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Anarquismo | El Badajoz anarquista de 1900 (III): los Internacionalistas – El Salto

Anarquismo | El Badajoz anarquista de 1900 (III): los Internacionalistas - El Salto


La fotografía que suele acompañar las ediciones del libro de Anselmo Lorenzo, El proletariado militante, memorias de un internacional, rezuma testosterona por los cuatro costados. Nos presenta al llamado “núcleo organizador” de la Asociación Internacional de Trabajadores en España, un conjunto de 21 hombres –más uno que se quedó dormido y, a pesar de que le avisaron, no quiso posar en la foto- que hacia finales de 1868 se reunieron en Madrid para dar constitución formal a la sección española de la AIT. Según narra Anselmo Lorenzo con su habitual gracejo, antes de marcharse el instigador de dicha reunión, el italiano Giuseppe Fanelli, quiso que los republicanos que habían estado reuniéndose con él durante aquellos días de diciembre de 1868 se hicieran una foto juntos.

Sabemos que Fanelli no fue el primero ni el único de los internacionalistas que aquellos años recorrieron España (ver el artículo en línea de Álvaro G. Marhuenda, El mito de Fanelli: inventario de aliancistas extranjeros). Tal vez aquella imagen inicial del llamado “núcleo organizador” haya contribuido a forjar esta idea, si bien no sabemos –porque nadie lo dejó dicho-, quién realizó esta fotografía. Creemos conveniente, antes de seguir hablando sobre el Badajoz anarquista de 1900, aclarar su (posible) autoría.

Es de suponer que, cuando Anselmo Lorenzo y sus compañeros, internacionalistas en ciernes, quisieron buscar un fotógrafo y un estudio fotográfico donde hacerse una foto con Fanelli, antes de que se marchara, no anduvieran mucho para encontrarlo. Tenían uno a la vuelta de la esquina.

En la fotografía, el fondo de la composición, de tema bucólico, representa el enramado de un jardín o de un bosque, seguramente pintados sobre una lona. Tanto el fondo como la postura de los fotografiados, con los de la primera fila sentados casi en cuclillas y la segunda en una forzada posición sobre un estrado, revelan que la instantánea –para la que debieron quedarse inmóviles durante un buen lapso de tiempo- fue hecha en un estudio de fotografía. A pesar de que bastantes de los que aparecen en ella formaban parte de lo que se conocía como el gremio de noógrafos (tipógrafos, pintores, litógrafos, periodistas, doradores) y debían de conocer ya el nuevo arte de la fotografía, todo apunta a que la misma fue hecha por un fotógrafo profesional, cuyo ojo y mano reveladora se nota en la composición de la escena. Aquel fotógrafo, muy probablemente, fue Charles Monney.

Relación de Internacionalistas
Relación de Internacionalistas. Edición de El proletariado militante de la Confederación Sindical Solidaridad Obrera, marzo de 2013. Reproducido con autorización.
CSSO

Por el libro de Juan José Morato de 1930, Historia de la sección española de la Internacional, sabemos que Fanelli viajaba de noche, para ahorrase el gasto de hospedaje, y que pidió prestadas a Elías Reclus 100 pesetas para poder viajar por España, dado que él, a diferencia de los hermanos geógrafos, no contaba con el ingreso que daban las colaboraciones con los periódicos franceses, ávidos de noticias de España, donde la reina Isabel, siguiendo la costumbre de los borbones cuando pintan bastos, acababa de tomar las de Villadiego y se andaba barruntando la idea de una república federal.

Fanelli fue introducido en el grupo republicano de Madrid por Tomás González Morago (el que se quedó dormido) y José Rubau Donadeu, abogado, periodista y agitador catalán que aparece en la foto justo a la izquierda del italiano, entre éste y Anselmo Lorenzo. José Rubau Donadeu tenía un hermano, Julio Rubau Donadeu, quien también aparece en la fotografía y era dueño de una litografía en la Calle del Horno de la Mata, la misma calle donde estaba la sede de la Sociedad El Fomento de las Artes. Anselmo Lorenzo principia su libro El proletariado militante diciendo que “El Fomento de las Artes era el punto de reunión de los elementos liberales ilustrados de Madrid”. Él y todo el núcleo organizador eran esos “elementos liberales ilustrados”.

