somos y lo que realmente tenemos. No nos va a alcanzar el tiempo.

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