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Arena movediza, por Alonso Cueto | Columna | Incertidumbre | COVID-19 | Vacuna contra el COVID-19 | Congreso | OPINION

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Si hay un fantasma que recorre el mundo en estos tiempos es el de la incertidumbre. La única certeza ahora es la de no tener ninguna. No sabemos, por ejemplo, cuánto tiempo va a durar la y si las vacunas que ya empezaron a aplicarse tendrán efecto. Solo estamos seguros de que no tendrán un efecto inmediato. El doctor Anthony Fauci anunció que aun después de su aplicación masiva pueden tardar meses en dar resultados. Mientras tanto, el miércoles de esta semana, Estados Unidos de muertes: más de 3.000 en un solo día. Para fines de marzo, se pronostica que la cifra total de muertos en ese país será de medio millón; es decir, toda la población de Atlanta.

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El mundo occidental, con su optimismo basado en la confianza, había estado acostumbrado a hacer anuncios sobre el futuro. Se predecía la marcha de los países, las encuestas anunciaban al probable ganador en las elecciones, se fijaba cuánto tiempo podía vivir una persona o una sociedad en buenas condiciones. Nada de eso sigue vigente. Ejemplos de países que combatieron exitosamente la pandemia, como Alemania, han dejado de serlo. El continente africano, el más pobre de todos, presenta menos casos de virus. En el Perú, todo indica que podemos estar a las puertas de una segunda ola, pero nadie sabe.

Nadie sabe tampoco en la política peruana. Hay en las elecciones. Más de la mitad de los electores no prefiere a ninguno. Cuando llegue el momento (esperamos que llegue, contra quienes todavía pretenden que no sea así), los electores votarán por alguien en quien creen a medias. Floreciendo en la incertidumbre, también están quienes pretenden todavía acabar con este Gobierno y la Mesa Directiva del Congreso.

Aunque ahora está acrecentado por las circunstancias de la política y la pandemia, el fantasma de la incertidumbre siempre ha existido. Los griegos pensaban que los dioses decidían su destino. Pero en el mundo moderno, la lucha por el progreso es la de buscar defensas contra lo incierto y accidental. Aun así, nuestra tradición nos ha obligado a convivir con los cambios bruscos. En cierto modo, los países del Tercer Mundo como el nuestro están más preparados, por su propia experiencia, a soportar largos períodos de incertidumbre.

En este universo de inestabilidad han aparecido dos fuerzas de renovación: los jóvenes y las mujeres. El hecho de que haya más mujeres en puestos de importancia es revelador. Es la primera vez que una mujer ha sido elegida . La presidenta de Taiwán y las primeras ministras de Nueva Zelanda, Islandia y Finlandia han logrado hasta ahora gobiernos exitosos contra la crisis. En el Perú, tres mujeres ocupan los puestos más importantes en el sistema judicial. Dos mujeres ocupan los cargos de primera ministro y de presidenta del Congreso. Es un cambio saludable.

La otra revolución es la de los jóvenes. La noción de la juventud como fuerza del cambio es muy antigua y está ligada a tiempos de incertidumbre. Uno de esos momentos fue la década del 60. La aparición de los jóvenes como líderes sociales ha retornado con fuerza en el Perú, luego de . Por otro lado, incluso en circunstancias recientes, hay algunos congresistas jóvenes que hasta ahora han mostrado honestidad y valentía, como y .

“Un hombre teme más a lo que pueda sobrevenirle que a los sufrimientos que ya ha padecido”, escribió William Faulkner. Hoy, el cuidado de nuestros temores descansa en quienes empiezan a ejercer esa misión. La esperanza es la única, frágil, certidumbre que nos queda.



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