José Rubau Donadeu también vivía muy cerca de allí, en la Calle del Olivo, nº 6 y 8, cuarto, segundo. Lo sabemos por una citación del juzgado que aparece en el Diario Oficial de Avisos de Madrid del 11 de febrero de 1874. La calle del Olivo es la actual calle Mesonero Romanos, paralela a la de Horno de la Mata. Según otro de los integrantes de aquel núcleo inicial, Francisco Mora, que también aparece en la foto, algunas de las conferencias con Fanelli se hicieron en el Café de La Luna (Historia del socialismo obrero español, Imprenta Calleja, Madrid, 1902), que estaba en la calle que llevaba el mismo nombre (Calle de la Luna), que es la de continuidad a la de Horno de la Mata.

A pesar de la testosterona vertida en la imagen pública de núcleo organizador, hubo varias mujeres que formaron parte de aquella aventura en los inicios del internacionalismo, aunque no salieron en la foto. Lola Iturbe, fundadora de Mujeres Libres, recopiló e investigó la figura de algunas de ellas

Charles Monney Millet es considerado como el primer fotoperiodista de la historia de España o, lo que es mejor aún, el primer fotógrafo corresponsal de guerra en suelo español. El mérito se le atribuye gracias a la serie de fotografías que hizo del conocido como “Sitio de Bilbao”, un reportaje del asedio con bombardeo al que sometieron las tropas carlistas a la ciudad vasca entre febrero y mayo de 1874 (María Teresa García Ballesteros y Juan Antonio Fernández Rivero, Charles Monney, un fotógrafo singular, publicado en el blog de la Colección Fernández Rivero, el 27 de abril de 2020). Fotógrafo francés, afincado en España durante más de 20 años, fue uno de los iniciadores de la fotografía estereoscópica y de ampliación, y abrió estudios en ciudades como Murcia, Málaga, Córdoba, Granada, Sevilla, Madrid o Bilbao. Entre el año 1868 y 1869 tuvo abierto estudio fotográfico en Madrid, en la Calle de la Abada, 25. Conocemos dicha dirección por sus anuncios en la prensa madrileña de la época (La Correspondencia de España, 23-6-1868) y por las referencias en Clifford, Portal dels Fotògrafs del Segle XIX a Espanya.

La calle de Abada (estudio de Monney) tiene su prolongación en la de Horno de la Mata (domicilio de Julio Rubau Donadeu y sede de “El Fomento de las Artes”) que, a su vez, continúa en la de La Luna (café donde conferenciaban). Toda esta prolongación de calles cruza la del Olivo (domicilio de José Rubau Donadeu), hoy Mesonero Romanos. Es de suponer que, cuando Anselmo Lorenzo y sus compañeros, internacionalistas en ciernes, quisieron buscar un fotógrafo y un estudio fotográfico donde hacerse una foto con Fanelli, antes de que se marchara, no anduvieran mucho para encontrarlo. Tenían uno a la vuelta de la esquina.

Un par de datos más apuntan a la autoría de dicha foto por Charles Monney. El primero de ellos es la amistad entre uno de los hermanos Donadeu y el fotógrafo. Este último hizo en 1869 un montaje fotográfico en albúmina sobre papel que es una composición a modo de orla. En ella aparecen los “Diputados que en mayo de 1869 votaron como forma de gobierno para España la República Democrática Federal”. La foto, en la que aparece José Rubau Donadeu como uno de esos diputados, tiene un pie en el que literalmente se dice: “Es propiedad de Julio Rubau Donadeu y Carlos Monney, que perseguirán ante la Ley a los que lo reproduzcan. Depósito, Abada, 25m, 2º, Madrid”.

Juan José Morato ofrece un dato más en su libro sobre la Internacional. Dice, cuando habla del núcleo organizador, que en “Los desvanes de la Casa del Pueblo hay un tapiz o lienzo que regaló José Ruabudonadéu (sic), hecho según una fotografía en la que aparecen retratados con Fanelli los hombres del grupo fundador de la Internacional. Son 21 con Fanelli y consta que eran del grupo, pero que faltan de la fotografía cuatro”.

Este tipo de tapices respondían a ampliaciones de fotografías en las que los personajes aparecían a tamaño natural, una técnica empleada por Charles Monney, como sabemos por la prensa de la época que anunciaba la exposición de tales ampliaciones a la vista del público (El correo vascongado del 15-6-1873 da noticia del “retrato de tamaño natural por el sistema de ampliación, de un caballero muy conocido y respetado en Bilbao”, que se podía admirar junto al kiosco-cigarrería del Arenal).

