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Biodiversidad | La Tierra ha perdido dos terceras partes de sus poblaciones de vertebrados en apenas medio siglo – El Salto

Biodiversidad | La Tierra ha perdido dos terceras partes de sus poblaciones de vertebrados en apenas medio siglo - El Salto


Nuevos datos arrojan cifras escalofriantes sobre la pérdida de vida animal en la Tierra como consecuencia de la acción del ser humano. El informe Planeta Vivo 2020, realizado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) cifra en un 68% la pérdida de poblaciones de vertebrados en el período comprendido entre 1970 y 2016, lo que supone un incremento de esa cifra del 8% con respecto la edición 2018 del estudio.

El elevado porcentaje deja claro que “nuestra relación con la naturaleza está rota”, según la ONG ambientalista, y ofrece una alarmante conclusión: “La actividad humana insostenible está empujando los sistemas naturales del planeta que sustentan la vida en la Tierra al límite”.

El principal dato de la investigación, el Índice Planeta Vivo (IPV) —realizado por la Sociedad Zoológica de Londres (LZS)— hace un seguimiento del estado de casi 21.000 poblaciones de mamíferos, peces, aves, reptiles y anfibios de todo el globo, un parámetro al que este año se han incorporado al mismo 4.870 poblaciones y 400 especies nuevas.

Con un rango de disminución de entre el 62% y el 73%, la merma media en las especies estudiadas arroja una pérdida de más de dos terceras partes de individuos. Como indicador de la salud de los ecosistemas, este IPV supone para WWF “una buena prueba de la catastrófica deriva de la naturaleza”.

Alarma en los trópicos

Las áreas del planeta con impactos más importantes son precisamente las que más biodiversidad tienen. En las subregiones tropicales del continente americano el IPV se ha reducido en un 94% en casi medio siglo. “La alteración de praderas, sabanas, bosques y humedales, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies exóticas constituyen las principales amenazas”, indican desde WWF.

Los mismo ocurre en los ecosistemas de agua dulce, donde la pérdida de poblaciones se reduce a un ritmo mucho más rápido que en los mares y los bosques, con una caída del 90% del IPV, o lo que es lo mismo, un 4% anual.

Así, tres cuartas partes de la superficie terrestre no cubierta de hielo han sido ya modificadas por el hombre, y los últimos santuarios vírgenes se concentran en países donde se producen terribles conflictos medioambientales, como es el caso de Brasil o Rusia.

El informe destaca, además, “el dramático descenso de las poblaciones de plantas, con un riesgo de extinción comparable al de los mamíferos y más alto que el de las aves, junto al súbito y reciente descenso de las poblaciones de insectos, su distribución y biomasa”.

Causas conocidas, soluciones por instaurar

Las causas de este declive son claras y conocidas. “El factor más importante que ha provocado de forma directa una mayor pérdida de la biodiversidad en los sistemas terrestres en las últimas décadas ha sido los cambios en los usos del suelo, que han convertido hábitats autóctonos originales en tierras de cultivo”, destacan los responsables del informe.

La sobreexplotación de los mares, la introducción accidental o deliberada de especies invasoras en nuevos hábitats, el desarrollo urbanístico o la contaminación son otras de las razones de la catástrofe, sin olvidar un cambio climático que, si bien a día de hoy no es el factor más importante, se prevé que en décadas alcance la misma importancia que otros factores, según los investigadores.

Sin embargo, al igual que las causas, las soluciones también están sobre la mesa y los últimos modelos demuestran que los humanos aún están a tiempo de detener y revertir la pérdida de biodiversidad terrestre. “Pasan por cambiar los patrones de producción y consumo de alimentos, detener el cambio de uso del suelo o tomar decisiones políticas y económicas respetando los límites del planeta”, exponen desde WWF.

La receta contra la extinción masiva de especies se resume en la iniciativa Revertir la curva, una hoja de ruta para restaurar la biodiversidad y alimentar a una creciente población humana, que pasa por un incremento del esfuerzo por la conservación y una producción y consumo más sostenibles.



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