Por último, cabe resaltar que Juan Montseny, amigo personal de Anselmo Lorenzo, editor suyo a través de la Revista Blanca y autor que solía firmar con otros nombres, utilizó en la primera época de esta publicación un seudónimo que, tal vez, fuera inspirado por quien realizó la fotografía del núcleo organizador: Charles Money, igual que el nombre del francés, pero con una sola “n”. Blanco y en botella.

Primera publicación de la fotografía del núcleo organizador en España.

Bien andado diciembre de 1868, según cuenta Morato, Fanelli se volvió a encontrar con Bakunin en Ginebra, a quien le entregó una lista de los republicanos de España con quienes se había reunido… y una copia de la fotografía hecha del grupo.

La fotografía fue publicada por primera vez en la primera página de La Huelga General, Periódico Libertario, nº 5, del 25 de diciembre de 1901, el periódico que dirigía Ferrer i Guarda, el de la Escuela Moderna, amigo personal y colaborador de Anselmo Lorenzo. La referencia la da Max Nettlau en su libro Miguel Bakunin, la Internacional y la Alianza en España y el periódico se puede descargar en la actualidad desde la misma página de la Fundación Ferrer i Guardia.

A pesar de la testosterona vertida en la imagen pública de núcleo organizador, hubo varias mujeres que formaron parte de aquella aventura en los inicios del internacionalismo, aunque no salieron en la foto. Lola Iturbe, fundadora de Mujeres Libres, recopiló e investigó la figura de algunas de ellas para dejar testimonio de las mismas en su libro La mujer en la lucha social y en la guerra civil de España, editado originalmente por Editores Mexicanos Unidos en 1974 y en 2012 por Tierra de Fuego y La Malatesta Editorial. Un estudio mucho más amplio sobre tales mujeres (y otras muchas significativas) lo encontramos en el libro esencial de Ana Muiña, Rebeldes periféricas del siglo XIX, editado por La Linterna Sorda en 2008. Insuperable.

En ambos libros se reseña especialmente la figura de Guillermina Roja y Orgis, que combatió contra las tropas del general Pavía en la Plaza de Antón Martín, de Madrid, el año 1874. En febrero de ese año fue nombrada secretaria corresponsal de la sección de Madrid de la Internacional.

Bien andado diciembre de 1868, según cuenta Morato, Fanelli se volvió a encontrar con Bakunin en Ginebra, a quien le entregó una lista de los republicanos de España con quienes se había reunido… y una copia de la fotografía hecha del grupo.

Tanto Guillermina Rojas como muchas otras mujeres aparecen en muchos documentos referentes a la Internacional de aquellos años, si bien Guillermina Rojas nos interesa sobremanera porque fue la primera mujer internacionalista nombrada en los diarios extremeños, allá por 1872, aunque dicha mención respondiera a una vil suplantación de su figura o, como solemos decir hoy día, no se tratara más que de una fake news, un vulgar bulo periodístico. Guillermina fue suplantada por una impostora.

Bajo el título “Los Internacionalistas en Zafra”, La Crónica de Badajoz del 28 de enero de 1872 informaba de que Madama Guillermina (Guillermina Rojas) había estado durante la semana anterior en Zafra y en Fuente de Cantos, en compañía de un caballero que parecía francés y de numerosos criados y un lacayo, para “extender por nuestras comarcas agrícolas el imperio salvaje de una doctrina que trae en su seno los horrores de la guerra social”.

La tal Madama Guillermina y su séquito habían llegado en un coche con un magnífico tiro de caballos y hablaron en la primera noche en la sede del comité republicano de Zafra. En la segunda noche, el caballero francés, de quien después sabríamos que se trataba de un tal Lambert, “desató su lengua contra la religión, la propiedad y la familia”, por lo que el presidente del comité republicano, el Sr. Portillo, decidió retirarle la palabra y dio la sesión por levantada.

Sin embargo, los asistentes, correligionarios del Sr. Portillo, protestaron gritando “¡Abajo el Presidente! ¡Viva la libertad!”, con lo cual los supuestos internacionalistas fueron puestos de patitas en la calle.

Todo respondía a un ataque orquestado contra Guillermina Rojas, considerada por la prensa conservadora liberal una petroleuse, una anarquista incendiaria y destructiva creada a imagen y semejanza de las mujeres relacionadas con los recientes hechos de la Commune francesa…

Al día siguiente, “cerradas las puertas del Comité Republicano de Zafra a los internacionalistas, se pusieron a predicar en la plaza pública, anunciando sus discursos al son de tambores y clarines, y Madama Guillermina encarecía la necesidad de concluir con los ladrones que habían comprado bienes nacionales, ensalzando a la vez los maravillosos efectos de unas drogas que vendían y que quitan (según la honrada palabra de la célebre ciudadana) toda clase de dolores y padecimientos”.

De esta noticia se hicieron eco otros diarios, tanto de carácter regional como nacionales, como por ejemplo El Constitucional de Alicante del 20 de febrero de 1872 e, incluso, El Debate, por entonces dirigido por Benito Pérez Galdós.

Tal y como podemos extraer del excelente artículo de Gloria Espigado Tocino, Experiencia e identidad de una internacionalista: trazos biográficos de Guillermina Rojas Orgis, Pérez Galdós (cita textual) también se expresó en duros términos para descalificarla caracterizándola como: “oficiala de sastra, oradora de club, de imaginación viva, de palabra fácil, capaz de agitar una turba en días de revolución y aún de capitanearla en las barricadas, comparándola con la revolucionaria francesa Théroigne de Méricourt” (la revolucionaria francesa que se atrevió a solicitar armas a la Asamblea para así homologar la ciudadanía de las mujeres. La Felguera Editores publicó en junio de 2015 un excelente libro con sus proclamas).

La auténtica Guillermina, acostumbrada a estos ataques, tuvo que salir en defensa propia y, en consecuencia, envió un escrito a diversos diarios. Periódicos internacionalistas como La Emancipación, El Condenado, La Federación…, publicaron su réplica al falso levantado.

Todo respondía a un ataque orquestado contra Guillermina Rojas, considerada por la prensa conservadora liberal una petroleuse, una anarquista incendiaria y destructiva creada a imagen y semejanza de las mujeres relacionadas con los recientes hechos de la Commune francesa, que tanto miedo generaban en las conciencias burguesas. Sin embargo, la incendiaria y revolucionaria que habló a favor del amor libre en Zafra y en otros lugares de la provincia de Badajoz, no era la auténtica Guillermina Rojas, a pesar de que su discurso era muy similar.

El Debate se hizo eco de estas noticias aparecidas en diarios extremeños, entre ellos El Lusitano de Mérida, que identificaba a Guillermina con la buhonera vendedora de elixires y la situaba en esta ciudad haciendo propaganda de los mismos (entre los que se encontraba un elixir bucal) mientras predicaba la práctica del amor libre.

La auténtica Guillermina, acostumbrada a estos ataques, tuvo que salir en defensa propia y, en consecuencia, envió un escrito a diversos diarios. Periódicos internacionalistas como La Emancipación, El Condenado, La Federación…, publicaron su réplica al falso levantado. No tanto así El Debate de Pérez Galdós que, tras hacerse el longui, no se dio por enterado.

El texto, que llevaba el encabezamiento de “Lo de siempre”, fue publicado por Anselmo Lorenzo en El proletariado Militante, y en él no solo aclaraba Guillermina Rojas que jamás había estado en Mérida “vendiendo botellas, y drogas medicinales”, sino que además ella poseía el título de maestra superior por la Escuela Normal de Cádiz, que había ejercido dicha profesión, por el espacio de dos años, en aquella ciudad, “hasta que, comprendiendo era imposible poder armonizar sus ideas con la educación mística y la raquítica instrucción que se da hoy en la escuelas, presentó su dimisión y volvió a su primitiva ocupación, la cual era costurera de sastre, para ganar honradamente el sustento sin tener que violentar su conciencia, abdicando vergonzosamente de sus ideas en beneficio personal”. La carta está remitida por Guillermina desde Madrid con fecha del 19 de febrero de 1872.

Ángel Olmedo Alonso hizo una magnífica introducción a los precursores del Internacionalismo en tierras extremeñas en su libro El anarquismo extremeño frente al poder

Gracias al artículo citado de Gloria Espigado Tocino sabemos quién fue la suplantadora de Guillermina Rojas en Mérida, Zafra y Fuente de Cantos. Según parece, por el testimonio de un cronista local gaditano, sabemos que se trataba de Consuelo de Aragón, de Cádiz, “entusiasta ciudadana, vendedora ambulante de drogas que se había hecho muy popular aquí entre ciertas gentes por las peroratas en sentido socialista y comunista que alternativamente con su consorte el ciudadano francés Lambert y a ciencia y paciencia de las autoridades, dirigía por mañana, tarde y noche, en más de dos meses que permaneció aquí, a la estupefacta muchedumbre que para escucharlos se agolpaba en rededor del carruaje iluminado en que a son de tambor y trompeta expedían su famoso elixir del Comendador (nombre que nada tenía de democrático), el té medicinal y demás especialidades que constituían su comercio”.

Los periódicos extremeños, por supuesto, no publicaron el desmentido de Guillermina Rojas ni emitieron ninguna retractación. Acostumbrados a combatir y criticar tanto sus ideas como su moral, más bien siguieron arremetiendo contra los internacionalistas, salvo algunos que se atrevían a mencionar, tímidamente, las nuevas ideas.

Ángel Olmedo Alonso hizo una magnífica introducción a los precursores del Internacionalismo en tierras extremeñas en su libro El anarquismo extremeño frente al poder, editado por la Diputación de Cáceres (capítulo V, “Algunas notas sobre el desarrollo del anarquismo en Extremadura”). Uno de esos precursores fue Agustín Cervantes del Castillo-Valero, natural de Llerena (1840) y fallecido en Cáceres el 30 de abril de 1880. Entre esas dos fechas ejerció como abogado en Cáceres, profesor de Retórica y Poética en el Instituto de esa ciudad, funcionario de su Gobierno Civil, profesor de Latín y Castellano en el Instituto de Córdoba y catedrático de su Universidad, desde donde, en compañía de otros internacionalistas, contribuyó a propagar las ideas bakuninistas.

La mejor referencia de Agustín Cervantes la encontramos en el libro de Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, donde hace un semblante de los internacionalistas y donde dice que “el proletariado español se inició en las luchas sociales bajo los auspicios del anarquismo, y las grandes masas obreras que se alistaron en la I Internacional ostentaron siempre como lema los tres artículos de la fe del credo bakuniano: en política, anarquistas; en economía, colectivistas; en religión, ateos” (página 101 de la segunda edición en Alianza Universidad, 1977).

En la foto del núcleo organizador ni están todos los que son, ni son todos los que están. Algunos de quienes aparecen en la imagen se apartaron al poco tiempo del Internacionalismo, si bien muchos otros iniciaron y continuaron una ardua labor de propaganda, que haría que La Idea alcanzara en poco tiempo los cuatro puntos cardinales de la península ibérica, Portugal incluida

Por las cartas,comunicados y documentos de la Comisión Federal de la Región Española (FRE, recopiladas por Carlos Seco y María Teresa Martínez y digitalizadas por Cedall, Centro de documentación para la memoria histórica antiautoritaria y libertaria, recopiladas de la conocida Biblioteca Arús), podemos saber que Agustín Cervantes es llamado por la Comisión Federal para que propague el internacionalismo en la provincia de Badajoz en carta enviada desde Alcoy el 24 de febrero de 1873. Previamente se había encargado de organizar, como secretario de la Federación cordobesa, el Tercer Congreso de la Federación Española de la AIT, celebrado en Córdoba entre el 24 de diciembre de 1872 y el 3 de enero de 1873. Por entonces tenía su residencia en calle Pérez de Castro, nº 8, Córdoba. A esta ciudad fueron llegando los internacionalistas para dicho Congreso, celebrado en la clandestinidad debido a la persecución de Castelar contra la FRE. Para que pudieran reconocer a la comisión cordobesa que debía recibirlos, los miembros de ésta estarían en la estación de tren leyendo un ejemplar de El Condenado, periódico libertario (circular del 6-12-1872).

Después del congreso, a inicios de 1873, indignado por la política represiva del Gobierno de Castelar, se atrevió a exponer desde su cátedra en Córdoba doctrinas radicalmente anticatólicas, lo cual generó un gran revuelo entre sus alumnos primero y luego entre las familias de la burguesía cordobesa. Por mediación de un diputado federal, se le abrió un expediente y la sociedad cordobesa le repudió. Otras fuentes achacan el repudio de la sociedad conservadora cordobesa a la publicación de su libro Tres discursos socialistas sobre la propiedad y la herencia, que según Acta de la sesión celebrada el 10 de diciembre de 1872 de la Federación Regional Española (FRE) vendía a cuatro reales, y “para los internacionales a precio de coste, o sea, a un real cada ejemplar” (Actas de los Consejos y Comisión Federal de la Región Española, 1870-1874, Tomo I, página 366).

A consecuencia de ello permutó y se marchó a desempeñar la cátedra en la ciudad de Badajoz, donde comenzó a tener problemas de salud, estableciendo su residencia en Cáceres, en la calle Santo Domingo, 1 (carta de la Comisión de la FRE del 13-2-1873). No obstante, durante el año 1873 recorre varias localidades de Cáceres y Badajoz para constituir federaciones locales (Acta de la XXV Sesión celebrada por la Comisión Federal de la FRE del 21 de febrero de 1873), y en acta de la sesión del 25 de agosto de ese mismo año manifiesta que “pronto se adherirán a la Internacional algunos compañeros de esta localidad” (Cáceres).

Su labor pronto dio sus frutos. A partir de esa fecha y según las actas, cartas y comunicados de la FRE, encontramos grupos de internacionalistas en Fuente del Maestre (José María Lineros, Francisco Alonso Prieto, Francisco Pedro Labado), Villalba de los Barros (José García Palomar), Aceuchal (Abdón Montejano, Antonio Lomas, Juan Mencheta), Cáceres (Ciudadano Barrientos, telegrafista), Santa Marta (compañero Montejano, posiblemente de Aceuchal), Navas del Madroño (Antonio Rocafort), Trujillo (Gonzalo Cabello), Casas del Monte y Solana. Una estrategia a seguir era la búsqueda de posibles internacionalistas por anterior suscripción a El Condenado o al periódico El Orden, facilitada por la comisión a Agustín Cervantes. Del mismo modo, para que la correspondencia por carta no fuera intervenida, se enviaba en “sobres de luto”, usuales para expresar las condolencias (carta de Francisco Tomás Oliver, de la Comisión federal, a Gonzalo Cabello, de Trujillo, del 20-3-1874. En ella Oliver le pide a Cabello que no le envíe misivas a su nombre, por estar “escapado y perseguido”. Todas las cartas las firmaba con “Salud, Anarquía y Colectivismo”.

En Badajoz pronto cundiría la semilla de estos iniciados, entre los que aparecen también nombres de mujer, pero sería sobre todo en la primavera de 1904 cuando llegaría a la ciudad la Excursión Nacional de Propaganda Anarquista

En 1876 Agustín Cervantes volvió a permutar, en esta ocasión con el Instituto El Brocense de Cáceres. En el Resumen del Estado del Instituto Provincial de Badajoz durante el año académico del año 1876 a 1877, leído por D. Carlos Soler y Arqués, se dijo de él: “Despidiose un profesor de una ilustración poco común y caballerosidad ejemplar”. Al poco tiempo murió en Cáceres. A día de hoy su nombre no tiene, ni tan siquiera, una entrada en la socorrida Wikipedia.

Poco después, en marzo de 1883, once internacionalistas serían detenidos en Olivenza (Diario de Córdoba, 18-3-1883), acusados de pertenecer a la sociedad secreta “La Mano Negra”, el affaire que montó el Gobierno de Alfonso XII, con Mateo Sagasta a la cabeza, para acabar con la recién creada FTRE, la Federación de Trabajadores de la Región Española, anarquista. Se trataba de propagandistas llegados de Sevilla, Córdoba y Antequera, a quienes se les intervino una serie de documentos. Tanto el periódico El Diario como La Crónica de Badajoz (9-3-1883), condenaron aquellos hechos con estas palabras:

“La semilla del robo, del asesinato y de la anarquía no fructifica en la región extremeña cuyos hijos rinden culto a las ideas de probidad, de honradez y de dignidad humana.

La Mano Negra no alcanzará con sus negras uñas al territorio extremeño.

Podemos vivir tranquilos”.

En la foto del núcleo organizador ni están todos los que son, ni son todos los que están. Algunos de quienes aparecen en la imagen se apartaron al poco tiempo del Internacionalismo, si bien muchos otros iniciaron y continuaron una ardua labor de propaganda, que haría que La Idea alcanzara en poco tiempo los cuatro puntos cardinales de la península ibérica, Portugal incluida. Esta labor de propaganda era inherente a los fundamentos anarquistas. En Badajoz pronto cundiría la semilla de estos iniciados, entre los que aparecen también nombres de mujer, pero sería sobre todo en la primavera de 1904 cuando llegaría a la ciudad la Excursión Nacional de Propaganda Anarquista, cuyos avatares y andadura por tierras extremeñas contaremos en un próximo capítulo.


Anarquismo


El Badajoz anarquista de 1900 (I): La Unión Femenina

La historiografía del movimiento obrero, hecha (y prestigiada) en su mayoría por hombres, ha ocultado o no ha prestado la suficiente atención al papel de la mujer en los avatares y desarrollo de la cuestión social, remitiéndola a un segundo plano en lo referente a las luchas y revoluciones acaecidas. Primera entrega de la serie del autor montijano sobre el anarquismo pacense de principios del siglo XX. 



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